Cultura - Arte

El himno a la vida de Renoir resuena en el Museo Thyssen

La pinacoteca dedica una monográfica con 78 obras al pintor francés, «el más difícil de los impresionistas», tan amado como incomprendido y detestado

«Retrato de la mujer de Monet», de Renoir
«Retrato de la mujer de Monet», de Renoir - MUSEO CALOUSTE GULBENKIAN, LISBOA

Ya decíamos, hace unas semanas, que Renoir iba a convertirse en uno de los protagonistas del otoño artístico en España. Abrió plaza la Fundación Mapfre el mes pasado con una muestra en su sede de Barcelona, que reúne 40 obras del pintor francés (más 30 de otros artistas), todos ellos préstamos de los Museos d’Orsay y de l’Orangerie de París, que atesoran la mayor colección de Renoir, tras la Fundación Barnes de Estados Unidos. Ahora le toca el turno al Museo Thyssen, que también ha organizado una monográfica del pintor. En este caso podrán admirarse, hasta el 22 de enero de 2017, 78 obras, procedentes de museos de todo el mundo, como el Metropolitan de Nueva York, el Art Institute de Chicago, el Getty de Los Ángeles, el Pushkin de Moscú o la National Gallery de Londres, entre otros. La muestra, que cuenta con el mecenazgo de Japan Tobacco International, viajará después al Museo de Bellas Artes de Bilbao.

«Después del almuerzo», de Renoir
«Después del almuerzo», de Renoir- STÄDEL MUSEUM, FRÁNCFORT

Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen y comisario de la exposición, explica que Renoir, pese a ser uno de los más grandes pintores de la Historia y uno de los más grandes maestros del impresionismo, junto a Monet, «sigue siendo un incomprendido, detestado por muchos. Salvo algunos de sus iconos, su obra no ha llegado del todo al público». En contra de lo que suele pensarse, que es un pintor demasiado fácil, cree Solana que «se ha vuelto el más difícil de los impresionistas. Por eso hemos hecho esta exposición tan tarde, después de las dedicadas a otros impresionistas y postimpresionistas: Sisley, Monet, Pissarro, Van Gogh, Cézanne, Caillebotte... Y las seguiremos haciendo. Me ha costado mucho escribir el texto sobre Renoir para el catálogo, ha sido muy complicado».

Contra intelectuales y feministas

Retrata el comisario al artista como un hombre que priorizaba los sentidos por encima de todo, que tuvo prejuicios contra los intelectuales («creía que eran tarados, incapaces de ver, oler, tocar..., gente a la que no le funcionaban los sentidos») y cuyas declaraciones antifeministas tampoco le favorecieron. Prefería que las modelos no pensaran. Pese a que la vida no le trató demasiado bien (único de los impresionistas cuyo origen fue humilde, padeció al final de su vida una artritis reumatoide que deformó sus manos y le dejó inválido), «su obra siempre tiene un espíritu celebratorio, es un himno a la vida». El heroísmo de Renoir no consistía, precisamente, en hacer una pintura trágica, sino gozosa, placentera. El intenso dolor que padecía solo se mitigaba mientras pintaba. «Me gustan los cuadros que me dan ganas de pasearme por ellos. La obra de arte debe apresarte, envolverte, llevarte», decía.

«El almuerzo de los remeros», de Renoir
«El almuerzo de los remeros», de Renoir- ART INSTITUTE, CHICAGO

El título de la exposición, «Renoir. Intimidad», se debe a un rasgo central en todas sus obras: el deseo de proximidad, de cercanía, la intimidad y empatía con sus modelos. No solo humanos, puntualiza Solana, también con las manzanas o un ramo de rosas. «Entraba en sintonía con todo lo que pintaba. Y traslada esa intimidad al espectador, que se siente invitado a la escena pintada».

Intimidad y sensualidad. Una pintura que invita a los sentidos: no solo el visual, también el táctil. Muchas de sus modelos, carnales y voluptuosas, juegan con sus largas melenas que enredan entre sus dedos. «Mi padre miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician», escribió Jean Renoir.

Una mirada a los clásicos

«La fuente», de Renoir
«La fuente», de Renoir- COLECCIÓN E. G. BÜHRLE, ZÚRICH

Dividida en seis apartados, dos de las salas del Museo Thyssen muestran su faceta como pintor impresionista, las más conocida. Pero tan solo permaneció en el grupo de 1869 a 1880. A esta etapa pertenecen préstamos tan destacados como «Después del almuerzo», «Almuerzo en el restaurante Fournaise (El almuerzo de los remeros)», «Baños en el Sena» o «Retrato de la mujer de Monet». Pero, como les pasó a otros muchos de sus colegas (Picasso incluido), regresó al orden, sintió que debía volver la mirada a los clásicos: Rafael, Miguel Ángel, Ingres...

Advierte Solana que en esta exposición «será un descubrimiento el Renoir retratista. Aunque es irregular. Junto a retratos geniales, si no tenía empatía con el retratado sus obras solo eran aseadas, no eran geniales». Hizo numerosos retratos por encargo de la alta sociedad parisina de la época, entre ellos varios miembros de la familia de Paul Durand-Ruel, el marchante francés que más apoyó al grupo impresionista. No falta una selección de sus paisajes, un descanso en su casi obsesiva dedicación a la figura humana.

La intimidad está presente en la muestra de dos formas bien distintas. En realidad, de tres. Por un lado, sus escenas de género protagonizadas por mujeres en la intimidad de su casa dedicadas a los placeres cotidianos: en la toilette, cosiendo, leyendo, tocando un instrumento... Por otro, escenas domésticas familiares centradas en su esposa, Aline; sus hijos (Pierre, Coco, Jean) y la niñera de estos, Gabrielle, una de sus modelos favoritas; o Andrée Heuschling, quien acabó casándose con Jean Renoir. En la última etapa de su vida, este viejo voyeur se cuela en la intimidad de unas jóvenes y lozanas bañistas, que exhiben sin pudor sus voluptuosos cuerpos desnudos. El impresionismo no abordaba el desnudo, pues lo consideraba académico. Sin embargo, Degas y Renoir hicieron caso omiso y desnudaron a sus musas. «Renoir se reconcilia con la tradición -comenta Guillermo Solana-, reaprende la pintura de la mano de Rafael, Miguel Ángel, Tiziano, Rubens... Se midió con los maestros antiguos para hallar un lugar en la tradición. Pero sus desnudos son aún mal comprendidos».

Multisensorialidad

«Mujer al piano», de Renoir
«Mujer al piano», de Renoir- ART INSTITUTE, CHICAGO

Cierra la exposición una pequeña sala multisensorial, «Un hermoso jardín abandonado», en la que se ha hecho una reproducción táctil de una de las obras que cuelgan en la exposición, «Mujer con sombrilla en un jardín», de la Colección del Museo Thyssen, que el visitante podrá tocar como haría un invidente. También se puede oír el canto de los pájaros u oler el aroma de rosas, amapolas, lirios, margaritas o simplemente la hierba. «Puede parecer algo naif, pero seguramente le habría gustado a Renoir», apunta el comisario.

Preguntado acerca de la exposición que la Fundación Mapfre dedica a Renoir en Barcelona, dice Solana: «Esta exposición cubre toda la producción del artista con préstamos de museos de todo el mundo. La de Mapfre es una selección de una colección, la de los Museos d'Orsay de l'Orangerie. Al igual que la que hizo el Prado en 2010 con fondos de la colección Clark. Pero, para mí, una retrospectiva no es una selección de tesoros de una colección. Es otra cosa: se solicitan préstamos allá donde estén». La muestra se completa con un ciclo de cine: todos los sábados, del 5 de noviembre al 10 de diciembre.

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