France Gall posa en 1965 con la medalla de Eurovisión junto a Serge Gainsbourg (izquierda)
France Gall posa en 1965 con la medalla de Eurovisión junto a Serge Gainsbourg (izquierda)
MÚSICA

France Gall, reina en el jardín de rosas

Con la muerte de la ganadora de Eurovisión desaparece uno de los grandes iconos del yeyé francés de los años sesenta

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Las fotografías de las damas de la canción francesa de los sesenta, los peinados, la ropa, los complementos, han quedado congelados en el imaginario colectivo. France Gall asustada en las calles de París mientras las palomas se posan en su cabeza. Françoise Hardy montando en bicicleta. Jane Birkin semidesnuda, como una modelo en busca de pintor. El yeyé francés tuvo más de ruptura y emancipación en la forma de entender la vida que en el estricto ámbito musical. Fueron canciones de consumo rápido en tocadiscos portátiles, epés de cuatro canciones que explotaban la figura de la «lolita» desde sus encantadoras portadas.

France Gall no fue la primera, vino después de que en 1962 Silvie Vartan registrara una versión de Ray Charles retitulada «Est-ce que tu le sais?» junto a «Tous mes copains» y «Madison Twist», también trampolín para Johnny Hallyday. El mismo año aparece la divina Françoise Hardy con «Tous les garçons et les filles». Serge Gainsbourg, elemento coagulante, consigue en 1963 su primer éxito con «La javanaise» en la voz de Juliette Gréco. El productor Claude Carrère lleva a la joven Sheila al millón de copias con el epé a 45rpm «L’école est finie». Es en 1963 cuando muere Edith Piaf, también cuando Isabelle Aubret sufre un accidente. Y Gainsbourg retoma su relación con Brigitte Bardot.

Con su pequeño lunar en la mejilla. Y su risa. Una delicia

El año 1964 es sensacional, aunque solo sea por el concierto de Jacques Brel en el Olympia. Gainsbourg se centra en componer para France Gall «N’écoute pas les idoles» y «Laisse tomber les filles», rescatada por Tarantino décadas después. Siguen saliendo competidoras, como Barbara, y su clásico «Nantes», pero para 1965 France Gall es ya la lolita yeyé más consolidada gracias a su éxito en Eurovisión, donde pese a desafinar se gana de largo al jurado con «Poupée de cire, poupée de son», de Serge. Pero es en 1966 cuando un mefistofélico Gainsbourg ofrece a France Gall «Les sucettes», una canción ingenua sobre piruletas que resultó ser la canción más osada del siglo. De la época hay numerosas instantáneas de France Gall chupando insaciable, sin ella entender nada. ¿O tal vez sí? Con Stone arranca la canción contestataria al cantar a «Notre génération» mientras siguen emergiendo nuevas damas, como Marie Laforet y su éxito «Mon amour mon ami» o «La musique» de Nicoletta.

Tras el escándalo de Eurovisión en 1967, cuando Sandy Shaw gana con un plagio de un tema de Jean Tranchant, France Gall decide marcharse a Alemania, una decisión vista con perspectiva desafortunada. Gainsbourg había realizado para ella en 1968 canciones arriesgadas, con tablas, sitar y producción de psicodelia pop, como «Nefertiti» o «Teenie Weenie Boppie», que ya no depararon éxito. Brigitte Bardot solicita a su ex Gainsbourg la canción de amor jamás cantada y Serge le escribe «Jé t’aime moi non plus». Aunque la cantan a dúo, la inmortalidad se la llevó Jane Birkin, el mayor éxito de la canción francesa de la década. France Gall seguiría, aunque ya no será lo mismo. Congelada en los sesenta, ella y su pequeño lunar en la mejilla. Y su risa. Una delicia.