Cultura - Toros

San Sebastián: la triste Fiesta de los toros flojos

Roca Rey corta la única oreja en el estreno de la Semana Grande de San Sebastián y Ginés deja buena impresión en una decepcionante corrida de Zalduendo

Ginés Marín, en un torero muletazo rodilla en tierra
Ginés Marín, en un torero muletazo rodilla en tierra
ANDRÉS AMORÓS San Sebastián - Actualizado: Guardado en: Cultura Toros

Un año más, las corridas de toros siguen siendo, quieran o no quieran, el centro de laSemana Grande de San Sebastián, atraen a multitud de turistas de toda España y de Francia. ¿Les atraerían del mismo modo las exhibiciones de deportes populares vascos? Contesten ustedes.

Recordamos los mayores, en el viejo y entrañable Chofre, a Corrochano y Cañabate, con Domingo Ortega y Sebastián Miranda, presenciando las faenas de Luis Miguel y Ordóñez, de Manolo Vázquez y Paco Camino, sobre la arena cenicienta, bajo el sirimiri. Años antes, había acudido a una corrida, desde Biarritz, el genio Charles Chaplin y proclamó su entusiasmo por el espectáculo. Se perdió la Plaza, como tantas cosas… Dos vascos de bien, Gregorio Ordóñez y Manolo Chopera, lograron construir Illumbe: es algo muy bueno para la ciudad, económicamente. Además, muchos donostiarras aman esta fiesta, tienen derecho a disfrutar, con ella. La ley les protege pero eso puede no ser suficiente. En Azpeitia, preside la corrida un concejal de Bildu. En San Sebastián, los del mismo partido quieren prohibir los toros: ¿hay quien lo entienda? Ni los toros ni otras cosas mucho más importantes, en la España actual…

Ahora mismo, este cartel de toreros es difícilmente mejorable: un artista impar y dos jóvenes, indudables promesas. Pero quedan los toros. Los de Zalduendo flojean, caen, ruedan, claudican, se desploman… No sé si lo explico suficientemente. Así, no hay cartel que valga. Con los dos más manejables, segundo y tercero, Roca Rey corta una oreja y Ginés Marín la pierde por la espada. Morante espera reses mejores.

Al primero, justo de presencia y de fuerzas, lo mima Morante de salida con lances suaves. La gente está deseando aplaudir cualquier detalle pero se nota demasiado la flojera del toro. A un quite impávido de Roca intenta responder Morante meciendo el capote pero el toro no vale nada: atisbos de pases ante una embestida mortecina. Mata con habilidad: «Fuese y no hubo nada». El cuarto es otro inválido sin recorrido alguno. Lidia muy bien Carretero. Morante hace como si fuera a torear; muestra que no es posible, con ese toro; machetea, mata mal y concluye su labor, sin despeinarse. Broncas como ésta –ya se sabe– se las lleva el viento…

Pañuelo verde

El segundo se derrumba: pañuelo verde. Corre turno: Roca lancea con firmeza y gusto, gallea vistoso. Al buen quite de Ginés replica Andrés con un cambio, capote a la espalda, que asusta: el personal, encantado con esta competencia. (Saluda, en banderillas, Juan José Domínguez). Liga los cambiados con muletazos largos, mandones, sacándole al toro con habilidad todo lo que tiene. Ha estado mejor en el toreo de recurso que en el fundamental. Mata a la segunda: oreja. (Da un toque muy brusco, para que descubra: no siempre es efectivo). El sobrero quinto no admite ni un lance, mansea, espera, protesta, se para. Roca Rey se justifica, arrancándole algunos muletazos que no pueden tener emoción ni continuidad; logra un espadazo pero falla con el descabello.

El tercero, flojo, sin picar, desluce las buenas maneras de Ginés Marín. Dibuja con facilidad artísticos naturales a una res claudicante. Al final, logra calentar a la gente, cambiándole el viaje. Por la poca fuerza del toro, la faena ha quedado a medias y, con el toro humillado, la emborrona con la espada. El último, manso y distraído, es manejable: lo somete con doblones eficaces y estéticos, se lo enrosca en templados muletazos. Cuando se para, le busca las vueltas con pinturería pero no logra la estocada y todo queda en petición. Ha dejado muy buena impresión.

Los toros lo han deslucido todo. Pero son los que estas figuras del toreo han elegido. ¿Quién tiene la culpa?

Un vecino, aburrido, me pasa unos versos, que ha hecho, durante la corrida, a la manera de Miguel Hernández: «Tristes toros, / que apenas tienen fuerza. / Tristes, tristes. / Tristes faenas, / si el toro está rodando por la arena. / Tristes, tristes. / Con los toros inválidos, / ¡qué triste es nuestra Fiesta! / Triste, triste». Y yo no puedo añadir ni una coma.

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