CÓMIC

Las muchas formas de dibujar un mundo en crisis

El mundo del cómic lleva años narrando la crisis económica. Y lo ha hecho de muy diversas maneras: desde obras didácticas hasta historias costumbristas sobre los afectados por la recesión, pasando por la crítica en clave de humor

Una página de «El mundo a tus pies», de Nadar, publicado por Astiberri
Una página de «El mundo a tus pies», de Nadar, publicado por Astiberri

Tiene lógica que los cómics saquen inspiración de la crisis económica; al fin y al cabo, la industria del cómic lleva décadas en estado de crisis permanente. Por lo tanto, es un tema que conocen al dedillo.

Quizá por ello, no hay apenas un sólo género de tebeos que no haya tratado –con mayor o menor profundidad y fortuna– la cuestión de los problemas económicos y de los conflictos sociales que los acompañan. El humor (muy necesario para sobrellevar la situación) ha encontrado un filón en la crisis. Si hiciésemos un estudio de revistas satíricas, como la digital «Orgullo y satisfacción», seguramente encontraríamos que la situación económica es uno de los temas que más espacio ocupan, con la corrupción política como gran competencia. Hasta una revista del prestigio del «New Yorker» ha dedicado buena parte de sus secciones de humor gráfico a las tribulaciones de la economía, recopiladas en el libro «El dinero en “The New Yorker”» (Libros del Asteroide). En el extremo casi contrario, Mortadelo y Filemón también han tocado esta cuestión, igual que han hecho con casi cualquier tema que haya dominado la actualidad en las últimas décadas.

Superman a pie

Incluso los superhéroes –generalmente bastante alejados de temas del mundo real– se han visto influidos. El mismísimo Superman ha tenido algún giro populista, como la historia en la que decidía cruzar Estados Unidos caminando para estar más cerca de la gente de a pie –nunca mejor dicho–. Un populismo que no deja de ser una vuelta a los orígenes, cuando (antes de que hubiese supervillanos o espías nazis con los que luchar), Superman era dado a poner a buen recaudo a especuladores o políticos corruptos. También la editorial Marvel acaba de anunciar una historia de Los Vengadores titulada «Occupy Avengers», demostrando que últimamente va con un par de años de retraso con todo lo que no sean sus éxitos en cine y televisión. Y el cómic de aventuras francés ha aprovechado igualmente la temática; un ejemplo es una de las últimas aventuras de Largo Winch, «Mer noire» (Dupuis).

Pero sin duda ha sido la novela gráfica el formato en el que más a fondo se ha tratado la crisis. Y, sobre todo, en el que se ha hecho de forma más diversa. Las visiones realistas e intimistas de los problemas sociales derivados de la recesión se han alternado con lo paródico, lo reivindicativo y hasta lo didáctico.

Podemos centrarnos exclusivamente en tebeos nacionales y de todas formas hacernos con un elenco muy rico de títulos sobre la crisis

De hecho, hay muchos cómics que intentan educar sobre economía y sobre los orígenes de la crisis, ya sea desde una óptica periodística o de forma casi académica. Ejemplos de esto último son la «Introducción a la microeconomía en viñetas», por Grady Klein y Yoram Bauman (Debate), o «Economix», de Michael Goodwin y Dan E. Burr (Planeta). Trabajos de investigación y denuncia son «La máquina de hacer dinero», de Carlos Torres y Ona Peña (Ediciones B), y los varios tomos de «El negocio de los negocios» (Astiberri), creados por Denis Robert y varios artistas. Una visión más personal es la que da uno de los mejores comiqueros británicos, Eddie Campbell, en «Mi libro sobre el dinero» (Astiberri).

Como España ha sido uno de los países más golpeados por la recesión, podemos centrarnos exclusivamente en tebeos nacionales y de todas formas hacernos con un elenco muy rico de títulos. La crisis ha mostrado muchas facetas, y distintos autores han escogido unas u otras en las que centrarse.

Bancos y emigrante

Por ejemplo, la subeconomía y las personas en los márgenes de la sociedad son el tema de «Barcelona. Los vagabundos de la chatarra», de Jorge Carrión y Sagar (Norma). Isaac Rosa y Cristina Bueno se fijaron en el drama de los deshaucios para crear «Aquí vivió» (Nube de Tinta). Bueno, junto a Raquel Franco, ha elaborado otro cómic –«Las abuelas dan el golpe» (Planeta)– sobre un grupo de ancianas que atracan un banco empujadas por la necesidad y la indignación. De ancianos y bancos trata también el último cómic de Miguelanxo Prado, «Presas fáciles» (Norma), sobre los preferentistas. La necesidad de la emigración es el tema de «Leaving Spain», un proyecto que Óscar Ibáñez comenzó en su blog y que acabó logrando publicar gracias a un «crowdfunding». Algunos dan una visión más general del impacto personal y social de los problemas económicos, como Juanjo Saez en «Crisis (de ansiedad)» (Reservoir Books) o Alejandro Torres, Daniel Riego y Albert Carreres en «Andando» (Norma).

La protesta política surgida en torno a los problemas de los últimos años también ha dado pie a varios cómics. Como «Yes we camp! Trazos para una (r)evolución», un volumen colectivo en torno al 15-M publicado por Dibbuks. También, con tonos muy distintos, «No os indignéis tanto», de Manel Fontdevila (Astiberri), o «El decapital», de Rubén Uceda (La Oveja Roja).

Hasta los superhéroes –generalmente bastante alejados de los temas del mundo real– se han visto afectados por la crisis

Hay incluso autores que se han «especializado» en tratar la crisis. Un ejemplo es Miguel Brieva, buena parte de cuya obra ha girado en torno a dar una visión muy crítica de la sociedad actual, del trabajo precario, de la inseguridad económica, de la degradación ecológica, del consumismo, de la alienación a través del mundo que nos «vende» la televisión. «Dinero», «El otro mundo», «Memorias de la tierra» y «Lo que (me) está pasando» (todas ellas publicadas por Reservoir Books) están en esta línea.

Nadar ha demostrado en sus dos primeros cómics –«Papel estrujado» y «El mundo a tus pies», ambos en Astiberri– ser uno de los dos mejores retratistas de cómo afecta emocionalmente la crisis a personas corrientes, enfrentándolas al desarraigo o a la necesidad de hacer cosas que no desean y a las que nunca hubieran pensado rebajarse.

Ácido posmoderno

Un caso particular es el de Marcos Prior. Si la mayoría de autores que hablan sobre la crisis lo hacen desde el realismo, Prior opta en muchos de sus cómics –«Fagocitosis» (Glénat), «El año de los 4 emperadores» (Diábolo), «Potlach» (Norma), «Necrópolis» (Astiberri)– por un tratamiento más posmoderno y distorsionado, pero sumamente ácido.

Terminemos casi donde empezamos, en el humor, mencionando a Aleix Saló, que se ha hecho famoso con sus satíricos libros de historietas sobre la crisis, publicados por DeBolsillo: «Españistán», «Simiocracia», «Hijos de los 80», «Europesadilla»...

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