Jesús G. Calero - Sin cobertura

Las cosas del comer (y Tita)

Carmen Thyssen en la Moncloa, «La primavera» de Arcimboldo en el Bellas Artes de Bilbao y André Gide en las librerías. Buen menú para comenzar el otoño

Jesús G. Calero
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Mientras la baronesa se preparaba para la comida a la que ha sido invitada en la Moncloa estos días habrá pensado, sonriente, en su Heini y en cuando no era tan difícil explicar lo importante que es la cultura para el Estado. Rajoy recibe con gusto a Carmen Thyssen –todo sea por ayudar a Méndez de Vigo a lograr el acuerdo sobre su colección, para la que se amplió el museo–, ahora que es comisaria. El almuerzo es un respiro para el presidente, entre las náuseas que le produce el procés y la dispepsia que le causa Sánchez.

Ahora que vuelve MasterChef Celebrity deberíamos tomarnos muy en serio la cultura y las cosas del comer. Ahí tenemos a Arcimboldo, pura fibra en las subastas, siempre saludable en los lienzos, verdurilla manierista que de mano en mano va. El cuadro «La primavera», estrella de la colección de la Real Academia de Bellas Artes, ha pasado en Japón la temporada de misiles norcoreanos y tifones y ha cosechado recursos por préstamo delicioso. Regresa a España esta semana. Me dicen que la delicada tabla no parará en la Academia ni para un respiro de conservación, sino que toma otro avión con destino a Bilbao, al Bellas Artes, cuyo director está atrayendo como Magneto a la «crème de la crème» del arte para que su nueva casa brille como un púlsar. En el Prado todo lo logró y en el Bellas Artes Zugaza se merienda los ochomiles del arte.

El préstamo del Arcimboldo es la cosecha de un bien cuidado huerto de amistades. Por cierto, el nombre de Zugaza, sobrado de currículum, aparece entre los nuevos integrantes de la Junta de Valoración y Exportación del Ministerio, siendo todos los demás funcionarios de museos públicos. Para comérselos.

Comer o ser comido... Llega a mis manos «Regreso de la URSS» (reedita Alianza), de André Gide, anatema de comunistas de entreguerras que no cunde en Podemos ni en la CUP. Gide viajó a los soviets y no le perdonaron que contase las averías de la revolución. La unidad de medida de maltrato al discrepante debería ser el «gide» como la de la fuerza es el «newton». Cita a Tocqueville, tan actual: «El amor al orden se confunde con la devoción a los tiranos y el culto sagrado de la libertad con el desprecio de las leyes». «Pa amb tomàquet».

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