Cultura - Música

Jorge Ilegal: «En las más oscuras profundidades del yo están las canciones más crudas y bellas»

El afilado rockero concede una larga entrevista a ABC por el estreno de «Mi vida entre las hormigas», un documental sobre su espigada figura tras 35 años de canciones descarnadas

El músico en una caseta del festival «Cultura inquieta» tras conocer la suspensión de su concierto
El músico en una caseta del festival «Cultura inquieta» tras conocer la suspensión de su concierto - JAVIER MACIPE

Se le nota enflaquecido, con la calavera más demacrada que jamás le hayamos visto, y, sin embargo, conserva una robustez y un verdor envidiable a sus 62 años. Jorge Ilegal sigue en sus trece, sigue «espiando los juegos de los niños» desde la atalaya del vivir a su manera. Aunque en el recreo también ocurran pesadillas, por descontado. Pero como posee genética guerrera, no piensa dejarse doblegar ni por el mismo tiempo... Y, ni mucho menos, por la lluvia que ha provocado la suspensión de su concierto en una olvidada tarde de julio en Getafe.

Tras 35 años cantando canciones descarnadas, el líder de Ilegales acaba de ser objeto de un documental sobre su espigada figura, «Mi vida entre las hormigas». Bajo la lupa de los directores, Chema Veiga y Juan Moya, Jorge Martínez no aparece como el insecto aterrador que fantasea con aparentar sino como un tipo lúcido, de proverbial verbo punzante y que en el casino de la vida ha apostado todo por el negro del rock & roll (con el abultado macuto que conlleva).

ABC ha charlado con el músico sobre varios de los temas tratados en la película: desde su participación en los noventa en la tertulia gritona de «Moros y cristianos» hasta la visión miope del mapa musical durante la Movida madrileña. O de su fascinación por las resacas, su supuesta inadaptación social, el Nobel a Dylan... y también sobre cuál será su legado. Por supuestísimo, ha caído pregunta sobre el trap.

- Le llaman vampiro porque se niega a envejecer.

- Últimamente he estado chungo, tengo la cara que parece una máscara de miles de años. Pero sí, hasta hace poco no envejecía. Soy un tipo fuerte, incluso en una edad avanzada. Mi padre murió con 99 años y a los 94 era un hombre fuerte y totalmente independiente. Hay que negarse a envejecer. A ver, envejecer probablemente no sea del todo malo, lo digo en el sentido de perder facultades. Hay que resistirse a la pérdida de facultades. La manera es usar todo constantemente, que no se oxide nada. Lo uso todo.

- Ahora prefiere componer sobrio, ergo ¿antes prefería hacerlo ebrio?

- A temporadas. Hay momentos en los que un punto de alcoholemia te abre las puertas a otras realidades, te sirve de llave. O cualquier droga. Aunque le he perdido el gusto a las drogas, no me gustan. Supongo que ese es un síntoma de vejez. Las resacas, por ejemplo, son muy valiosas, hay que saber explotarlas porque es el momento para hacer autocrítica. Es muy interesante la resaca.

- ¿Ha notado merma en su discurrir mental por los excesos?

- No. Desgraciadamente este puede ser un mal consejo. Ahora se ha descubierto que el cerebro se va ampliando, y que se siguen reproduciendo las neuronas. Creo que puedo hacer cosas que antes no podía hacer. Y con la guitarra también. Probablemente tengan que ver con una actividad cerebral antes que con una actividad mecánica, porque mecánicamente debería estar perdiendo facultades. Sin embargo, puedo hacer cosas ahora que antes me resultaban imposibles. De hecho, «Mi vida entre las hormigas» (la última que ha escrito) es probablemente mi canción más literaria de todas. Aquí sí influye el hecho cultural. Esto me pasa por haber leído a todos los autores satíricos romanos, vaya majaras, y a Whitman, a Nietzsche, a Schopenhauer, pero, sobre todo, se nota que todo está erosionado por la lectura atenta de «Las mil y una noches» y otras lecturas orientales. Ahí sí que se nota que la cultura se transpira con facilidad.

J. M.

- ¿Cómo es un día rutinario en su vida?

- No tengo días rutinarios. La repetición es nefasta para que la vida sea digna de ser vivida. Me levanto depende de qué día a una hora. Depende del plan, si es que hay plan, y voy mirando. A veces puede haber varios planes alternativos. Hay que hacer cosas, dejar la vida pasar es un crimen. Y lo que tengas ganas de hacer es lo que mejor vas a hacer. Es mucho mejor hacer lo que te dé la gana porque lo vas a hacer de puta madre.

- ¿Qué entiende por envejecer mal en el rock?

- Eso le pasa a los artistas de moda. El problema es alcanzar un grado de popularidad muy alto porque se te contrasta con otra época. Y mucha gente pierde facultades. Pero el rock no debería envejecer en absoluto, porque es muy totalitario, sobre todo el punk rock, que está conectado con cosas primitivas como la actitud que tenían la gente que hacía sátira en la antigua Grecia o Roma. Marcial, Juvenal, etc. Ellos no han envejecido en absoluto. Es que ves las sátiras de Juvenal ahora, o a Virgilio o a Catulo, que tienen miles de años, y suenan actuales. Incluso muy duras. Virgilio es lo más punk. Le expulsaron de Roma. Le advirtieron varias veces y le acabaron desterrando por tocahuevos, por pervertidor de la moral. Todos, queramos o no, hemos bebido de Juvenal o Marcial, que te lo vas a encontrar en Quevedo, por ejemplo. Te los vas encontrando constantemente. Es lo que decía de las canciones, las que no son perecederas son las que están profundamente arraigadas en la naturaleza humana.

- Hablando de Dylan... ¿Para cuándo un Cervantes a Jorge Martínez?

- Esta gente es mucho más retrógrada que los del Nobel, que mira que están anticuados. A mí no me gusta nada como escribe Dylan. Cambió muchas cosas, como ese hecho de que proyectase los derechos civiles sobre la canción popular. Porque lo que decían los Beatles eran, francamente, gilipolleces. Un día tuve que cantar una canción de los Beatles y, al traducirles, me dije: «Yo no canto esta mierda. Es horrible». En cambio, las canciones de Dylan las puedes traducir y muchas pueden sonrojarte, pero no todas. Creo que eran mejores Jerry Leiber y Mike Stoner. Y muchos bluesmen eran también mejores letristas que Dylan. Dylan recogió un poco toda esa historia de Jimmie Rodgers y Woody Guthrie, pero no le daría el Premio Nobel.

- ¿Le pareció mal incluso?

- No, me pareció que se le ha dado a toda una generación que luchó por unos derechos civiles. La medalla no era solo para Dylan, así que no se tenía que haber hecho tanto la estrecha para recogerlo. Pero ya sabemos de qué va este, desde el accidente quedó gilipollas.

- En cualquier caso, ¿en España se podría conceder un premio así?

- No sé... Los Panero sí son gente que lo podría recibir. A mí me interesan. Pero tendría que pensármelo más.

- ¿Se ha levantado en medio de la noche a apuntar algo para una canción?

- Hay que levantarse a cualquier hora, hay que ser diligente. Me he ido de en medio de fiestas, con un planazo tremendo, y me han llamado gilipollas y de todo. Una vez en una tienda tenían todas las Fender Jaguar y todas las Fender Jazzmaster con los colores de los años sesenta recién reeditadas. Entré en la tienda y dije: «Ponme esta. Y ponme esa otra». Salí de allí con una en cada mano. Y yéndome volví a la tienda y dije: «Las quiero todas». «¿Cómo que todas, estás seguro?». «Sí, con la tarjeta». «Bueno, ¿te llevo a casa?», me dijo. Y yendo... «Para, que tengo una canción». «¿Que te vas a parar aquí?». «Sí, me voy a parar aquí a hacer una canción». El tío pensó que estaba grillado. Pero si no paras, no tienes la canción.

- ¿Cree que la policía de internet admitiría algunas de sus letras si se publicaran ahora? ¿Hay exceso de indignación?

- La principal culpa la tenemos los artistas con ese afán de ser políticamente correctos. Se intenta caer bien a todo el mundo no diciendo nada ofensivo y las fronteras de la libertad cada día son más pequeñas. Se constriñen, se van cerrando. Lo que tenemos que hacer es transgredir, incluso transgredir con gilipolleces, para que cada vez se hagan más amplias esas fronteras de libertad. Fíjate la tontería que era el destape en su momento, pero ensanchó la libertad. Cuando empezó aquello ya estábamos hartos de montar orgías y de ver culos, tetas y de todo, pero para generaciones anteriores o para personas que vivían en lugares más restringidos o con menos aire, o aire enrarecido, eso fue liberador.

- ¿Qué consejo, solo uno, le daría a alguien que acaba de formar un grupo o a componer?

- Le aconsejaría ir a la fuente más peligrosa. Lo que habla la canción de «Soy un macarra». Eso de mirarse en el espejo, ese ejercicio tan peligroso. Le aconsejaría ir a las más oscuras profundidades del yo, que es un sitio realmente peligroso, pero en el que están las canciones más crudas y más bellas. Y más valiosas. Ese es el sitio donde están las mejores. Ahora... hay que atreverse porque no está exento de peligros.

De Alaska a Yung Beef

- Se dice que los 80 no solo eran los colorines de La Movida. Igor Paskual os define como «carpe diem desesperado». ¿Esa desesperación es lo que os diferencia de La Movida?

- La Movida es el fruto de una visión miope. La gente que estaba en Madrid, los críticos, solo se fijan en lo que estaba pasando en Madrid porque carecían de la capacidad de moverse. Probablemente porque estaban adscritos a la tierra, como los ciervos, y no podían ver lo que pasaba más allá. Mi profesión era diferente: yo soy músico. Y mi profesión era itinerante. Sabía lo que pasaba en el País Vasco, que se estaba gestando el Rock Radikal Vasco. Sabía que en Galicia estaban haciendo un rock de broma, con esa socarronería muy gallega. Sabía que en Cataluña el Rock Layetano estaba ahogando a todos los grupos mods y rockers, aunque había cosas. Sabía que en Levante había música para maricones de fin de semana. Conocía que la independencia había empezado en León, con Los Cardiacos, un grupo nuevaolero y con unas pintas... el aspecto físico era muy epatante. La zona centro estaba exhausta. Andalucía estaba exhausta completamente. ¿Por qué razón? Porque habían contribuido muy fuerte al rock andaluz, con Triana, Alameda, incluso los Medina Azahara estos... Esa era la realidad, una realidad amplia. Pero se veía de una forma miope, solo desde Madrid. Nosotros no éramos Movida, estábamos conectados. Pero luego, al ver que lo de La Movida se agotaba tan rápido, que no tenía carne, que no tenía nada, empezaron a absorber todo lo de la periferia. Empezaron a fagocitarlo todo con una voracidad tremenda. Nosotros estábamos al margen de todo el mundo, vivíamos de otra manera. Era verdad lo que hacíamos, reflejaba la forma de vida que teníamos. Veníamos de un medio muy violento. Yo venía de la facultad de Derecho, que era más violenta que el barrio de yonkis más violento. Allí sí había armas de fuego a diario, en la facultad de Derecho de Oviedo. A mí me apuntaron una vez con un arma. Como era un descerebrado en ese momento... Venía del ejercito y estaba desesperado en aquel momento, no tenía nada que perder. E hice frente a la situación con gran solvencia. Tenías que hacerlo si querías salir adelante. Todo eso se juntó con lo que llamaron reconversión, que simplemente es un eufemismo, antiguo pero eufemismo, que significa destrozar todo el tejido industrial, arrasar. Todo en la zona norte, una zona conflictiva tanto para las izquierdas como para las derechas. Porque fue el PSOE el que acabó con los astilleros, por el método de meter en la cárcel a todos los dirigentes. Le ponían una querella y conseguían meterlo, y luego otra al que cogiera la antorcha. Y luego otra... Hasta que consiguieron ahogar todos los movimientos obreros. Ese era nuestro medio, donde había reyertas en la calle a diario. Yo vivía en el centro, pero la gente que conocíamos se había metido en la heroína. Y la heroína es una droga muy destructiva que hizo estragos en toda una generación, la devoró. Era un caldo de cultivo violento. No era fácil vivir allí.

J. M.

- No tiene pinta. ¿Qué grupos españoles destacaría de entonces? Haciendo un repaso de la época con el Zurdo nos dijo que lo más parecido a un genio en esa época era usted.

- El Zurdo es lo más parecido a un genio, era el tipo brillante de la época. De la Movida era él. Yo quiero conocer a ese tío. Cuando escuché el «Para ti», que la música se parece a... Es clavada a un disco que tengo de los sesenta, ahora no me sale el nombre. Y la letra me parece muy bien, flipé con esa historia. Nacha Pop era interesante. Tanto Antonio como Nacho. Lo que les pasó fue muy injusto porque les tildaron de babosos. Y no eran babosos, no tenían nada que ver con otros grupos de la época que sí lo eran. Aunque algunos se redimieran como Los Secretos, que empezaron a hacer otras cosas, probablemente, cuando descubrieron la vida. Un día descubrieron que los Reyes Magos no eran los padres y empezaron a hacer otro tipo de música que estaba bien. Me gustaban Los Cardiacos estos de León. Me he reído con Siniestro Total. Lo que pasa es que era una broma. Un tío que cuenta unos cuantos chistes bien se agradece. Ahora, el chistoso constante, por mucho cariño que le tengas, acaba hartándote. Yo veía muy fuertes a Los Rebeldes al principio. Carlos tenía una garra que fue perdiendo. Los grupos vascos eran un poco como el catecismo comunista, me parecían muy ingenuos. Aunque me divertían las cosas de Evaristo y algunas cosas de Kortatu. Evaristo es un tío inteligente.

- ¿Qué le pareció el indie de los noventa?

Mira, empezaron todos a cantar en inglés. Nosotros habíamos estado de gira en Ecuador, y allí querían prohibir el rock en español, por las cosas que se decían que si eran palabras malsonantes y tal. Querían solo inglés. Había unos intereses claros ahí, probablemente recelaban del rock como elemento liberador y que no convenía a las clases. Porque es un lugar muy divido sin clase media, con un bache intersocial muy elevado, y no solo eran las palabras porque también se transmitía información liberadora. Y vengo a España y me encuentro el rollo indie. «Es que nosotros cantamos en inglés». Pero bueno, ¿quién os ha subvencionado, pagan mucho? «No, nos pagan nada. Lo hacemos porque nos expresamos...». Lo que sois, sois gilipollas. Simplemente, no hay más cojones. Sois gilipollas. Porque muchas discográficas os pagarían una pasta porque nos estamos comiendo una cuarta parte de la tarta. Desde México hacia abajo, y, además, el español está penetrando en Estados Unidos. No entiendo el fenómeno indie. Cantaban en inglés pero luego tocaban en España y no salen. Y cuando salen fuera van a garitos de mierda. Van a tocar a a un garito que es como un váter de grande. ¿Y para eso cantas en inglés? Y luego en un inglés muy muy deficiente... Es muy tonto.

- Pero no eran todos los grupos.

Eran casi todos... Muchos son amigos míos pero lo siento: sois unos gilipollas. Ya os lo dije en su momento.

- ¿Ha escuchado trap?

Sí. Buah, es tremendo. Me parece un fenómeno muy a tener en cuenta. Estoy al tanto de todas estas cosas, estudiarlo es muy interesante. Detesto el trap, no me gusta nada. Ni los vídeos, las chicas que salen en los vídeos me parecen sexualmente impracticables... Pero bueno, ¿quién sabe? Quizá alguno de estos llegue a hacer algo interesante a partir de ahí. Muchas cosas han traspasado la pared de mierda y se han convertido en algo realmente bueno. Nunca se sabe. Hay setas cojonudas que nacen en las cagadas de caballo y te aseguro que te ponen que no veas.

Martínez el coach: «Levántante y lucha»

- Los Ilegales tienen canciones lúgubres y sórdidas, pero las hay también vitalistas («He decidido comportarme», «Tiempos nuevos, tiempos salvajes» o «Mi vida entre las hormigas») que promueven el ser tú mismo y luchar por salirte con la tuya. En esta última canta: «Abatido pero erguido, no me dejo derrotar». ¿Qué representaría para usted una derrota?

- La lucha por mantener el yo vivo es una constante pugna. Es una pugna entre ser asumido por el grupo, o por todas las agresiones que trae consigo la propia vida, y mantener ese yo vivo. Al final, la vida acaba mal. Acaba con la muerte, no hay más remedio. Lo guapo es mantenerse en pie. Es como en el rodeo o en los toros mecánicos, cuanto más tiempo estés arriba mejor. Eso es tener éxito en la vida, por eso no tienes que dejarte derrotar. Yo no dejo que me derroten, cuido mucho de mantenerme erguido.

- Hace apología del vivir la vida fuera de convencionalismos castradores.

Antes morir que perder la vida. Para que la vida sea digna de ser vivida no hay más remedio que arriesgarla. Hay momentos que no queda otra que jugárselo todo. Y creo también que vale la pena. Una vida bien enfocada y bien vivida... Mira, tengo ahora 62 años y le he sacado un partido... Me lo pintaban muy negro trabajando en la oficina. Creo que por eso se provoca esa especie de depresión juvenil, al pensar en un futuro llevando la vida que llevan tus padres. Una vida plena solo se consigue siendo valiente.

- ¿Cuál fue su coste?

- Mi coste fue saltar sin red casi siempre. Se pierden amistades, se pierden parejas, se pierden muchas cosas. Pero vale la pena. La verdad es que, a veces, pierdo las amistades y las parejas con un placer... Es una liberación. Eso de vivir sin novia ni reloj, de «La vida es fuego», es una realidad. Es una canción un poco tonta, pero es algo que todo el mundo debería permitirse. Hasta nunca, hasta nunca... Qué pena, dices a veces. Y otras: levito de gozo de perderte de vista. ¿Cuántas posibilidades se me abren ahora? Ese libro que me voy a leer, esa borrachera que me voy a coger... O no, porque las rupturas no es el momento para beber. Unos días más allá, cuando dices qué bien va, sí es el momento.

J. M.

- En la película varias personas cercanas especulan sobre su personalidad. Le denominan incluso inadaptado social, y se dice que el coste de su actitud ante la vida es la soledad. ¿Qué opina?

- Son opiniones que confluyen y, a veces, se contradicen entre sí. Creo que sí que vale la pena afrontar cualquier cosa, la soledad o lo que sea. Pero, de todas maneras, no estoy solo en absoluto. La soledad es un bien muy preciado, y para estar acompañado y para sentir la compañía, es necesaria la distancia. Igual que cuando ves un cuadro en un museo, sobre todo los impresionistas. O el mismo Velázquez. Si no lo ves a una cierta distancia no aprecias la obra en su conjunto, no entiendes las cosas. Las parejas y las amistades estallan en pedazos por exceso de proximidad. Con un poco más de distancia, con un distanciarse, tendrían muchas más posibilidades de éxito. Estoy convencido. Y luego hay que ser valiente y sincero con uno mismo. Cuando lo eres, y es lo más difícil ser sincero con uno mismo, lo eres con los demás con mucha facilidad. Y puedes decir cosas frontalmente que, a veces, son hirientes. Pero la verdad a la larga tiene menos peligros que la mentira, y es mejor, es menos dañina. Incluso a veces peco de bocazas, porque digo cosas sin que nadie me pregunte. Cosas molestas e inconvenientes, que no me convendría a mí mismo mencionar ni de pasada.

- ¿Por qué se recluye tanto en la casa de Bolgues? (Es una enorme residencia familiar bastante destartalada en ese pueblo).

Voy mucho allí, pero también me pierdo solo por el monte. Necesito el contacto con el medio natural, hace que toda neurosis que te pueda rondar sea inocua. Es realmente bueno. Voy a bucear al Cantábrico, que no son unas aguas amables precisamente, y es una limpieza total, es purificador. A ver, no soy un inadaptado. Conozco el juego perfectamente. Como con cuchillo y tenedor, incluso una naranja. Y no hay nada más estúpido... Consigo incluso cortarla sin que salpique nada. Sé hacerlo, joder. Solo que no vale la pena comer una naranja con cuchillo y tenedor, es una gilipollez. Con el marisco hago una disección perfecta, pero lo hago si me apetece. O, si no, me tiro unos días en el monte y como lo que sea. ¿Sabes qué pasa? Que te llaman raro por cómo puedas administrar a tu cuerpo, tu mente. Es como las posturas, que como tengas más que las que tiene la media ya tienes un problema. No tengo un problema, ustedes tienen un problema. De falta de flexibilidad. Las personas que solo están de pie, sentados o tumbados, tienen un problema de falta de flexibilidad. Yo puedo agacharme y hacer la de dios. Puedo acechar durante horas a un bicho con un arma en la mano sin cansarme. O puedo lograr posiciones realmente raras. Parece que se intenta escayolar a la gente, limitarla, lisiarla de alguna manera.

- ¿Perjudicó su faceta de tertuliano televisivo a su carrera musical, como sostiene Diego Alfredo Manrique?

- Puede ser, pero me divertía. Tiene razón. Él dice que la gente se distrae con las cosas menos interesantes pero que son muy llamativas. No es que no estén en la misma persona. El tener sentido del humor. Toda la gente medianamente inteligente, e incluso los muy muy inteligentes, tienen sentido del humor. Y dice que por ello no se me toma tan en serio como a otros que son más grandilocuentes. Y menciona a Serrat y Sabina, a los que la gente toma por poetas. Tócate los cojones. Sabina sé que no se toma por poeta, Serrat no lo sé.

- ¿Por qué no siguió?

- Me daban una pasta pero me cansé. Un día me sentí muy triste, estaba en Canal Sur y estaba Paquita Rico y Lauren Postigo. Y podía decirles cosas que se merecen que se las pongan en la cara, realmente hirientes. Pero, de repente, sentí como una compasión repulsiva y dije no vuelvo más a estas mierdas.

- ¿Le han confundido alguna vez con un Matamoros?

- No, no... Aunque ahora se lleva mucho este peinado. Cuando empecé lo llevábamos poca gente.

- Quizá lo puso de moda.

- Qué va. Lo empezaron a poner de moda los gays, que siempre andan probando cositas... Fueron los primeros en llevar el pelo al cero.

J. M.

- ¿Qué le hubiera gustado ser de no haber sido rockero?

- Tengo muchísimos intereses. El rock es lo que más me gusta, pero estuve a punto de ser abogado. Sería un juez que representaría un peligro para los corruptos. Ya en el colegio, por todos los que fui pasando que fueron muchos, siempre protegía a los más débiles. De hecho, había niños que solo jugaban cuando yo jugaba. Era acojonante. «Tíos, quitaos de aquí al lado, nenazas. Id más para allá, que no os va a pasar nada...». Me hubiera metido a caballero andante.

- Esa faceta protectora se comenta en el documental, pero también su «individualidad exacerbada», lo que contradice lo anterior.

- La especie necesita que los individuos se cuiden unos entre otros. Y lo tienen también muchos animales, no solo los simios estos que nos creemos la hostia en el planeta. Sí cuido al grupo y a su seguridad, pero no tengo ese instinto gregario tan marcado. Soy muy individualista, me muevo solo. No me gusta volar en bandada, ¿sabes? Y no tengo paciencia para esperar. Cuando la gente se mueve de bar en bar, con las esperas de que va a venir tal y cual, es un puto coñazo. Generalmente, me despido a la francesa. Y con esa chica que has ligado en el momento y que tienes que esperar para seguirle el rollo pues no tengo paciencia. Me largo. «Pero espera, no...» (con voz de mujer). «Ya no te espero, joder».

- ¿Cuál cree que será su legado?

Hay algunas frases que probablemente sean repetición de autores anteriores. Es una cosa que ocurre mucho, que, aunque no hayas leído al autor, le robas la frase porque parece ser que los pensamientos están en el aire. Pero también va a haber un montón de frases totalmente originales. Y la manera en la que están colocadas también es muy original. Y creo que son efectivas. Es lo valioso que voy a dejar. De todas maneras, si no os gustan, lo tiráis y punto. No me voy a enfadar. Además, del más allá nadie viene para vengarse.

- ¿Cómo acabará Jorge Martínez?

Mal. Esto es un acto de generosidad total. Creo absolutamente en lo que hago. Y me arriesgo. He arriesgado muchas veces capitales enormes para poder hacer lo que hago. Y dejar las canciones que están ahí. Tener para vivir de puta madre y ponerlo todo en riesgo. Y no dar el brazo a torcer pudiendo hacer otras cosas. Al correo, que tuve hasta muy tarde en casa de mis padres, llegaron unas ofertas de trabajo tremendas, para dirigir cosas. Y no acepté ninguna. ¿Cómo puede ser? Creo que es mi obligación. Si tienes un don, o crees que puedes ofertar algo valioso... Hay una cosa animal que te dice no, haz esto. ¿Que voy a acabar mal? Claro. Estoy asumiendo unos riesgos tremendos. Solo me estoy ocupando de conseguir la obra. Y me gasto en herramientas lo que haga falta. Si necesito una guitarra de 40.000 euros, no me lo pienso. Los riesgos son de todo tipo. Económicos, de quedar en la indigencia y de todo. He arriesgado cantidades enormes. Y lo voy a hacer. Tengo que hacerlo.

Toda la actualidad en portada

comentarios