Ciencia

Una araña puede «oírte» desde el otro lado de la habitación

Las saltarinas «escuchan» sonidos a distancias mucho mayores de lo que se creía

Una araña saltarina
Una araña saltarina - Gil Menda
ABC.es Madrid - Actualizado: Guardado en:
Una araña saltarina
Una araña saltarina- Gil Menda

En las películas, Spiderman tiene un sentido arácnido adicional que le hace notar el peligro. En efecto, las arañas de verdad tienen algo parecido. Son muy sensibles a las vibraciones en el aire de fuentes cercanas, lo que, por ejemplo, las pone en guardia ante la aproximación de un posible depredador. Los pelos sensoriales de sus patas les permiten «oír» y reaccionar a los sonidos, pero sólo cuando son emitidos a unos pocos centímetros más o menos.

Esto es lo que se creía hasta ahora, pero las arañas han sido subestimadas. No es que sean Spiderman, pero su sentido es más fino de lo estimado. Un nuevo estudio publicado en la revista Current Biology descubre que las saltarinas, y muy probablemente también otras especies, en realidad pueden «escuchar» sonidos a distancias mucho mayores. Tanto, que pueden «oírte» aunque te encuentres en el lado opuesto de una habitación.

Los resultados ofrecen una nueva perspectiva sobre el mundo auditivo de las arañas, según los investigadores de la Universidad de Cornell. «Creíamos que el mundo sensorial de la pequeña araña saltarina estaba dominado por la vista y el tacto», reconoce Paul Shamble, que llevó a cabo el trabajo junto con sus colegas en el laboratorio de Ron Hoy en Cornell y desde entonces se ha trasladado a la Universidad de Harvard. «Sorprendentemente, encontramos que también poseen un agudo sentido de la audición. Pueden oír sonidos a distancias mucho más lejanas de lo que se pensaba, a pesar de que carecen de oídos con los tímpanos típicos de la mayoría de los animales con audición de larga distancia».

Shamble dice que su descubrimiento fue un golpe de suerte. Él y sus colegas habían ideado previamente un nuevo método para hacer grabaciones neuronales del cerebro de las arañas saltarinas y estaban usando esa técnica para explorar cómo esas arañas procesan la información visual.

Una silla que chirría

«Un día, Gil Menda (uno de los investigadores) estaba llevando a cabo uno de estos experimentos y comenzó a grabar desde una zona más profunda del cerebro de la que solemos centrarnos», recuerda Shamble. «A medida que se alejaba de la araña, la silla chirriaba por el suelo del laboratorio. Para hacer las grabaciones neuronales, ponemos un altavoz de modo que se puede oír cuando las neuronas se disparan -hacen un sonido «pop» muy característico- y cuando la silla de Gil chirriaba, la neurona que estábamos grabando surgió. El investigador lo hizo de nuevo, y la neurona se disparó de nuevo».

En ese momento, Shamble estaba en el laboratorio principal, fuera de la sala de grabación. Menda lo llamó y los dos se pusieron a hablar sobre cómo oyen las arañas. «Empezamos a discutir los detalles acerca de cómo las arañas sólo pueden oír cosas cercanas y, para demostrarlo, Paul se llevó las manos cerca de la araña y la neurona se disparó, como se esperaba. Luego retrocedió un poco y aplaudió de nuevo, y de nuevo la neurona salió despedida».

Pronto, Menda y Shamble estaban fuera de la sala de grabación, a una distancia de tres a cinco metros de la araña, sorprendidos por cómo las neuronas de la araña seguían respondiendo a sus aplausos. Sobre la base de todo lo que creían saber, eso no debería haber sido posible.

Estudios posteriores mostraron que la audición de las arañas saltadoras es más sensible a las frecuencias que les permitan escuchar los aleteos de sus enemigos, las avispas parasitoides. Experimentos de comportamiento mostraron que la araña responde a este tipo de sonidos mediante la congelación, una respuesta de sobresalto común.

Los investigadores también produjeron las primeras grabaciones de unidades neuronales acústicamente sensibles en el cerebro de la araña para demostrar que sus cerebros responden a los sonidos a distancias de más de tres metros. También encontraron que la estimulación mecánica directa de los pelos en las patas delanteras de las arañas era suficiente para generar una respuesta en las neuronas sensibles acústicamente. «Esto sugiere que las arañas utilizan estos pelos para registrar los sonidos lejanos», dice Shamble.

Los investigadores han comenzado a grabar los cerebros de otras familias de arañas para poner a prueba su capacidad auditiva.

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