Busquets, en el España-Israel del pasado mes de marzo
Busquets, en el España-Israel del pasado mes de marzo - EFE

Israel-EspañaBusquets, el mejor ejemplo de España

Básico en el equipo de Lopetegui y con galones en el vestuario, el catalán cumple hoy en Jerusalén cien tardes con la selección

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De la intrascendente noche de España en Jerusalén, sin que importe lo más mínimo el resultado ya que el equipo selló el viernes su pasaporte para el Mundial de Rusia, quedará un dato que no hace tanto era casi impensable para un futbolista: Sergio Busquets, la estrella silenciosa, cumplirá hoy cien internacionalidades con la selección, adentrándose en un selecto club de 12 jugadores y confirmando que, con 29 años, tiene más que interiorizado el mando de este equipo. «Respeta mucho su profesión y es un jugador único», le define Julen Lopetegui, que confirmó la titularidad hoy del azulgrana.

Busquets apareció casi sin avisar, una apuesta de Pep Guardiola nada más llegar al primer equipo del Barça y que le salió de maravilla. Ese apellido removía el pasado de los nostálgicos ya que se asociaba con aquel portero excéntrico que jugaba con chándal y camisetas llamativas, padre precisamente del homenajeado esta noche en Jerusalén y que fue noticia por quemarse las manos al detener una plancha para evitar así que cayera encima de su hijo pequeño. «Debí despejarla», lamentó el portero, que era entonces compañero de Lopetegui en ese Barça de Cruyff. El caso es que Sergio Busquets, que no suele hablar de ese episodio, que detesta las redes sociales, que vive en un mundo muy lejano al de las estrellas del balón, que no soporta el folclore que envuelve a la pelota, fue un descubrimiento impresionante y sigue en plenitud casi diez temporadas después.

«Fue un hallazgo muy importante para nosotros», relata Vicente del Bosque en una charla telefónica con ABC, un enamorado del catalán hasta el punto de dejar una frase célebre en Sudáfrica después de que España perdiera en el debut frente a Suiza y los dedos apuntaran precisamente a Busquets. –«Si yo fuera jugador, me gustaría parecerme a él», dijo el salmantino–. «Lo comenté en un momento especial, y ahora no tendría ningún mérito decirlo porque todo el mundo conoce ya el tipo de jugador que es. Era un halago para él y para todo el equipo porque nosotros confiábamos muchísimo en esa pareja que formaba con Xabi Alonso. Ambos tenían mucho oficio y trabajaban estupendamente», cuenta el exseleccionador.

Voz y voto en el vestuario

Busquets se estrenó en abril de 2009, en Turquía, y su vida en rojo ha sido más que interesante. Fue fundamental en la conquista del Mundial y también en la de la Eurocopa de 2012, igualmente decisivo en la época dorada del Barça de Guardiola y posteriores jefes. «Marca mucho el estilo y tiene personalidad», aporta Del Bosque. «No es de los que necesita un proceso largo para adaptarse. Sergio es un chico que interpreta muy bien el juego. Por mucho que un entrenador quiera marcar una idea, él es de los que entiende a la primera lo que tiene que hacer».

En esa reflexión de Del Bosque, cabe centrarse en un detalle que no siempre se tiene en cuenta. Esa «personalidad» que destaca el entrenador es la misma que le ha valido para ser uno de los capitanes del Barcelona y un hombre con voz y voto en el vestuario de Las Rozas, con más peso del que se puede imaginar y mediador cuando hay conflictos. Creció respetando los galones de Carles Puyol, Xavi o el mismo Iniesta, pero jamás se le verá hacer un gesto para aparecer en primera plana. «A mí nunca me han gustado las portadas, no me gusta salir en ellas. No quiero ser protagonista. No quiero estar en boca de nadie», reconoció en su día en una entrevista con ABC, un bicho raro que prefiere estar en casa con su mujer y con su hijo y al que pocas veces se le verá con alguno de esos modelitos tan propios de los futbolistas.

Hoy será centenario –Lopetegui introducirá bastantes cambios–, pero esto no acaba aquí. «Seguiré muchos años en la selección», exclamó el otro día en Cope. Y lo dice porque le apasiona España. «Compites con el equipo de tu país, vives la experiencia de jugar torneos importantes. Emociona. Ser internacional es un galón, está lleno de jugadores buenos, los mejores. Tienes a un país volcado, un país un ido animando al mismo equipo». Es el mejor ejemplo.