Luisgé Martín en el rodaje de «El dios de madera», de Molina Foix
Luisgé Martín en el rodaje de «El dios de madera», de Molina Foix - Archivo personal del autor
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Luisgé Martín baja al infierno

Luisgé Martín aborda en «El amor del revés» el proceso comprendido entre el descubrimiento y la aceptación de su sexualidad. Sin pelos en la lengua. Un desnudo integral

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Siempre me han puesto los pelos de punta, y perdón por la confidencia, esos escritores airados que, mirándote fijamente o mirando fijamente a una cámara, sueltan algo tan intenso como: «Yo es que escribo con las tripas, ¿sabe?». Porque nadie escribe con las tripas. Se escribe con la cabeza. Con las emociones.

Con la cabeza y con las emociones -con el corazón- ha escrito Luisgé Martín (Madrid, 1962) «El amor del revés», unas «memorias sodomitas» -las palabras son suyas- por las que, de cuando en cuando, se cuela la ficción: a la hora de recrear detalles, allí donde no le alcanzan los recuerdos, al autor de «La muerte de Tadzio» y «Las manos cortadas» le alcanza la imaginación.

«A lo largo de mi vida he conocido a chicos homosexuales que intentaron suicidarse varias veces para huir de la hostilidad del mundo y de su propio sentimiento de culpa. He conocido a hombres casados con mujeres por las que sentían asco. He conocido a adolescentes indefensos repudiados por sus familias. He conocido a muchachos que se habían vuelto clínicamente locos -psicopatías, bipolaridad, neurosis obsesivas- a causa de las maldiciones y las burlas que sufrían cada día. He conocido a extranjeros que habían llegado a Madrid escapando de sus ciudades y a españoles que se marchaban a otros países para poder guardar su vida y su reputación al mismo tiempo. He conocido, en fin, a personas que perdían su trabajo o eran abandonadas por sus amigos a causa de su conducta sexual desviada y proscrita por la ley de Dios y por la ley social». En nombre de todos ellos, pero sobre todo en su propio nombre, Luisgé Martín toma la palabra.

Gregorio Samsa

El objetivo, contarnos su transformación. Una metamorfosis inversa a la Gregorio Samsa: de cucaracha a ser humano. Del Luisgé niño que, educado en el catolicismo y en el peso del pecado, le pedía a Dios que le gustaran las chicas, al Luisgé adulto y su matrimonio, en 2006, con otro hombre.