Laura Ferrero, en una reciente visita a Madrid
Laura Ferrero, en una reciente visita a Madrid - JOSÉ RAMÓN LADRA
LIBROS

Laura Ferrero: «La literatura no es mejor que la vida»

La periodista y editora publica «Qué vas a hacer con el resto de tu vida», su primera novela, en la editorial Alfaguara

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Periodista y editora, Laura Ferrero (Barcelona, 1984) se lanzó al mundo de la ficción con un libro de relatos «Piscinas vacías», que apareció en Alfaguara en 2016 después de que se encaramara a la lista de los más leídos de Amazon tras publicarlo en formato digital y en papel a través de la plataforma de autoedición megustaescribirlibros.com. Crítica de diarios y biografías en ABC Cultural, mantiene el blog Los nombres de las cosas y colabora con la revista digital FronteraD. «Qué vas a hacer con el resto de tu vida» (también en Alfaguara) es su primera novela.

«A los que buscan» está dedicado «Qué vas a hacer con el resto de tu vida». ¿Se incluye entre ellos? ¿Qué ha encontrado, qué sigue buscando?

La búsqueda me parece la mejor actitud frente a la vida. La de no dar por sentadas las cosas sino preguntárselas, salir afuera, a pesar del miedo o a la incomodidad que supone muchas veces cuestionarnos. En realidad, esta actitud de búsqueda me recuerda siempre al poema de Kipling No desistas. Siendo honesta, no sé si he encontrado grandes respuestas. Aunque bien pensado, quizás sea la búsqueda la propia respuesta.

Tras «Piscinas vacías», ¿por qué sintió el deseo y la necesidad de escribir una novela?

Empecé a escribir la novela cuando aún no había terminado los relatos de «Piscinas vacías». De manera que, en algunos momentos, simultaneé la escritura de ambos libros. A pesar de que me siento más cómoda en el género del relato, escribir una novela siempre me había supuesto un reto.

¿Cuánto había de autobiografía en «Piscinas vacías» y cuánto hay en esta novela? ¿En qué medida la experiencia vital y las lecturas nutren su escritura y sobre todo la biografía de sus personajes?

Es una respuesta difícil. Cuando escribía «Piscinas vacías» fui consciente de que la mayoría de relatos eran autobiográficos y, al empezar con la promoción, me sentí incómoda hablando de mi propia vida y tratando de disfrazarla. De manera que con la novela me dije que escribiría de alguien ajeno a mí, que, a pesar de llamarse como yo, no compartiera mis experiencias vitales. Sin embargo, cuál fue mi sorpresa cuando, al terminar la novela, me di cuenta de que, de nuevo, había escrito sobre mí: las incertidumbres, las dudas, el peso de las ausencias… todo estaba de nuevo ahí. Como en los relatos. De alguna manera que no logro entender, la realidad se acaba imponiendo y no podemos huir de nuestra historia.

¿Cuáles son sus maestros de escritura?

Diría que Raymond Caver, John Cheever, Lorrie Moore. El año pasado me fascinó Lucia Berlin. Ahora, por ejemplo, leo maravillada a Joy Williams y a Samanta Schweblin, a quienes no conocía y con las que estoy disfrutando mucho.

¿Cuánto adeuda este libro a «La escala de los mapas», de Belén Gopegui, que acaba apareciendo al final?

No he leído «La escala de los mapas», pero su título me parece tan evocador que me daría para escribir un relato entero. Me lleva a pensar sobre el tema del mapa como engaño y representación. Es impresionante que otorguemos tanta credibilidad a algo que no deja de ser una promesa de realidad. Por el contrario, como también se cuenta en el libro, si el mapa fuera a escala real y pudiéramos desplegarlo, entonces no podríamos ver el sol: nos lo taparía. Lo que no deja de parecerme una paradoja.

¿Sólo hay que leer libros necesarios ahora que se publican tantos libros innecesarios? ¿Cuáles han sido los suyos?

Creo que hay que leer de todo. Me molesta que predomine una visión elitista de la cultura y de la lectura. A lo largo de mi vida como lectora ha habido algunos libros que me han marcado mucho como «El dios de las pequeñas cosas», de Arundhati Roy; «Qué es el qué», de Dave Eggers; «Léxico familiar», de Natalia Ginzburg, o «El sentido de un final», de Julian Barnes.

¿Cuánto tiene que ver la portada del libro con la del libro que escribió la figura del padre de la narradora, «Todo es una isla»?

Mucho, aunque no fue intencionadamente. Me parecía importante que la portada del libro reflejara la importancia de las islas pero que en él hubiera también una ventana. Los personajes del libro miran la vida a través de cristales gruesos: lo ven todo pero no son capaces de actuar. Asimismo, me parece interesante que la propia cubierta de «Qué vas a hacer con el resto de tu vida» sea como la de «Todo es una isla»: el libro dentro del libro.

¿La decisión de no ponerle signos de interrogación al título es ideológica o estética?

El título procede en realidad de un verso de Adrienne Rich, así que decidí mantenerlo sin interrogante. De todas formas no me gustan los interrogantes en los títulos de los libros.

¿Cómo es su relación con la literatura? ¿En qué medida complementa la vida, le da sentido, la sustituye?

Escribo desde que tengo uso de razón. Empecé a hacerlo imitando las novelas que leía por aquellos entonces. La literatura es una manera de sentir y de vivir. En los libros, en el cine encontramos las respuestas y el sentido del que la realidad a menudo carece. Es aquello que decía Julian Barnes: «Éste era otro de nuestros temores: que la vida no resultara ser como la literatura». No, no lo es, pero a veces desearíamos que lo fuera, que llegáramos al final y, suspirando, dijéramos: «Ah, era esto».

¿Es mejor que la vida porque le da una trama, la hace más amena, le quita las partes anodinas, le da un sentido y un curso al tiempo, como las biografías?

No es mejor que la vida, simplemente es una cosa distinta. La literatura ordena y da sentido, proporciona la ilusión de la causalidad, las benditas respuestas de las que lo anodino y el día a día carecen. Toda biografía no es sino una aproximación, una tentativa de narrar una vida, las biografías cierran el círculo, le ponen el «The end» y hacen que todo quede explicado, pero no es más que otro engaño.

¿Pensamos con palabras? ¿Piensa con palabras? ¿Escribe para descifrar el mecanismo del corazón?

Para mí la palabra es el centro de todo, es mi manera de acercarme a las cosas. Damos un nombre a la realidad con la ilusión de que nombrar es también adueñarnos un poco de ella. A veces desearía que escribiendo pudiéramos, en efecto, acercarnos al corazón. No lo logramos pero siento que estamos más cerca que si no lo hiciéramos.

¿Echa de menos su trabajo como editora, cuando estaba en segunda fila, menos expuesta?

Lo sigo manteniendo. Me gusta el trabajo del editor porque es una larga conversación con un texto que no has escrito tú y, como no estás tan implicado, puedes ser mucho más objetivo. Me resulta más difícil escribir: es más arriesgado, te enfrentas a ti mismo día tras día.

¿Qué género literario deja al autor más a la intemperie?

Creo que todos. Escribir, hacerlo de verdad y desde la verdad, es estar siempre expuesto, a la intemperie.

Aunque es acaso una pregunta más para un crítico que para su autora, ¿cuánta distancia hay entre lo que soñó al empezar y lo que logró?

Dicen que la mayor distancia que existe es la que hay entre lo que ocurrió y lo que te hubiera gustado que ocurriera, así que a veces es mejor poner freno a las expectativas. Cuando empecé a escribir la novela había unos temas que me guiaban, pero tardé mucho en encontrar el final. De manera que no soñaba con una novela determinada y no ha habido distancia entre lo imaginado y lo real.

¿Qué le dice Wislawa Szymborska?

Todo. Es una de las poetas que siempre me acompaña allá donde voy. Y me acompañan, en especial, estos versos de Amor a primera vista: «hubo algo perdido y encontrado».

Laura Ferrero
Laura Ferrero- J. R. LADRA

En la construcción de su novela y de sus personajes, ¿cómo decide qué debe quedar velado y qué expuesto para que la historia se sostenga mejor sin jugar con el lector y sin ser deshonesto con la lógica interna del relato?

En mi caso no se trata de una elección. Trato de que me guíe la verosimilitud, me planteo continuamente cómo creo que me ocurriría a mí lo que está pasando en la narración. Me lo planteo desde la empatía: ¿qué sentiría?, ¿me quedaría tranquila sin saber ese dato? Es así como trato de intuir qué puede quedar en el aire y aquello que, por el contrario, tiene que resolverse.

Hablando de la necesidad o de la posibilidad de escribir la propia historia de la familia, el padre, el contador de islas, le dice a Laura, la homónima protagonista, que «lo importante es hacer lo que cuenta en el momento que cuenta». ¿Es lo que ha intentado hacer? ¿Es lo que ha hecho?

Una de las cosas más difíciles en la vida es hacer las cosas en el momento adecuado. A veces es pronto, otras, demasiado tarde, y en ese cruce se pierden oportunidades e historias. Es difícil acertar y, a los personajes de la novela, les ocurre lo que a muchos: que se saben la teoría de memoria pero cuando llega la realidad los arrolla como si se tratara de un huracán.

Se lee en la página 178: «Dicen que las mujeres buscan a su padre a través de los hombres a quienes convierten en sus parejas. También, y eso me asusta más, que amamos tal y como nos han amado en la infancia». ¿Piensa lo mismo que su narradora?

No estoy muy segura con respecto a lo primero, a si buscamos al padre en los hombres que más tarde conocemos, pero sí creo que buscamos lo que no hemos tenido. De lo que no tengo duda es de que amamos tal y como nos han amado en la infancia. La vida es aprender a curarse esas heridas minúsculas, o no tanto, que hemos ido acumulando en la infancia, cuando ni siquiera éramos conscientes de ello.

¿Qué va a hacer la autora con el resto de su vida, si no le parece impertinente la pregunta?

No lo sé. Si lo supiera ya no sería yo. Prefiero seguir escribiendo. Buscando. Quién sabe, quizás algún día sabré responder a esta pregunta pero me temo que entonces, si ya tengo demasiadas certezas y seguridades, dejaré de escribir.

¿Es la muerte la oscuridad definitiva?

Eso creo. Al menos, de la muerte es del único lugar del que no se regresa.

¿Quién es Laura Ferrero?

A veces pienso que es la misma que está respondiendo a estas preguntas. Otras, que Laura Ferrero es justamente la que vive otras vidas en cada una de las páginas que escribe.