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Mathilde Pomès, la Cónsul General de nuestra poesía

Fue confidente y agente literaria de la Generación del 27. La Biblioteca Nacional nos acerca la figura de la hispanista Mathilde Pomès, a la que Gómez de la Serna llamaba su «madrina»

Detalle de la carta remitida a Pomés por Gómez de la Serna en 1929, que forma parte de la muestra de la Biblioteca Nacional
Detalle de la carta remitida a Pomés por Gómez de la Serna en 1929, que forma parte de la muestra de la Biblioteca Nacional

A la espera de conocer el epistolario completo, compuesto por más de 1.000 cartas de 160 remitentes, la Biblioteca Nacional adelanta una significativa muestra de la correspondencia recibida por la hispanista francesa Mathilde Pomès (1886-1977) a lo largo de toda una vida dedicada a las letras y a la cultura en español. Abocada al hispanismo -creció en un pueblo de los Pirineos frente a la frontera- y de sólida formación académica y literaria, trató pronto a los grandes autores españoles, en una época en la que la república de las letras se relacionaba con frecuencia y cercanía. Antonio de Marichalar y Dámaso Alonso, por ejemplo, se cartearon con James Joyce a la hora de analizar o traducir su obra.

Pomès recibe cartas de Unamuno, Azorín, Ortega, Antonio Machado, Azaña y Falla, entre otros, que precisan un término de una traducción, autorizan la publicación de unos poemas, agradecen un artículo periodístico o comentan la situación política. Para Ramón Gómez de la Serna, cuyas «Greguerías» tradujo en 1923, fue su «madrina». Pero con quien mantuvo la hispanista una relación más intensa y cordial a la luz de estas cartas fue con la Generación del 27, que vio en ella una amiga, confidente, agente literaria y conseguidora de todo tipo de favores en un tiempo en el que Francia era la consagración de artistas y escritores.

Paul Valéry en pijama

Medió para que Pedro Salinas lograra una plaza de lector de español en la Sorbona en 1914, acogió a Manuel Altolaguirre cuando llegó desnortado a París e hizo posible el sueño de Jorge Guillén de conocer en persona a Paul Valéry cuando estuvo en Madrid en mayo de 1924. La carta en la que Guillén da cuenta de la visita roza el paroxismo: «Me recibió en pijama, amabilísimo […] Para mí Valéry ha sido la brújula poética: es mi padre más que mi maestro».

Al estallar la Guerra Civil, Pomès estaba en uno de los cursos de verano que Salinas organizaba en Santander y se llevó con ella a los hijos del poeta en un barco de bandera internacional fletado para evacuar a profesores y alumnos extranjeros. En los años treinta, cuando preparaba una antología de la joven poesía española («Anthologie de la poésie espagnole», 1934), caen sobre ella: sugieren nombres y se afanan en desvalorizar a los autores de la generación anterior.

Hay una fotografía en la que posa con Juan Guerrero, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, José Bergamín, Vicente Aleixandre y Pedro Salinas, entre otros, en un homenaje que le ofrecieron en el restaurante Buenavista de Madrid en abril de 1931. Le mandan postales colectivas que firman con dibujos y guiños literarios y Aleixandre la considera «Cónsul General de la Poesía española en Europa». Juan Guerrero, tiempo después, escribe: «…esperaba que los poetas honrados por usted hiciesen brotar en las revistas y prensas españolas el elogio tan merecido por su esfuerzo y gentileza. El silencio observado me ha dolido tanto como si se tratara de un agravio personal para mí».

Fue la encargada de la literatura española en«Le Figaro» en los años 30 y escribió en «ABC»

Este epistolario muestra los anhelos e inquietudes de toda una generación, muchas veces entreverados, como señala Elisa Ruiz, comisaria de la muestra, «de afán de protagonismo y pueriles vanidades». Mathilde Pomès legó al morir a Elisa Ruiz y a su marido, Manuel Sito Alba, las cartas recibidas por autores españoles e hispanoamericanos, que serán donadas a la Biblioteca Nacional cuando termine el proceso de edición. «Este es uno de los últimos epistolarios valiosos que tenemos en España, si no el último», ha declarado Ruiz.

La comisaria quiere rendir homenaje a tres mujeres que, a diferencia de los protagonistas masculinos, triunfadores en su campo y hoy conocidos y admirados, apenas han merecido atención: «Sin ellas nada habría sido igual». En primer lugar, la propia Mathilde Pomès, que dedicó lo mejor de su vida al hispanismo, defendió su causa con todas sus fuerzas y nunca obtuvo reconocimiento. Fue una notable intelectual invitada a comer semanalmente en casa de Paul Valéry, colaboradora de Valery Larbaud y autora de varios libros de poesía, traducciones de clásicos y contemporáneos españoles y numerosos artículos. Fue la encargada de la literatura y la cultura españolas en «Le Figaro» en los años treinta y escribió habitualmente en «ABC», donde publicó, entre 1967 y 1971, unas memorias desordenadas de su relación con España.

Una vida atormentada

De Zenobia Camprubí hay tres cartas. La mujer de Juan Ramón Jiménez mantiene relación en nombre de su marido con Pomès, que tenía en exclusiva los derechos de traducción de «Platero y yo», pero al tiempo entabla tratos comerciales para sacar adelante su negocio, una tienda dedicada al «Arte Popular Español». Mathilde no solo le enviaba hilos, tejidos y diseños sino que se ocupaba después de hacer llegar los bordados y encajes ya manufacturados a la clientela francesa.

Casi la mitad de las 121 cartas que se dan a conocer con motivo de esta exposición pertenecen a Margarita Bonmatí, la mujer de Pedro Salinas. En el catálogo, Elisa Ruiz le dedica un capítulo aparte y su nieto Carlos Marichal evoca su figura. Entregada sin fisuras a su marido, la correspondencia ofrece el retrato de una mujer frágil y enfermiza de enorme sentimentalidad. Bonmatí encontró en su amiga francesa un apoyo y un desahogo a su atormentada vida, en la que sufrió infidelidades y desplantes, enfermedades y un intento de suicidio. De un tiempo en el que la comunicación epistolar permitía expresar los sentimientos, estas cartas inéditas serán imprescindibles para desentrañar la trayectoria íntima de uno de los grandes poetas del siglo XX, a la que vez que desvelan el interior de una gran mujer.

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