Nadal con su tío Toni durante el pasado Mutua Madrid Open
Nadal con su tío Toni durante el pasado Mutua Madrid Open - BELÉN DÍAZ
US Open

Nadal, una relación inquebrantable y única con base en la familia

El número uno ha tenido en su tío Toni, que vivió su último Grand Slam junto a él, el gran soporte cerca de la pista

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Sería difícil calibrar qué porcentaje del éxito de Rafael Nadal corresponde a Toni Nadal, su mentor, entrenador y, sobre todo, tío. De lo que no hay duda es de que la final de este domingo en el Abierto de Estados Unidos será el último partido de Grand Slam en el que Toni estará en el «box» , embutido en una gorra y con los ojos clavados en su sobrino. El entrenador ha anunciado que ya no seguirá a Nadal por los torneos del mundo y que se centrará en la academia que el número uno mundial ha montado en Mallorca. Toni tuvo el gusto de que el último partido de un major desde la esquina acabara con Nadal levantando un trofeo. No ocultaba la satisfacción cuando acabaron los pelotazos y salió a charlar con los periodistas en las tripas de la Arthur Ashe, la central de Nueva York. Llevaba puesto todavía el traje de entrenador -pantalón corto, deportivas, bronceado-, la última vez que lo haría en un grande con el más grande del deporte español.

Al tío Toni nunca le ha gustado que se le responsabilice de los resultados de su sobrino, igual de esquivo en la derrota como en la victoria. Sabe que la raqueta la empuña el campeón de 16 grandes, sabe que es él quien toma la decisión de subir a la red o de buscar un paralelo. Si admite que ha dado forma a la leyenda, pero siempre desde un segundo plano. «Sé que el responsable de todas estas victorias es él y no lo digo por falsa modestia. Cuando a mí se me empezó a atribuir el mal juego de Rafael en 2015 dije: ‘No gané yo Roland Garros en 2005, no voy a perderlo ahora’. Faltaría más. A mí no me gusta ver el golpe haciéndolo por aquí, me gusta por aquí. Toda la vida le he dicho que se colocase de lado, pero él entendía que se tenía que colocar de frente. No me atribuyáis el error así como tampoco me atribuyo yo el mérito. No soy ningún masoquista», resume con ese tono tan suyo, soltando ya a estas alturas lo que le apetece.

«Soy feliz en Porto Cristo»

Enfila, esta vez sí, el último puerto antes de su retiro en la academia de Manacor, ilusionado con la formación de nuevos talentos. Se le busca, se le pregunta y se le insiste en si no hay vuelta atrás, en si echará de menos el trajín de los viajes, la adrenalina de los triunfos. «Te lo responderé el año que viene. De momento estoy aquí y no sé si lo voy a echar de menos o no. Cuando he estado en Australia me lo he pasado muy bien, también en Nueva York, pero cuando estoy en Porto Cristo suelo pasarlo muy bien igualmente. No le doy demasiadas vueltas a las cosas y procuro estar bien donde estoy. Me gusta la competición, pero no sé».

Salvo los especialistas o entendidos, poca gente acertaría si se le pregunta por los entrenadores de Roger Federer, Andy Murray o Novak Djokovic, por poner ejemplos de tenistas ilustres contemporáneos. Al nombre de Rafael Nadal, sin embargo, siempre se le asocia el de Toni Nadal, el técnico más reconocible del circuito. «No me da reparo, estoy agradecido porque la gente hable de mí. Al final, entiendo que después de muchos años se hable, pero tengo muy clara mi posición de toda la vida. Mi labor no es trascendental. Si Rafael en vez de conmigo hubiese jugado con otro… quizás habría ganado 17 ó 18 grandes en vez de 16», resuelve con llaneza.

Quien mejor puede resolver ese enigma, que en realidad no tiene una respuesta objetiva, es el propio Nadal, el tenista. «Yo solo puedo agradecerle todo lo que ha hecho por mí durante toda mi carrera. Solo puedo darle las gracias por todo», insiste el zurdo, ya hecho a la idea de su marcha. «Pero no es un drama. Él tomó su decisión y bien tomada está. Para la academia va a ser una muy buena noticia que Toni esté allí y no es que se vaya a vivir a la otra parte del mundo, vive a 100 metros de mi casa y yo entreno en la academia que él va a tener a su mando. Y, por encima de todo, es mi tío. No cambia nada». Solo así se entiende el éxito de esta relación única en el tenis.