Daniel Grao y Malena Alterio
Daniel Grao y Malena Alterio - Teatro Español
CRÍTICA DE TEATRO

«Los universos paralelos»: el lugar vacío

David Serrano dirige esta obra de David Lindsay-Abaire, con Malena Alterio y Daniel Grao

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David Serrano tiene una puntería excelente para escoger las obras teatrales que dirige («La Venus de las pieles», «Lluvia constante», «Buena Gente», «Cartas de amor»...), con las que ha cuajado espectáculos tan interesantes como bien construidos. Repite ahora con el autor de la tercera de las piezas citadas, David Lindsay-Abaire (Boston, EE.UU., 1969), que obtuvo en 2007 el premio Pulitzer de Teatro por «Rabbit Hole», llevada al cine en 2010 por John Cameron Mitchell, con Nicole Kidman y Aaron Eckhart como protagonistas; la película se estrenó en España con el título de «Los secretos del corazón» y la obra se ha retitulado «Los universos paralelos».

«Los universos paralelos» (***)Autor: David Lindsay-Abaire. Dirección y adaptación: David Serrano. Escenografía y vestuario: Elisa Sanz. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Intérpretes: Malena Alterio, Daniel Grao, Carmen Balagué, Belén Cuesta e Itzan Escamilla. Teatro Español. Madrid.

En este inteligente drama sobre la tremenda huella que deja la pérdida de un hijo, el dolor apenas se exterioriza. La ausencia de ese niño, atropellado cuando sólo tenía cuatro años, actúa como una fuerza ineluctable que impide que las relaciones cotidianas de los padres escapen de su influjo. Patricia (Malena Alterio) y Alberto (Daniel Grao) intentan superar el peso de ese lugar vacío y una serie de pequeñas anclas les sirven de consuelo al tiempo que les impiden reemprender su vida: mantienen intacta la habitación y los juguetes del pequeño, ella repasa su ropita para entregarla a una entidad benéfica y los recuerdos se le hacen un nudo en la garganta...

Completan el cuadro familiar Lola (Carmen Balagué) y Lucía (Belén Cuesta), respectivamente madre, no siempre oportuna, y hermana, poco adepta del orden emocional, de Patricia; David (Itzan Escamilla), el joven que atropelló al niño e intenta hablar ocho meses después con el matrimonio, es una suerte de catalizador del proceso que puede llevar a asumir la fractura y reconducir la situación enquistada.

Como ocurre en el teatro de Chéjov, las palabras nadan sobre una agitada corriente subterránea de dolor y renuncia, lo que supone todo un reto para los intérpretes, que deben transparentar, sin hacer evidente ni llevar la acción al terreno del melodrama, el motivo de sus comportamientos. David Serrano se maneja bien en ese universo de medias tintas en el que bulle un turbión de sentimientos; su puesta en escena sabe perfilar esas líneas de tensión, bien ayudado por los actores en un juego de ahorro de los excesos. Malena Alterio modula una formidable Patricia, atrapada entre el desgarro contenido y el cariño reparador de su marido y su familia, un personaje difícil y poderoso por cuya interpretación ganó Cynthia Nixon, protagonista del montaje neoyorquino original, el Tony a la mejor actriz en 2006.