Cultura - Música

Leonard Cohen: «El Nobel a Dylan es como poner una medalla al Everest»

El músico y poeta canadiense también comentó en una rueda de prensa en Los Ángeles que exageró cuando dijo que «estaba preparado para morir»: «Tengo pensado quedarme hasta los 120 años»

Leonard Cohen
Leonard Cohen - ABC

«Deseo que hubiera un tratado entre tu amor y el mío» es una estrofa de «Treaty», segundo tema del ultimo álbum de Leonard Cohen, «You Want It Darker», álbum que saldrá a la venta el próximo 21 de octubre. Palabras de reconciliación, de ruego, de inmediatez, un mantra que se repite en las nueve canciones que componen el disco. La liturgia literaria musical de Cohen se ha paseado a lo largo de cinco décadas y, en el milenio, a los 82 años, el artista regresa con un nuevo disco que, sino fuera porque es de autor, podría considerarse de música góspel. Su voz, profunda, barroca, sucumbe a los violines de la orquesta instrumental en un espectáculo musical que, «Si Dios quiere» advirtió Cohen, no será el ultimo.

Cuando las nuevas generaciones cuentan con Taylor Swift como referencia de cantautor de éxito, la poesía de Cohen cobra una dimensión de artista añejo, reposado. No que la música de Swift peque de irrelevante, que también, sino que las letras de Cohen fortalecen la literatura.

La presentación del ultimo disco de Leonard Cohen se celebró en la residencia particular del Cónsul de Canadá, entre canapés y cocteles un poblado grupo de periodistas, lo más selecto de cada país, fue invitado al bautizo de este disco que recibimos íntimamente en grupo, cuarenta minutos de riguroso silencio dedicados a escuchar el concierto de este maestro de las letras y la música.

En un día, el suyo, al que Bob Dylan, su amigo y contrincante, le robó protagonismo ganando el Premio Nobel de Literatura. «Eso ha sido como poner una medalla en el Monte Everest por ser el más alto del mundo». Metáfora imposible que uno no sabe si la tenia pensada o se le ocurrió allí mismo. Sin embargo, el que fuera Premio de Asturias en 2011 no quiso decir lo que pensaba a titulo personal del cantante. «Eso me lo guardo para él», confesó dejando su respuesta flotando sobre una sala que aun vibraba con la melodía de sus violines.

Pero Bob Dylan estaba muy presente y lo volvió a mencionar cuando explicó el proceso de su trabajo. «Cualquier cantautor lo sabe, y Dylan mejor que nadie, que escribir requiere un vehículo sano, preparado. Mantenerse en el tiempo depende de la suerte». La magnitud de Dylan, de su significado social, ocupaba parte del espacio de Cohen en aquella habitación abarrotada.

Vivir muchos años

Leonard llegó acompañado de su hijo Adam, productor del disco, «quien estuvo muy encima de mí durante todo el proceso», reconoció el autor. Su paso, delicado y frágil, se sujetaba en un bastón y el mimo de su hija Lorca, siempre a corta distancia. «Soy tribal, me gusta rodearme de mi familia. He tenido suerte en la vida. Mis lazos familiares se han profundizado con el tiempo, eso me ha ocurrido con mis hijos y mis nietos. Otras familias se rompen, nosotros estamos cada vez más unidos», comentó Leonard ante un emocionado Adam, a quien, por momentos, no le salía la voz.

Mucho se ha hablado de la muerte de Cohen esta semana, de su dispoción a ella, pero el autor, que apareció sin su tradicional sombrero, reconoció tener todavía muchas ganas de vivir. «Cuando dije que estaba preparado, exageraba. Tengo la intención de llegar a los 120 años», dijo, provocando la carcajada de un publico entregado.

Han pasado dos años desde su ultimo álbum y, como bien explicó, le gustaría publicar con más frecuencia pero no tiene esa capacidad de producción. «Me cuesta escribir, juntar una palabra con otra. Cada uno tiene su propio sistema mágico y mi mente es demasiado desordenada. He intentado simplificar mi entorno porque si lo que me rodea no está tan desordenado como mi cabeza no podría funcionar», explicó.

Exploración religiosa

Los versos hablados de Cohen se acompañan en «You Wanted Darker» por la melodía del cantor de música hebrea Gideon Zelermyer, que ayer mismo conoció a Cohen, cosas de la ingeniería musical, y del coro de la Sinagoga Shaar Hashomayim de Montreal. El álbum es, en palabras de Cohen, «una exploración de la mente religiosa». Nueve temas de un álbum que supone el decimocuarto en la discografía de este cantante canadiense cumplió 82 años. La portada, entre la luz y la oscuridad, muestra a Cohen apoyado en una ventana, con gafas y un cigarro en la mano, a pesar de haber dejado el habito hace ya tiempo. «Nunca creas a un exfumador», bromeó,, antes de empezar a recitar un verso que ha compuesto hace no mucho: «Escucha al colibrí, a quien no puedes ver las alas, escucha al colibrí, no me escuches a mi», en referencia al pájaro que vuelva en su contraportada. «Los colibrís me parecen animales preciosos, quería incluir uno en el disco».

El álbum, al que la revista «The New Yorker» califica de despedida, muestra a un Cohen más espiritual que amante, más en paz que en la batalla. «Nunca me he considerado religioso, en mi no hay una estrategia espiritual. Siento la gracia de otra presencia, pero sin una estructura. El paisaje bíblico me es familiar e intento utilizar esas referencias en mis canciones, en mis poemas». Despidiéndose agradecido, Leonard Cohen nos dejo con el alma enriquecida, un poquito más sabios, un poquito más en paz. Que otra cosa se le puede pedir a un poeta.

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