MÚSICA

Viaje al Archivo Ricordi, el tesoro de la ópera

El Archivo Histórico Ricordi es un fondo documental único y de extraordinaria importancia para conocer la ópera italiana del siglo XIX. Recorremos sus estancias en Milán como preludio al desembarco de «Otello» en el Teatro Real

Parte de la partitura de «Raragrama», de Sylvano Bussotti, conservada en el Archivo Ricordi
Parte de la partitura de «Raragrama», de Sylvano Bussotti, conservada en el Archivo Ricordi

El Palacio de Brera en Milán encierra joyas famosas para quienes aman la música y piezas ocultas. La mayoría de los visitantes, nada más entrar, asciende la gran escalinata hasta la primera planta para recrearse en la Pinacoteca, con su espectacular colección que incluye obras de Rafael, Caravaggio, Piero della Francesca y Tintoretto, entre otros. Los más aventureros cruzan el patio central y se adentran en los meandros de la Academia de Bellas Artes, cuyas amplias galerías están repletas de copias de estatuas griegas a tamaño natural y piezas de arte contemporáneo, obra de los alumnos de la escuela. Al final de uno de estos largos pasillos se encuentra, medio escondida, una puerta sobria y de color oscuro. Tan sólo llama la atención su blindaje y su moderno telefonillo con código de acceso numérico.

Pocos imaginarían que se trata de la puerta de entrada a un tesoro documental extraordinario: el Archivo Histórico Ricordi. En sus estanterías se guardan los manuscritos autógrafos de las óperas de Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi y Puccini (es decir, el panteón de la ópera italiana del siglo XIX). Pero el Archivo Ricordi es más que esto. Para entender su naturaleza tan peculiar, hay que recorrer brevemente la historia de Ricordi,la más antigua e importante editorial musical italiana.

De editor a productor

La empresa nace en 1808. Su fundador, Giovanni Ricordi, empieza como copista de música antes de convertirse en impresor y editor. Las primeras publicaciones son de música instrumental, destinadas básicamente al público aficionado o de carácter didáctico. Si el primer catálogo de 1814 contaba con 142 piezas, el de 1825 alcanza ya las 2.500. A ese crecimiento exponencial de la actividad se corresponde un cambio de rumbo decisivo en la política editorial: progresivamente, el núcleo duro del catálogo Ricordi lo conforma la música operística. Giovanni logra hacerse con los derechos de publicación de las óperas de Rossini, Bellini, Mercadante, Donizetti, y no duda en fichar a otro joven compositor, cuyo «Nabucco» había cosechado en 1842 un clamoroso triunfo en la Scala de Milán: se trataba de Giuseppe Verdi.

El binomio Verdi-Ricordi, mantenido y reforzado por los sucesores Tito I y Giulio, marca el desarrollo de la música italiana del siglo XIX y da vida a una alianza que beneficia en partes iguales a creador y editor. En poco menos de cincuenta años, Ricordi se convierte también en el productor de sus compositores, sustituyendo en estas tareas al empresario teatral. Esta circunstancia se refleja en lo que es el archivo en la actualidad. Esta gran arca musical no recoge sólo los materiales editoriales. De muchas óperas se conserva todo aquello que concurrió en su día a su representación. El manuscrito autógrafo es, por supuesto, el elemento más importante de la colección, el origen de todo. Pero el archivo guarda también las cartas entre compositor y editor, y entre libretistas y editor, bocetos de las escenografías y figurines con notas de sastrería (en algunos casos se adjuntan muestras del tejido utilizado). A veces se dispone también de fotos de escena, sobre todo de los estrenos, que eran los que Ricordi supervisaba.

El nacimiento de «Otello» se debió en buena medida a la habilidad diplomática de Giulio Ricordi

Ricordi plasmó un sistema distributivo único en el panorama operístico de la época. El principal negocio del editor residía en el alquiler de la ópera a los teatros, pero lo que Ricordi ofrecía era una suerte de «pack». «Junto a la partitura –explica Pierluigi Ledda, director del Archivo–, viajaban las reproducciones de bocetos y figurines y las disposiciones escénicas. A veces, se detallaba incluso el movimiento de los cantantes. Los teatros que alquilaban la ópera podían reproducir así todos los elementos de la representación. Se les ofrecía un producto cerrado para que la ópera se representase con garantías de calidad, sin manipulaciones o adulteraciones».

Verdi fue una vez más el impulsor de estas prácticas y así lo demuestra la exposición sobre «Otello» que el Archivo Ricordi organiza en colaboración con el Teatro Real y que se presenta estos días en el coliseo madrileño. «En la exposición aparece un documento importante –afirma Maria Pia Ferraris, conservadora del Archivo–. Es un apunte en donde Verdi pone negro sobre blanco sus exigencias. Él quiere la última palabra sobre los cantantes, los ensayos y la escenografía. Cualquier decisión tenía que contar con su visto bueno y en cualquier momento se reserva el derecho de cancelar el estreno si algo no le convence».

Pop y vanguardia

El nacimiento de «Otello» se debe en buena medida a las dotes diplomáticas de Giulio Ricordi. Él supo convencer al viejo Verdi para que volviera a la composición después de «Aida». Él consiguió juntar a Verdi con el «enemigo» Boito en nombre del común amor por Shakespeare. «Otello» fue el fruto de una labor tenaz y paciente que no daba puntada sin hilo. En aquellos años, Giulio adjuntaba al «panettone» que enviaba en Navidad al compositor un negrito de chocolate como recordatorio de la ópera que Verdi estaba componiendo. En este como en otros aspectos, Giulio fue sin duda el genio de la familia Ricordi. Otro de sus méritos fundamentales fue el de saber reconocer en Giacomo Puccini al gran sucesor de Verdi. Las decisiones y la gestión de su hijo Tito II colocarán, en cambio, la editorial en una situación económica delicada. Con la salida de Tito II, en 1919, los Ricordi pierden el control directo de la empresa.

Pese a los contratiempos y a las adversidades, Ricordi mantiene un papel activo y dominante dentro de la realidad musical italiana. En la segunda mitad del siglo XX, la editorial recluta para su catálogo a algunos de los principales compositores de la vanguardia italiana (Berio, Nono, Bussotti, Donatoni, Sciarrino…) y abre un nuevo frente, el de la producción discográfica. Creado en 1958, el sello Dischi Ricordi explora la mina de la música pop y se convierte pronto en la etiqueta de referencia de los cantautores italianos. En 1994, Ricordi es adquirida por Bertelsmann. Doce años más tarde, el grupo empresarial alemán decide desprenderse de la rama editorial de Ricordi, pero conserva el Archivo.

El Archivo Ricordi incluye 7.800 partituras manuscritas, 15.000 cartas, 10.000 libretos y 10.200 bocetos

El Archivo Histórico Ricordi fue hasta los años noventa un archivo de empresa. A partir de entonces, el Ministerio italiano de Bienes Culturales declaró sus colecciones bien de interés cultural. Desde ese momento, el archivo cambió su naturaleza. «Las actividades que hoy realizamos –explica Ledda– son distintas de las que se hacían hace veinte años, porque la rama editorial ya no es parte de esta empresa. Tratamos de promover el archivo y atender tanto al público que ya nos conoce como al que todavía ignora nuestra existencia. Seguimos prestando atención a nuestros usuarios clásicos, los musicólogos y los investigadores, pero al mismo tiempo tratamos de poner en marcha una serie de iniciativas para llevar el archivo al mayor número posible de personas. Estas iniciativas pasan por editar publicaciones monográficas sobre títulos bien representados en el Archivo y producir exposiciones como la que dedicamos a “Otello” en el Teatro Real».

Otra parte fundamental del trabajo consiste en la digitalización del material atesorado para que migre gradualmente a la red. «Nuestro mayor esfuerzo en los últimos años –explica Ledda– está volcado en la creación de una infraestructura web que estará disponible en nuestro portal a partir de otoño, y que estará dedicada a la consulta de las colecciones del Archivo. Lo primero en estar disponible integralmente será el material iconográfico: unas 11.000 piezas que reúnen los planos de las producciones teatrales, bocetos, figurines y tablas de atrezos. Seguirán las colecciones de los autógrafos y la correspondencia del editor con compositores y libretistas. A partir del próximo año desarrollaremos un portal con aspectos específicos relacionadas con el contenido de las cartas, porque representan desde el punto de vista histórico y de la investigación uno de los elementos más interesante. A medida que las colecciones sean digitalizadas los materiales subirán a internet».

Las correcciones de Puccini

«Nuestro trabajo –sigue Ledda– tiene dos fases conceptuales. Una fase interna de conservación y conocimiento del fondo, es decir, catalogar los materiales, restaurarlos, digitalizarlos y ponerlos a buen recaudo creando una copia digital. Y luego, sobre esta materia prima, cocinamos proyectos». En el primer apartado, una de las tareas ya finalizadas ha sido la restauración de las partituras autógrafas de Verdi y Puccini. Suscita una cierta emoción observar de cerca los papeles de ambos compositores. Sus grafías son tan indicativas del temperamento de los artistas como sus estilos musicales. La escritura de Verdi es clara, enérgica, con pocas dudas y arrepentimientos. La de Puccini es un enjambre de tachaduras, cambios y correcciones, en algunos casos correcciones sobre correcciones.

«Puccini había desarrollado una auténtica pasión por el pegamento. Pegaba papelitos encima de los pentagramas con las correcciones –explica Ferraris, mientras maneja en todo momento las preciosas hojas con sus inseparables guantes de látex–. El caso es que en ciertos pasajes hay hasta cuatro capas de papel pegadas una encima de otra». La restauración permite ahora, si uno quiere, levantar estos papelitos, por lo que es posible leer lo que está debajo de los pasajes enmendados por el compositor. Donde no se ha actuado, optando por una restauración conservadora, es en los numerosos agujeros causados por los cigarros que Puccini fumaba mientras componía. «La nieta de Puccini nos insiste siempre en que escojamos fotos en donde su abuelo no fuma, pero la verdad es que estaba la mayoría del tiempo con el cigarro en la mano».

Este material se encuentra en proceso de digitalización para poder ser consultado en la red

Los números del Archivo Ricordi son de por sí abrumadores: 7.800 partituras manuscritas (las más antiguas son «Il Ciro riconosciuto», de Jommelli, de 1744, y los «24 Capricci», de Paganini), 15.000 cartas y 10.000 libretos. Son 10.200 los bocetos, figurines y tablas de atrezos, 6.000 las fotos, centenares de revistas y todos los documentos corporativos de la empresa. Estas informaciones, juntas, tejen una red que permite reconstruir tanto el proceso creativo de cada obra como los procedimientos productivos de la industria operística y musical a lo largo de dos siglos.

Uno de los activos más importantes del Archivo Ricordi es precisamente la multiplicidad de perspectivas que su contenido encierra. «Estamos convencidos –afirma Ledda– de que el análisis de la historia de Ricordi, tan reveladora de cómo funcionaba el sistema creativo en el siglo XIX, puede proporcionar instrumentos didácticos y cognoscitivos útiles también para el público actual (descubrir, por ejemplo, que en el siglo XIX existía ya un «star system»). Nos interesa transmitir el sentido del trabajo que Ricordi realizó y de la industria que creó».

Pagar al compositor

Los análisis y las investigaciones que el Archivo Ricordi permite no se limitan al hecho musical, sino que abarcan otras disciplinas como la economía, la Historia del Arte, la gráfica, la producción editorial y teatral. Entre los documentos relacionados con «Otello», algunos ofrecen interesantes elementos de reflexión al respecto. Las páginas del libro de contratos (en el que Ricordi registraba lo esencial de cada acuerdo) permiten reconstruir el sistema de retribución de los compositores. Para «Otello», Verdi recibió una suma de 200.000 liras, más el cuarenta por ciento del alquiler a los teatros y el cincuenta sobre la venta de las partituras. Traducida en términos actuales, la cifra equivaldría a unos 900.000 euros. Y esto era el mínimo garantizado al artista. De ello se deduce que Verdi se había convertido para Ricordi en una formidable inversión.

No obstante, si se compara «Otello» con los títulos de otros compositores, el libro de contratos revela tratamientos de índole muy dispar. Los músicos menos conocidos no recibían a veces ni un mínimo garantizado, sólo ingresaban las «royalties». De esta manera, el editor minimizaba los riesgos y pagaba en función del éxito de la ópera. En caso de fracaso, la peor parte se la llevaba el creador. «Era un sistema despiadado –glosa Ledda–, pero no tan distinto del actual».

Las páginas del libro de contratos permiten reconstruir el sistema de retribución de los compositores

Aunque centrado mayoritariamente en el siglo XIX, el Archivo Histórico Ricordi se extiende a todo el siglo XX. Tal vez uno de los espectáculos más sugerentes lo ofrezca la visión de las partituras contemporáneas, tanto por sus grafías singulares como por sus formatos fuera de lo habitual. La palma de la originalidad se la lleva Sylvano Bussotti, cuyas obras plantean una originalísima fusión entre partitura y cuadro. Una de las más llamativas es «Raragramma», en donde la disposición de las notas forma desde lejos las siglas RARA. El archivo la ha escogido como imagen emblemática para imprimirla en formato de tarjeta postal. «El año pasado Plácido Domingo visitó el Archivo. Tenía curiosidad por ver los originales de Verdi –cuenta Ferraris–. Cuando le enseñamos la partitura de Bussotti, su mujer dijo: “Deberíais hacer camisetas con esto”». Quizá entre las tantas potencialidades que encierra el Archivo Ricordi esté también la del «merchandising». En el fondo, artistas como Rossini, Verdi o Puccini fueron también grandes comunicadores y grandes vendedores en el mejor sentido de la palabra: personas capaces de hablar directamente al corazón de la gente, desde la más humilde hasta la más refinada.

Cada caja que se abre, cada documento que se consulta en el archivo, evoca personas y hechos, biografías que irrumpen de repente en estos estrechos pasillos y vuelven a la vida. Es difícil imaginar tanta Historia y tantas historias concentradas en un espacio tan reducido. No extraña que el compositor Luciano Berio, al visitar el Archivo Ricordi, tuviera la sensación de encontrarse en el interior de una «catedral de la música».

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