Artes Marciales Mixtas Tim Kennedy, el francotirador que ganó a un campeón del UFC

El luchador que ha «matado mujeres y niños en la guerra» tiene una excelsa carrera en las artes marciales mixtas

Tim Kennedy golpea con la pierna a un rival
Tim Kennedy golpea con la pierna a un rival

Hay palabras que resuenan como el disparo de un tanque en una colina donde toda vibración hace eco. «He matado a niños y mujeres durante la guerra». «He visto a mis amigos y compañeros soldados quemarse vivos». Estas terribles confesiones son propiedad del luchador profesional Tim Kennedy, que participó en las operaciones de las fuerzas especiales estadounidenses en las guerras de Irak y Afganistán. Un francotirador feroz, cuya máxima era defender los intereses de su patria ajeno a toda consecuencia, por dramática que fuera.

Hace unos días confesó que diariamente le preguntan «cómo» y «por qué» no tiene «estrés postraumático». Y él mismo se respondía: «Probablemente soy la última persona a la que deberían de preguntar eso». ¿Su refugio? El deporte. Extremo. Concretamente, las artes marciales mixtas. «Te levantas temprano y entrenas. Entrenas tan duro que tus manos sangran y sudas ácido. Entrenas tan duro que te colapsas hasta ver las estrellas», se desfoga Kennedy, que lleva dos décadas entre gimnasios y, a sus 37 años, forma parte de los peleadores contratados del Ultimate Fighting Championship (UFC). Hace solo dos años derrotó a Michael Bisping, el actual campeón del peso medio.

Tim Kennedy, con las fuerzas especiales
Tim Kennedy, con las fuerzas especiales

La vida de Tim Kennedy (California, 1979) no siempre fue una «película de terror». El californiano es el segundo de los tres hijos de una familia cristiana que residía en Atascadero en el condado de San Luis Obispo, aunque posee ascendencia irlandesa. Sus padres tenían objetivos dispares para la vida del pequeño Tim. De un lado, la madre le apuntó a clases de piano y a curtirse en el desgastador oficio de la cocina. Su padre, se encargó de los deportes. Así se introdujo en el tiro, el boxeo, la lucha libre, y el jiu-jitsu japonés a una edad temprana. Era feliz. La inocencia de la juventud.

Con el paso de los años, en 2002, Kennedy se graduó en justicia criminal. A esas alturas ya llevaba unos años derribando rivales en los combates de artes marciales mixtas amateurs (30 victorias, 1 derrota). Y en su horizonte estaba la idea de ser un soldado de élite para defender a los Estados Unidos. Comenzó a entrenar en la escuela Dokan, en su localidad natal. En 1999 ya compartía octágono en los entrenamientos junto a luchadores de la talla de Chuck Lidell, Jake Shields y el veterano John Hackleman. Dos años más tarde, debutó como profesional con derrota frenet a Scott Smith. En los seis años siguientes encadenó siete batallas ganadas (7-1).

«Te levantas temprano y entrenas. Entrenas tan duro que tus manos sangran y sudas ácido. Entrenas tan duro que te colapsas hasta ver las estrellas»

Mientras, Kennedy, despegaba en su carrera militar. En 2004, se alistó al ejército estadounidense. Sus ganas de progresar siempre han sido superlativas. «Encuentra algo mayor que tú mismo y pon cada pizca de ti dentro. Si se trata de tu familia, sé el mejor padre del mundo. Si eres un policía, un bombero, o un basurero, sé el mejor», escribió recientemente en las redes sociales. Es y será su ley de vida. Esa que tuvo que quitar a muchas personas por la terrible crueldad de una guerra. El californiano se enroló en el séptimo grupo de las fuerzas especiales. Allí sirvió en el destacamento «Alfa». Nada de retaguardia. Agarrado a un arma de largo alcance cruzaba la metralla con los talibanes en el frente.

Cuando regresaba de las misiones, volvía a los gimnasios para seguir con su carrera deportiva. Combate tras combate. Huyendo de los fantasmas de un conflicto bélico. «Al día siguiente te levantas… y empiezas desde el principio. En algún momento, no estoy seguro de cuándo, no necesitarás hacer estas cosas… pero las harás, porque sabes que estás haciendo algo diferente», reflexionaba. Así compitió en numerosas ligas profesionales de artes marciales mixtas. Incluido las de máximo nivel, como Strikeforce, que fue absorbida por la mayor organización, el UFC.

Tim Kennedy, durante un combate
Tim Kennedy, durante un combate

En Strikeforce, luchó con Ronaldo «Jacaré» Souza en 2010 por el título vacante. Perdió por decisión tras cinco asaltos. Le siguieron victorias de muchos quilates contra Melvin Manhoef y Robbie Lawler, que le valieron para forjarse un nombre que destacaba entre los mejores. En 2013, UFC compró Strikeforce, y Kennedy pasó a formar parte de los mejores peleadores del mundo en esta disciplina. Las tres primeras peleas en esta organización se saldaron con victoria para el californiano. Sus rivales: Roger Gracie, Rafael Natal y Michael Bisping, el actual campeón del peso medio. Total, qué batallas son estas comparadas con la cruda realidad de la guerra.

Su último combate en UFC fue en 2014, y cayó derrotado frente al Yoel Romero (17 victorias, 5 derrotas, como profesional). Ambos ganaron el premio a la «pelea de la noche». Hasta ahora solo hay rumores de su vuelta a los octágonos. Le relacionan con el UFC 205, el 12 de noviembre, frente a Rashad Evans. No hay nada confirmado. Lo único cierto es que Kennedy, aquel que tuvo que «matar a niños» en la guerra, comparte horas en familia junto a sus dos hijas. La ambigüedad salvaje de la vida.

Kennedy es hoy sargento de primera clase. Un tipo duro, de los que se levantan cuando ni siquiera han caído. Ahora sirve en la Guardia Nacional de Texas. Pero no se arrepiente de defender a su patria en primera línea de fuego. Siempre recuerda a sus colegas perecidos en la guerra. «Haces las cosas bien porque crees en ello. Cuando finalmente llegas al cielo y ves a tus hermanos, te chocarán los cinco por el camino que has recorrido, porque habrás hecho que su muerte valiera algo y has hecho que tu vida signifique algo».

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