Cultura

El mundo de la cultura clama por un ministerio propio

España pierde oportunidades por la falta de una estrategia cultural clara en un momento decisivo

La cultura es el elemento cohesionador y de transformación idóneo en momentos de crisis

El mundo de la cultura clama por un ministerio propio
ABC.ES Madrid - Actualizado: Guardado en:

Si España ha aportado algo al mundo durante los últimos siglos, ha sido cultura. Y, como nos recuerda Darío Villanueva, director de la RAE, la palabra cultura es la más buscada en la web de la Academia. Por algo será. Estamos en los dominios de un idioma que no nos pertenece, que compartimos con 500 millones de personas. Pero... ¿hemos sido conscientes de su valor, se ha hecho lo mejor desde el Gobierno para darle la resonancia que merece? No parece.

Están recientes las severas críticas a los resultados del IV Centenario de Cervantes, para muchos una oportunidad perdida. Cuando la crisis anegó como un tsunami las cuentas públicas y privadas, no se marcó una prioridad cultural. El PP decidió volver a fusionar los ministerios de Educación y Cultura, dos ámbitos llenos de vínculos cuya unión iba a ahorrar recursos. Ese tal vez fue el error. La palabra relevante no era crisis, sino estrategia. Otros países, como Francia o Italia, lo hicieron mejor, como les mostramos en estas páginas. En España la educación volvió a enredarse en la política y se comió el espacio de la cultura. Ni uno solo de los grandes debates culturales (el IVA, el mecenazgo, la piratería) ha encontrado consenso ni solución. Y sigue habiendo una silla vacía en el Consejo de Ministros, como símbolo.

ABC ha pedido en varias ocasiones que se ponga remedio a esta situación. Hoy ampliamos el debate preguntando al sector y explicando qué hacen otros países cuyo ejemplo importa para esta cuestión. El resultado es unánimemente favorable a un ministerio separado del de Educación.

Razones de peso

Pocos países hay en Europa con un problema mayor de identidad que el que vivimos en España. Y todos señalan la cultura como el mejor elemento de transformación y cohesión que hay. Otorgarle rango ministerial autónomo es un primer paso. El director de la RAE cree fundamental el tema. «El Estado parece poco interesado en una política cultural integradora, escudándose en la transferencia a las Comunidades Autonómicas –dice–, pero es necesario crear un ministerio para un empoderamiento de nuestra cultura, que aporta parte considerable de nuestras señas de identidad como españoles en el mundo».

Igualmente, el exministro de Cultura César Antonio Molina cree que debe haber un ministerio «porque la cultura refleja la identidad de un país, y porque representa también a quinientos millones de personas que hablan nuestra lengua común. Debemos liderar el mundo iberoamericano». Además opina que «un secretario de Estado es visto como un consejero de una Comunidad Autónoma y en Bruselas la autoridad de un ministro es mayor. Un ministro tiene más peso en el Consejo y ante el ministro de Hacienda (con el que siempre tendrá que “pelearse”)». El ministro de Cultura «representa a más de un millón de personas que viven de nuestra industria cultural, una de las más poderosas de Europa, que aporta al PIB un tanto por ciento muy importante», concluye.

Se muestra muy de acuerdo Marta Rivera de la Cruz, escritora y diputada de Ciudadanos, que preside la Comisión de Cultura en el Congreso. Y añade un elemento que le preocupa: «La gran desafección en la sociedad hacia el sector cultural. Se han dinamitado los puentes y hay que reconstruirlos. Un ministerio de Cultura es clave para eso». Y añade que «el papel de España ante el mundo pierde peso cultural si en lugar de un ministro hay un secretario de Estado. Deben ser ministerios conectados, porque el gran trampolín de la cultura debe ser la escuela. Pero espero que en el próximo gobierno la apuesta vaya por ahí».

El Cervantes, en horas bajas

La falta de estrategia es preocupante para ella: «Cedemos terreno en beneficio de otros países. La gran puerta de entrada del cine iberoamericano en Europa es ahora Francia, cuando eso lo debería liderar España. Y nuestra joya, el Instituto Cervantes, está perdiendo alumnos en el momento en que suben los estudiantes de español. Es clave impulsar el Cervantes en todos los países latinoamericanos». Para ella está claro que «deberíamos dejar fuera del rifirrafe político la cultura. Tenemos que dejarnos tanto la cultura de hacer política como la política de meter sus manos en la cultura». ¿Prioridades? Acabar con la piratería y consolidar la enseñanza del español. «Si fuera el francés en París lo estarían aprovechando mucho mejor que nosotros. Nos falta ambición».

Un político que ejerció de secretario de Estado de Cultura en un Ministerio fusionado es Luis Alberto de Cuenca, poeta y gran conocedor de este y de todos los clásicos. «No funcionó. Por mucho que se esfuerce, el ministro de Educación es de Educación sobre todo. No tenía yo las armas suficientes para hacer lo que quería porque dependía de una instancia superior, muy enfrascada en agrios debates políticos. Bajo ese paraguas solo se veía Educación, Cultura queda como algo residual».

Entre las pruebas que añade esta nueva etapa destaca «la ocasión perdida de celebrar el IV Centenario de Cervantes, que se habría convertido en la razón de ser de un Ministerio de Cultura, si lo hubiera habido».

El filósofo Javier Gomá distingue cuatro tipos de «Cultura»: la de las tradiciones, la que crean los autores, la industria cultural y la política. «Estas dos últimas deben servir a la de los autores, la segunda, porque es la que hace grande a un país». Considera la opinión de quienes han tenido responsabilidad de gestión política y acepta que un ministerio daría mayor representación política. «Pero no seamos negativos, la oferta cultural es enorme».

Respeto a las obras

Hay que recordar que el Ministerio de Cultura fue un invento francés, de André Malraux, que creía, como recuerda Simón Casas, el nuevo empresario de Las Ventas, que «es transversal a todos los ministerios». Gregorio Marañón afirma que la realidad ha demostrado que debe haber un ministerio, aunque valora el trabajo de Méndez de Vigo muy positivamente. Los hay que piden un pacto de Estado como Antonio Resines, y los que acentúan la autonomía de gestión y el presupuesto, entre ellos Miguel Zugaza. Para muchos autores lo fundamental es el respeto a las obras, acabar con la piratería y la conciencia profunda de lo que la cultura es. Ahí, para Jaume Plensa la cultura es parte imprescindible del ADN de la sociedad. José Manuel Ballester, por su parte, recuerda que la cultura sobreviviría sin la política, pero sería triste, tendríamos una realidad empobrecida.

En definitiva, hay unanimidad sobre la necesidad de generar una estrategia que dé la importancia que merece a la cultura como elemento transformador, de cohesión y de desarrollo para las industrias creativas. Estos aspectos tienen una gran potencialidad en países como España, volcado a América y miembro de la Unión Europea. Con un patrimonio importantísimo asociado al turismo de calidad. Y aportan además crecimiento en sectores fundamentales y una imagen moderna de lo que somos. ¿Ministerio? Lo que nos jugamos es importante. Ha llegado la hora de ser consecuentes.

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