Cultura - Teatros

Nuria Espert: «Yo voto socialista, pero era partidaria de la abstención»

Regresa a las tablas con «Incendios», dirigida por Mario Gas, una obra difícil. Le preocupan los antagonismos personales entre los políticos

La actriz Nuria Espert
La actriz Nuria Espert - ABC

Nuria Espert encabeza el reparto de una de las propuestas teatrales más atractivas de la temporada: «Incendios», del canadiense de origen libanés Wajdi Mouawad, que el propio autor presentó, con gran éxito, hace unos años en Madrid. La dirección es de Mario Gas, y también intervienen Ramón Barea, Laia Marull, Álex García, Carlota Olcina, Alberto Iglesias, Edu Soto y Lucía Barrado.

La actriz catalana, premio Princesa de Asturias de las Artes, se sube de nuevo al escenario después de dos verdaderos miuras: «La violación de Lucrecia» y «El Rey Lear»; papeles intensos y nada amables, lo mismo que los que interpreta en «Incendios».

-¿Las cosas fáciles no le gustan?

-Me gustan en la vida; la tranquilidad, la paz, la soledad, los libros, los árboles... Pero para el trabajo no. Ya desde jovencita; incluso cuando me iban mal las cosas no me movía la supervivencia, aunque he hecho papeles de supervivencia, he hecho cine malo para pagar las nóminas y cosas de esas. Todo era difícil también en aquel momento. Pero siempre hay dificultades: económicas, sociales, políticas... Como en este momento, con este caos, que de alguna manera ha de terminar; pero tardaremos en recuperar la confianza en tener un futuro mejor.

-Ya que habla de caos, ¿cómo ve la situación política española y todo lo que rodea a la investidura?

-Yo voto socialista, pero era partidaria de la abstención en la segunda votación. El PSOE no pierde nada; al contrario, gana sentido de Estado. No hubiera sido un cheque en blanco, por otra parte. Lo que sí encuentro extraño es que se han creado antagonismos personales, algo que no recuerdo que ocurriera antes; ni entre Suárez y González, ni siquiera con Aznar.

-¿Cree que ese ambiente de hostilidad personal está en la calle?

-No me lo parece. La gente sigue con su vida... Rajoy no es querido ni por los suyos, por como ha usado su mayoría absoluta. Los votos obtenidos son los votos fijos del PP, que son muchos millones de votos que no se pueden despreciar. Pero no se ha ganado el afecto del pueblo. La corrupción le ha pasado factura. Creo que no se ha llevado ni veinte céntimos a casa, pero ha permitido que eso ocurriera.

-Volvamos a «Incendios». No es una obra cómoda...

-No lo es, pero tiene tal fuerza... Es tan bella, tan hermosa, me gusta tanto, tanto... Hay tanta electricidad y tanta pasión en la compañía cuando ensayamos... que no veo la obra como una dificultad. La tenía «La violación de Lucrecia», «El Rey Lear»; la tenía «Virginia Woolf», porque no me gustaba... Aquí no existe. Mi ambición es estar a la altura de ese texto tan exigente, tan puro y que habla de tantas cosas de las que habla la gente sensible, las cosas verdaderamente importantes que están pasando. Habla de los refugiados, de la tortura, del daño que nos hacemos los seres humanos entre nosotros. En «El policía de las ratas», de Roberto Bolaño, se dice que las ratas han sobrevivido a sus depredadores durante siglos. Pero cuando aparece una rata asesinada por otra rata, el policía dice: «ahora sé que vamos a desaparecer, porque si somos capaces de destruirnos entre nosotros estamos destinados a la extinción». Y yo creo que el ser humano está destinado a la extinción; no necesitamos terremotos ni meteoritos, nos exterminamos nosotros mismos.

-¿Por qué cree que el hombre es tan irresponsable?

-Creo que hay un gen equivocado en nosotros; el gen de la ira, de la cólera, y que el hombre lo tiene más desarrollado que la mujer.

-¿Y contra esa violencia hay solución?

-La educación. Luchar contra eso desde la guardería...

-¿Y cómo se aborda este problema en «Incendios»?

-La obra narra una historia personal profundamente afectada por la ignorancia, por la guerra. Los incendios a los que se refiere el título son los que están en el interior de cada uno y lo destruyen. Y el autor da una importancia extraordinaria a la educación, que nos hace desprendernos de la miseria. Como si el único asidero que tuviéramos fuera ese, la educación.

-¿Puede alejarnos el hecho de que los personajes sean árabes?

-Occidente trata de no enterarse de lo que pasa allí. Para eso nos esforzamos, no para resolver los problemas. El millón y medio de refugiados de Siria y de Irak ya no salen en la tele, y hablamos días y días de una muchacha que está desaparecida -y me parece muy bien que se hable de ella-. Pero ¿dónde están esos cientos de miles? Ya no se habla de ellos.

-¿Cómo le influye todo eso a la hora de hacer la obra?

-No es lo que dice la obra; lo que me modifica es que el autor, Wajdi Mouawad, ha encontrado una manera teatral de explicar todo eso que yo no sé explicar. Ha encontrado un vehículo para poner la cuestión delante de la gente y que se convierta en algo que la gente quiere ver. Es profundamente teatral, y nos pone ante esa realidad como si nunca nos la hubiera contado nadie. Es una obra política, sí, pero sobre todo es una obra de teatro excepcional. No nos quiere colar un mitin.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios