Cultura - Arte

Renoir protagoniza el otoño artístico español

La Fundación Mapfre, en Barcelona, y el Museo Thyssen, en octubre en Madrid, le dedican sendas monográficas

«El baile en el Moulin de la Galette» Pierre-Auguste Renoir

La crítica ha sido feroz y despiadada con Pierre-Auguste Renoir (1841-1919): sus temas (mujeres, niños, flores, frutas), sus colores pastel, sus desnudos sensuales y hedonistas le han llevado a que lo tilden de pintor cursi, kitsch, empalagoso, tan hipoglucémico como el coma diabético que parecen a punto de sufrir sus orondas musas. Todo sentido y sensibilidad, este Jane Austen de la pintura. Lo tacharon de artista banal que no sabía dibujar e incluso de machista por su forma de abordar a la mujer en su trabajo.

Son «Pomonas neumáticas», se lamentaba Marie de Heredia. Hace unos años un tal Max Geller encabezó en Estados Unidos un movimiento, «Renoir apesta como pintor»: pretendía que se retirara su obra de los museos norteamericanos. Pero, más allá de anécdotas, gustos y modas, filias y fobias, Renoir es un pintor enorme. Como prodrán comprobar quienes se acerquen a alguna de las dos monográficas que, casualmente o no, se le consagran en España este otoño. En 2010 su pintura, procedente de la colección Clark, colgó en el Prado sin demasiado éxito.

«Mujer desnuda acostada» de Pierre-Auguste Renoir
«Mujer desnuda acostada» de Pierre-Auguste Renoir

La primera, presentada ayer, en la sede de la Fundación Mapfre en Barcelona, un precioso palacete modernista que le sienta como un guante a este esteta, consagrado a la alegría de pintar, a la celebración de la vida. «Sus cuadros están llenos de felicidad», advierte Pablo Jiménez, director de Cultura de la Fundación Mapfre. La exposición se centra en la imagen de la mujer. Fue su principal tema de inspiración. Hasta cuando se autorretrata lo hace con una señora reflejada en el espejo.

En buena compañía

Renoir siempre estuvo rodeado de mujeres: su esposa, Aline; amigas y modelos, como Lise, Angèle, Margot, Gabrielle Renard (prima de su mujer y niñera de sus hijos) y Andrée Heuschling, que acabó casándose con su hijo Jean, célebre director de cine; actrices y damas de la alta sociedad a las que retrató... A través de 40 obras del pintor francés (más 30 de otros artistas), excepcionales préstamos de los Museos d’Orsay y de l’Orangerie de París –atesoran la mayor colección de Renoir, tras la Fundación Barnes de Estados Unidos–, podemos conocer cómo evoluciona su ideal femenino: desde las modernas parisinas de su etapa impresionista en los 70 (aunque se le conoce como uno de los grandes popes del impresionismo, tan solo perteneció a este grupo durante diez de sus cincuenta años de carrera), pasando por sus escenas intimistas (en «Maternidad», presente en la muestra, pintó a su mujer amamantando a su hijo Pierre), su mirada al clasicismo de Ingres, Rafael, Tiziano y Veronés, tras su viaje a Italia en 1881-82, donde superó una aguda crisis creativa; sus escenas voyeuristas de la mujer en la toilette, hasta el esplendor rubensiano de los últimos años, en los que un anciano postrado en silla de ruedas, aquejado de artritis reumatoide, pintaba como podía carnales bañistas que semejan ninfas en la Arcadia.

«El paseo», de Renoir.
«El paseo», de Renoir.

Decían los críticos que Renoir, el gran pintor de desnudos, pasó de pintar parisinas desvestidas a mujeres que nunca conocieron la ropa. Funde mujer y naturaleza, clasicismo y modernidad. Al igual que hizo Picasso al final de su vida, regresa al orden. Picasso sentía un gran interés por Renoir. Como pago por las planchas de la «Suite Vollard», pidió un cuadro de Renoir y otro de Cézanne. No es, pues, casual que, junto a «Las bañistas» (considerado el testimonio pictórico de Renoir y uno de los cuadros más bellos pintados nunca, según Matisse), cuelguen al final de la exposición grandes lienzos picassianos.

Su coste: 600.000 euros

La exposición, que ayer por la tarde visitaba Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, y que ha costado 600.000 euros, cuenta con una estrella rutilante:«El baile en el Moulin de la Galette», el Renoir más célebre y una de las obras maestras de la Historia del Arte. Icono del impresionismo, es la quinta vez que sale de Francia: ha estado en el MoMA de Nueva York, el Ermitage de San Petersburgo; acaba de llegar de Japón... Y, casi un siglo después, regresa a Barcelona, donde ya estuvo en 1917 entre las 1.500 obras de artistas franceses que conformaron una exposición, organizada en plena Gran Guerra por un grupo de intelectuales que se solidarizaron con sus colegas franceses.

«Las bañistas» de Pierre-Auguste Renoir
«Las bañistas» de Pierre-Auguste Renoir

En 1876 Renoir pintó dos versiones de este cuadro: el del Museo d’Orsay (fue propiedad del pintor Gustave Caillebotte, quien lo legó al Estado francés en 1894) y el que se subastó en 2009 en Sotheby’s de Nueva York por 78,1 millones de dólares, que sacó a la venta la viuda de John Hay Whitney. La escena tiene lugar en el célebre merendero parisino de finales del XIX, donde una multitud celebra, al igual que hizo Renoir toda su vida, el gozo de vivir. Como homenaje a los pintores catalanes que estuvieron en aquel París bohemio descubriendo la modernidad, cuelga en la exposición el Moulin de la Galette visto por Casas y Rusiñol, que vivieron allí.

¿Fue machista y misógino?

La muestra abarca todas las etapas y facetas de Renoir: la retratística, la paisajística y la escultórica (se exhibe un busto en madera policromada de la esposa del artista). Trabajó con el joven escultor francés de origen español Richard Guino, a quien la Justicia confirmó la coautoría de las obras.

Fotografía de Renoir anciano
Fotografía de Renoir anciano

Al preguntarle por el presunto machismo de Renoir, Paul Perrin, conservador del Museo d’Orsay y comisario de la exposición, quiso disipar cualquier atisbo de duda: «La Historia del Arte feminista ha presentado una visión descarnada de Renoir como un misógino. Se invirtieron los valores. En el siglo XIX se le consideraba feminista, pues glorificaba la imagen de la mujer, pero en el XX aparecieron los fantasmas por su forma conservadora de verla. Hoy eso ha cambiado». En esta línea, Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen y comisario de la exposición que esta pinacoteca dedicará a Renoir del 18 de octubre al 22 de enero, subraya que «era antifeminista, pero no misógino.No estaba a favor de la emancipación de la mujer, pero no la trató como un objeto; jugó un papel fundamental en su obra. Junto a las bañistas retrató a mujeres leyendo, tocando el piano... El problema es que sus testimonios tardíos distorsionaron su historia. Es un pintor muy antiintelectual, pero excelso. Los gustos van y vienen por modas. Pero en la época de la apoteosis del hiperkitsch (véase Koons) decir que Renoir pinta mal es un argumento de filisteos». Una historiadora del arte feminista dirigirá un ciclo de conferencias en el Thyssen que promete dar mucho que hablar.

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