Humphrey Bogart, en una mítica escena de «Casablanca»
Humphrey Bogart, en una mítica escena de «Casablanca» - ABC

Casablanca, 75 años de leyenda

Un libro rinde homenaje a la película que más fascinación, frases y momentos ha regalado al mundo

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La primera proyección pública de «Casablanca» fue en el Teatro Hollywood de Nueva York el 26 de noviembre de 1942, aunque su estreno oficial no sería hasta el 23 de enero de 1943, lo cual significa que lleva justo ahora 75 años tejiendo esa leyenda de la que habla el título, y no el título de este artículo, sino el del libro que acaba de aparecer para conmemorarla y que entra en el territorio «Casablanca» desde todos los ángulos posibles y desde la perspectiva amplísima de varios escritores, críticos y cinéfilos. Se ha escrito tanto sobre esta película, probablemente la que más fascinación, momentos y frases le ha regalado al mundo, que parecía imposible que aún quedara algún secreto o algún recoveco por iluminar, y tal y como uno se adentra en la lectura de estas páginas se da cuenta de aún le quedaba más por saber y por sentir sobre ella que lo que sabía y sentía.

Arranca la lectura de «Casablanca, 75 años de leyenda» con un artículo de Eduardo Torres Dulce, que es el artífice de esta edición de Notorius, titulado «La Patria de un Hombre», la cual no la localiza, como Baudelaire o Rilke, en la infancia, sino en sus propios recuerdos. Y habla del presente de indicativo en que transcurre la historia de Rick e Ilsa, de esa fugacidad, ese no futuro que hace imposible cualquier «remake» o revisión de «Casablanca»; también de su tropa de guionistas, gobernados por el «astuto Hal B. Wallis», y alude a esa frase acuñada por José Luis Garci sobre el cine como vida de repuesto. Y es precisamente Garci quien continúa el relato de este libro con el texto íntegro de su mítico cortometraje «Casablanca revisitada».

«Silencio, se rueda»

Antonio Alférez ofrece un interesantísimo análisis sobre el entorno bélico, sobre las conexiones del argumento con el entramado de la Segunda Guerra Mundial y muy especialmente sobre los equilibrios reales de la contienda en los momentos en los que suceden los hechos ficticios de la película. Y también la relaciona con la situación de aquellos momentos en España y sus intereses estratégicos y territoriales (en consonancia por mantenerse dentro y fuera del Eje) en Marruecos. Un análisis que se completa a la perfección con el documentadísimo trabajo que ofrece Eduardo Torres Dulce sobre el trayecto, día, mes y año, de aquella obra escrita por Murray Burnett y Joan Allison («Everybody comes to Rick’s»), hasta convertirse en la obsesión de Hal Wallis y su posterior baile de guionistas y actrices que culminaría con la presencia definitiva de los hermanos Epstein y la irrupción de Ingrid Bergman. Luego entraría en acción Michael Curtiz y, por supuesto, Humphrey Bogart (una vez descartado George Raft)… El 25 de mayo de 1942 se entró en el «silencio, se rueda» y, tras numerosas peripecias detalladas como en un cuaderno de campo, el día 3 de marzo de 1944 conseguía tres Oscar, para la película, para su director y para los guionistas Epstein y Howard Koch.

No hay ni un solo detalle, ni técnico, ni económico, ni artístico, ni estético (¡Vístelos otra vez, Orry…!, es la magnífica aportación de Lourdes Orduña sobre Orry George Kelly, el diseñador de vestuario) se escapan a la mirada abrumadora y completa de «Casablanca». Ni el minucioso análisis de la psicología de cada uno de su rica galería de personajes y su reflejo en el actor que lo interpreta. Tal es el acabado de este homenaje a los 75 años de «Casablanca», que puedo apostar (contra nadie) que el que se le haga a sus 150 años no podrá superarlo.