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Van Reybrouck, la democracia no es un mueble de IKEA

¿Exportar la democracia como modelo político? No, sostiene David Van Reybrouck en «Contra las elecciones». Sus recetas han levantado polémica. Descubran por qué

David Van Reybrouck, autor de «Against Elections»
David Van Reybrouck, autor de «Against Elections»

David Van Reybrouck (Brujas, Bélgica, 1971) escribió «Contra las elecciones» en 2013 y, a pesar de haberlo publicado en el limitado espacio de la lengua flamenca, la repercusión del libro ha sido considerable. Un año después salía en Francia, y en 2016 ha aparecido la edición inglesa, con una recomendación en su cubierta firmada por el Nobel sudafricano J. M. Coetzee. La traducción española correrá a cargo de la editorial argentina Katz.

Van Reybrouck ya era un escritor conocido por su monumental «Congo», obra elogiada por «The New York Times». «Contra las elecciones» va a ser sin duda uno de los libros que más dará que hablar en los próximos años, no sólo por la minuciosa descripción que hace de la crisis de la democracia occidental, sino por la solución que propone para recuperar su legitimidad: introducir la elección por sorteo para designar a los encargados de tomas las decisiones. como se hacía en algunas instituciones atenienses.

Sin oxígeno

«La democracia está enferma, efectivamente, y no sólo en Europa -asegura David Van Reybrouck-. En resumen, creo que hemos reducido la democracia a los partidos políticos y los debates televisivos, y esa combinación, amplificada por los medios, es tóxica. La principal constatación de mi libro es que hace dos siglos que hemos hecho una asociación indisoluble entre democracia y elecciones, y eso ya no funciona hoy. Es más, empieza a ser peligroso pensar que no hay alternativas a las elecciones dentro de la democracia». Y añade: «Con este libro he querido explicar que sí hay salidas. Estamos todos en una habitación en la que empieza a escasear el oxígeno, pero hay una ventana que podemos abrir».

Lo que el autor propone, introducir el sorteo para elegir a los que toman las decisiones, es algo que choca. Él se defiende: «En 1850 hablar del derecho de voto de las mujeres también fue muy chocante. Cada innovación democrática ha empezado con un choque, desde el sufragio universal. Todo parecía insensato. Y pasa lo mismo con la elección por sorteo. Cuando alguien escucha por primera vez esto, cree que es una idiotez y, sin embargo, es un procedimiento perfectamente conocido y respetable en la Historia de la democracia. Además, en realidad la elección por sorteo es algo que ya se emplea en nuestras democracias, pero se hace de la forma menos indicada. Con las encuestas de opinión se hace cada día: se llama a miles de personas por teléfono y se les pregunta qué piensan de tal o cual cosa, de modo que luego eso es tenido en cuenta a la hora de tomar decisiones».

«La democracia no siempre sirve para resolver los conflictos, sino para enseñarnos a vivir con ellos»

«Cuando se trata de afrontar el peligro del populismo no hay más remedio que renovar nuestras democracias -afirma Van Reybrouck-. Mire lo que pasa en Estados Unidos, donde una persona como Donald Trump puede acabar siendo el hombre más poderoso del mundo porque los norteamericanos se niegan a renovar su sistema democrático. Y eso pasa en todos los países occidentales. Los populistas no son posibles porque la gente sea estúpida, sino porque organizamos nuestra democracia de manera que el populismo tenga más oportunidades. Si se limita la democracia a las elecciones, los debates televisivos y Facebook, un día u otro tendrás un Donald Trump o alguien parecido».

¿O un Podemos? «Tal vez, pero no conozco suficientemente la situación española. Me han dicho que son una fuerza de izquierda que habla de renovar la democracia, pero que en realidad busca integrar a todo el mundo. Eso no es fácil».

«En nuestras democracias se habla de los otros sin hablar con los otros -puntualiza-. Irlanda es ahora el país más interesante desde el punto de vista de la renovación democrática. Con la convención constitucional reunieron a 33 políticos y 66 ciudadanos elegidos al azar. Esas 99 personas se vieron una vez al mes durante un año para discutir la reforma de la Constitución en ciertos aspectos: los derechos de la mujer, la edad de voto y el artículo más controvertido, el matrimonio homosexual. Hubo un debate sereno entre esas personas en el que también han participado otros actores, desde miles de personas de modo individual a la propia Iglesia Católica. ¿El resultado? Que después de ese debate se propuso una reforma que fue aprobada en referéndum. Al mismo tiempo, en Francia se hizo la reforma sobre el matrimonio homosexual del modo tradicional, desde los partidos políticos, y el resultado fue que la sociedad estuvo dividida durante más de un año. Irlanda ha gestionado esta cuestión de forma mucho más inteligente, mientras que Francia se hundió en una crisis política».

«La democracia no siempre sirve para resolver los conflictos, sino para enseñarnos a vivir con ellos, gestionándolos -aclara-. Ahora, sin embargo, los actores de nuestras democracias, incluyendo España, no hacen sino agigantar los problemas. Los conflictos no deben ocultarse porque es natural que en una sociedad haya líneas de fractura. Se trata de usar la democracia para atravesar esas fracturas, pero nuestra democracia obsoleta no hace más que agigantarlas».

Al estilo escandinavo

«El autoritarismo está de regreso -sostiene Van Rey-brouck-. Si se compara con el fin de la Segunda Guerra Mundial, hoy hay muchísimos más países que se dicen democráticos; y si se pregunta a la gente si está a favor de la democracia, el 90 por ciento dirá que sí. Pero en África existen ahora muchos más presidentes que están más cerca del modelo corrupto-autoritario y electo de Blatter en la FIFA que de Mandela».

«Yo no estoy de acuerdo con defender las elecciones como un nuevo modelo de evangelización obligatoria -concluye-. En esta evangelización electoral los sacramentos acaban siendo más importantes que la fe. He seguido lo que ha pasado en lugares como Congo o Afganistán. Parecía que pensábamos que si organizábamos las elecciones al estilo escandinavo, al día siguiente nos despertaríamos y serían como Suecia. Hemos gastado 2.000 millones de euros en organizar las elecciones congoleñas..., ¿para qué? La mejor democratización es la educación, no las elecciones. Sobre todo porque a veces en esas sociedades hay también instituciones locales que son democráticas, o protodemocrá-ticas, y que pueden utilizarse. Estamos viendo en Europa que nuestro modelo está agotándose. ¿Por qué sería bueno exportarlo como si fuera un mueble de IKEA?».

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