CRÍTICA DE MÚSICA CLÁSICA

Martha Argerich y el Cuarteto Quiroga: tocar el cielo

La pianista argentina ofreció un concierto junto con el conjunto español en el ciclo Liceo de Cámara

La pianista argentina Martha Argerich
La pianista argentina Martha Argerich - Afp
ALBERTO GONZÁLEZ-LAPUENTE - Actualizado: Guardado en: Cultura , Música

Hace tiempo que Martha Argerich huye del recital. Prefiere sentirse arropada por una orquesta o sentarse próxima a alguien cercano. Como Daniel Baremboim, su último amigo porque lo es desde la infancia. Con él ha tocado a dúo y también acompañada por la West-Eastern Divan Orchestra en gira por los grandes festivales de verano. Lo demás es prodigarse poco, resistirse a la parafernalia del espectáculo y enfrascarse en proyectos sensatos como la academia en Lugano. Quizá el espíritu de esa escuela substanciada en la música de cámara ayudase a convencerla para que viniera al Auditorio Nacional de Música de Madrid, se sentara junto al Cuarteto Quiroga y aún interpretara en solitario la segunda partita de Johann Sebastian Bach. Concierto extraordinario del Liceo de cámara XXI, organizado por el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) en coproducción con La Filarmónica.

Liceo de cámara (****)Obras de Bach, Brahms y Schumann. Intérpretes: Martha Argerich (piano), Cuarteto Quiroga. Lugar: Auditorio Nacional de Música, Madrid

La fotografía era insólita. Argerich caminando hacia el piano, un punto curvada, el paso inseguro, disimulando que ante el teclado apabulla. El toque decidido, exacto, el legato impecable, el fraseo dibujado, la polifonía diáfana. Hay una contradicción entre la pasmosa estabilidad que el cuerpo tiene durante la ejecución y la postura del espectador que en el borde de la butaca presiente el límite de la propuesta. El silencio en la sala lo evidencia, la atronadora ovación lo confirma. Un espacio distinto al que pueda ofrecer el Cuarteto Quiroga. Porque si su expresividad es reflexiva, la sonoridad se resuelve con cautela y el desarrollo desde la introversión. La búsqueda del equilibrio y la igualdad entre las partes parece coartar un punto de locura. Al menos eso sucede en el primer cuarteto de Johannes Brahms, particularmente en el tercer movimiento.

Pero el Quiroga es ya algo importante. Hay que serlo para crecer con Argerich en el quinteto de Schumann aunque en el primer movimiento todavía se sintiera el roce entre el sentido expansivo, flexible del piano y la prudencia de la cuerda. Hubo de llegar el tercero y todavía al cuarto para que el eco de aquel colchón apabullante fuera compartido por todos en una tarde memorable. El Quiroga ha tocado el cielo de la mano de Martha Argerich.

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