El consejo político de la CUP, durante su reunión en Cervera (Lleida) - EFE / Vídeo: La CUP anuncia una abstención que permitirá a Quim Torra ser elegido presidente de la Generalitat

El apoyo crítico de la CUP a Torra acerca la posibilidad de nuevas elecciones en Cataluña

Los antisistema se abstendrán hoy y permitirán la elección del candidato de JpC, que no podrá contar con su apoyo si no es para impulsar la ruptura

BarcelonaActualizado:

Quim Torra podrá ser elegido esta mañana presidente de la Generalitat. La abstención de los cuatro diputados de la CUP permitirá al candidato de Junts Per Catalunya salir elegido en segunda ronda por mayoría simple con los 66 votos que suman JpC y ERC frente a los 65 de la oposición. De nuevo, y al igual que hizo la CUP con Carles Puigdemont –de manera previa había lanzado a Artur Mas a la «papelera de la historia»–, los antisistema vuelven a marcar el tempo y el tono de la política catalana. De nuevo, y como sucedió en la pasada legislatura, la exigua mayoría soberanista, condicionada por un partido que no asume más partitura que la de la ruptura, anticipa inestabilidad, choque y, muchos lo dan por descontado, unas nuevas elecciones autonómicas a corto o medio plazo.

Tras el discurso de investidura de Quim Torra del sábado, vuelta de tuerca a la política de confrontación dictada por el huido Puigdemont, ayer era el turno de la CUP. Como si se tratase de un bucle del que no sale la política catalana, otra vez las especulaciones y vaticinios sobre los deseos de las bases de un partido que con cuatro diputados es decisivo. Aunque la dirección del partido se inclinaba por mantener la abstención –es decir, permitir la investidura de Torra–, tres agrupaciones forzaron un consejo político para revisar la postura. Fracasaron en su intento, y reunida ayer en Cervera (Lérida), la CUP apostó dio luz verde a un candidato cuya ideología y referentes –«un ultranacionalista supremacista de derechas», según apuntó Eva Granados, del PSC– están en las antípodas de los anticapitalistas. Como ayer se insistía entre los partidos de la oposición, solo les une su aversión a España. «Más de la mitad de los catalanes tendremos un presidente que no nos representa y lo peor, ni lo pretende», añadió García Albiol (PP).

«Oposición activa»

El apoyo de la CUP no les saldrá gratis en ningún caso. Como subrayó su portavoz el sábado en el Parlament, e insistieron ayer sus dirigentes tras la reunión, la CUP ha decidido «no bloquear la investidura» por «el contexto político actual», marcado por el 155 y los políticos presos o en el extranjero, sin que ello signifique que vayan facilitar «la gobernabilidad». Los antisistema creen que JpC y ERC, además de no investir a Puigdemont, como exigían, están reculando en el objetivo de propiciar la ruptura y constituir una «República Catalana efectiva». Ejercerán desde ahora lo que definen como «oposición activa».

El nuevo gobierno que presida Torra deberá pues elegir: o avanzar hacia la República como, al menos por ahora sólo retóricamente, proclama el futuro «president», o rebajar el tono e intentar abrirse a nuevas alianzas, tal y como propugna ERC.

Más que en ninguna ocasión a lo largo de estos años de «procés», la división dentro del soberanismo es radical:a un lado, los legitimistas que lidera Puigdemont, con Torra como su lugarteniente y la CUP y la ANC empujando hacia la ruptura, es decir, a un choque que no ha generado más resultados que cárcel y políticos fugados. En el otro extremo, ERC, la dirección del PDECat y Òmnium, partidarios de un repliegue táctico y de «ensanchar» la base del soberanismo. La elección de Torra, obviamente, es una victoria de los primeros.

Los posibilistas, como reconocen fuentes del PDECat a ABC, confían en que la dinámica de gobierno y la certeza de que el fin del 155 no es aval para la desobediencia, conduzcan al gobierno de Torra a practicar un republicanismo que, aunque estridente para algunos –munición para Cs en su acoso al Gobierno Rajoy y bálsamo para el soberanismo más excitado–, sea sólo de tipo simbólico, no efectivo. Es decir, no tipificable en el Código Penal.

El huido a Berlín quiere el choque, y parece claro que a la CUP tampoco le vale quedarse sólo con el verbo inflamado. Como el mismo Puigdemont anunció el sábado, sin darle un segundo de espacio de autonomía a Torra, si el Gobierno no frena la «represión», a partir del 27 de octubre el nuevo presidente estará capacitado para convocar nuevos comicios. La tentación de disolver el Parlament aprovechando el clamor soberanista cuando se juzgue a la cúpula del «procés» sigue ahí. «Se avecinan tiempos difíciles», pronosticaba ayer, se diría que casi prudente, Carlos Carrizosa (Cs).