Quim Torra, este sábado durante la primera ronda del pleno de investidura - INÉS BAUCELLS / Vídeo: El Parlament rechaza investir a Torra y volverá a votar el lunes

Cataluña no supera la fractura: «No nos rendiremos nunca»

Torra anuncia que «no viene a hacer autonomismo» e Inés Arrimadas le echa en cara sus artículos insultantes contra los «españoles»

BarcelonaActualizado:

No hay tregua. La legislatura de la normalización, la de la reconciliación, no va a ser tal. El candidato de Junts per Catalunya (JpC) a la presidencia de la Generalitat, Quim Torra, dejó claro ayer en sede parlamentaria que su mandato no será el de la concordia: rumbo a una república imposible, Torra se reafirmó en su voluntad de llevar a cabo un «proceso constituyente», en un discurso que, más que seducir al conjunto de los catalanes, pareció dirigido a convencer a una CUP cuyas bases decidirán este domingo si Torra es presidente mañana o Cataluña se encamina hacia unos nuevos comicios en verano.

En su condición de «hombre de paja», de «marioneta» del expresidente fugado, Torra pareció dar la razón a quienes creen que esta legislatura será tan excepcional como breve. «Yo hoy no debería estar aquí, quien debería estar es el presidente legítimo de Cataluña, el Muy Honorable Carles Puigdemont. A él lo deberían acompañar también todos los presos políticos y los exiliados», explicó Torra a modo de declaración de intenciones en el arranque de su discurso de una investidura sobre la que sobrevoló, como todo lo que sucede en Cataluña en los últimos meses, la sombra del huido Puigdemont. El fugado no dio ayer ni un minuto de tregua a su sucesor y desde un diario italiano ya advertía de que si no se superan los efectos de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, en el plazo de cinco meses se podrían convocar nuevos comicios. Cataluña no abandona la excepcionalidad. «Persistiremos, insistiremos y lo investiremos», remató Torra para subrayar cuál es el verdadero objetivo de fondo de la legislatura.

Las líneas maestras de la acción del próximo gobierno catalán -que Torra aseguró detallará en los próximos días, aunque el debate de ayer en teoría era para su presentación- consistirán en recuperar todas las leyes aprobadas en el Parlamento catalán y declaradas ilegales por el Tribunal Constitucional, desde las que significan una diferenciación de servicios y derechos entre españoles a las que se aprobaron en los plenos celebrados en septiembre de 2017 y dieron lugar al «octubre negro» catalán.

En base a estas ideas y para implementar el resultado del referéndum ilegal del 1-O, ratificado el 27-O y legitimado el 21-D, en opinión de Torra, «impulsaremos un proceso constituyente, participado por la ciudadanía». Por si hubiera alguna duda, el candidato dejó claro, durante la réplica a los grupos parlamentarios, que «este gobierno no viene a hacer autonomía ni autonomismo» y envió un mensaje a los partidos de la oposición, al Gobierno de España y al Rey -a los que dedicó duras palabras-: «Majestad, así no»; «¿No se dan cuenta de que no nos rendiremos nunca?».

«A dirigir un CDR»

Con estos mimbres, la respuesta de la oposición fue contundente. «Usted no ha venido a dirigir un gobierno, ha venido a dirigir un CDR», le espetó Inés Arrimadas, líder de la oposición y de Cs, quien efectuó un discurso sólido y en clave de gobierno.

Arrimadas detalló una parte de los mensajes que Torra firmó en Twitter y en sus artículos periodísticos en los últimos años, llenos de insultos a «los españoles» y a los catalanes que hablan español. «Hay petróleo en sus artículos. Usted representa al nacionalismo identitario excluyente», añadió. Y auguró que el candidato de JpC, en caso de convertirse en presidente autonómico mañana, solo aportará «leña, confrontación, conflicto y “procés”». La líder de Cs confesó que le producía «una enorme pena» estar en una sesión de investidura de un candidato que en su opinión era tan radical.

En clave de gobierno, Arrimadas le reprochó a Torra que no hubiera dicho ni una sola palabra sobre las soluciones que presenta para reducir las listas de espera en la sanidad pública, la gestión de la deuda que tiene la Generalitat, las medidas contra la pobreza, la idea que tiene de los impuestos, la inversión en la industria, la inversión en la educación pública, las políticas en medio ambiente o lo que propone para que las miles de empresas que se han ido de Cataluña vuelvan. «Solo le interesa la independencia. Nada de políticas sociales y económicas. Solo le veremos en la independencia, la independencia y la independencia», le reprochó.

«Hurgar en la grieta»

Tras una breve réplica de Torra -que respondió conjuntamente a todos los grupos y algo deslavazadamente-, Arrimadas preguntó a los diputados de la bancada independentista: «¿Qué han hecho ustedes con Cataluña? ¿Qué se creen, que nos vamos a cansar nosotros? Siempre vale la pena lucha contra el nacionalismo excluyente».

Como estaba previsto, Torra obtuvo el apoyo de su grupo parlamentario y de ERC (66 votos), una mayoría insuficiente para ser investido en primera vuelta (para la que se necesitan 68 votos, de ahí la importancia de los cuatro votos de la CUP).

Así, Sergi Sabrià (ERC) insistió en que la investidura de Torra supondrá «continuar el camino hacia la república» y haciéndolo «sobre la base del octubre catalán». Para el líder de ERC en el Parlament, «el 1-O ha abierto la grieta más bestia en el régimen del 78» y advirtió de que «es la grieta que hemos de hurgar cada día (...) hasta hacerlos caer, hasta que desarrollemos definitivamente la república». Sabrià, eso sí, fue el único portavoz del bloque independentista que reconoció que en el pasado los secesionistas podrían haberlo hecho mejor, pero no concretó a qué se refería.

Por su parte, Carles Riera (CUP) recordó a JpC y ERC que su apoyo solo se dará si es para «desobedecer» al sistema legal, que detalló en los tribunales, el Ibex-35, el Estatuto de Autonomía y la monarquía. «Solo con la desobediencia y la unilateralidad asumiremos la efectividad de la república», añadió. Finalmente, Eduard Pujol (JpC), que felicitó a Torra por su discurso, indicó: «No habrá ningún paso atrás en la defensa de los derechos políticos de este país. El cambio es irreversible».