SUCESOS

Un día en la rutina más humana

El goteo de pateras continúa y mantiene en alerta a los equipos desplazados en Tarifa, siempre dispuestos para salir al auxilio. LA VOZ ha sido testigo de ello

Un inmigrante envuelto en una manta a su llegada a Tarifa
Un inmigrante envuelto en una manta a su llegada a Tarifa - ANTONIO VÁZQUEZ
MARÍA ALMAGRO - @MariaAlmagroD - Actualizado: Guardado en:

Cuando algo se vuelve normal, habitual, se corre el peligro de perder la perspectiva. De enfrentarse a esa rutina sin caer en lo que supone, de insensibilizarse ante los problemas de otros, aunque estén a pocos kilómetros de ti, algo más de doce. Pero en esa rutina también hay normas y medidas. Y un grupo de personas que se mantiene siempre alerta para que lo habitual no se convierta en tragedia en tan solo cuestión de minutos.

La mañana amanecía algo nubosa este lunes. El viento de levante iba arreciando y arbolando la mar. En Tarifa empezaba a notarse con fuerza en la bocana del puerto a eso de las diez. A esa hora, la 'Salvamar Alkaid' ya estaba regresando a su atraque tras haber rescatado a unas cinco millas de la costa marroquí una patera con once inmigrantes, diez hombres y una mujer. Todos en buen estado de salud, –si 'buen estado’ se le puede llamar a intentar cruzar las fuertes corrientes del Estrecho en las condiciones que te permite una pequeña balsa de juguete–.

A. VÁZQUEZ

El protocolo se había seguido a la perfección. Como otros días. Lo habitual. Tras recibir el aviso en el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo a las 7.36 horas, el equipo se pone en marcha. Hay una patera a la deriva, sin localizar, y otras dos que, según se baraja, también parece haber salido.

Los cuatro integrantes de la 'Alkaid' se dirigen a sus puestos y se informa para que el Helimer 203, el helicóptero de ayuda, también se sume al auxilio. Las condiciones pueden ser malas y se necesita que desde el aire les echen una mano para dar con los inmigrantes. Ponen rumbo a mar abierto. Allí, los subsaharianos esperan la llegada de sus ‘ángeles’.

‘Jesús notre sauveur'

Pasadas las nueve de la mañana se localiza la patera. Una barca de juguete donde se apiñan once personas que ponen fin a esta arriesgada aventura. Les quedará otra, también complicada, pero esa la vivirán las siguientes horas y días. Se acercan a ellos y uno a uno los van subiendo. Han cambiado una barca de apenas tres metros de eslora y algo más de uno de manga por otro de 21 por seis. Atrás dejan lo poco que traían: dos neumáticos (uno de ellos deshinchado) que hacen las veces de flotador y alguna botella de agua. También, se despiden de la frase que les ha acompañado. «Jesús notre sauveur». «Jesús nuestro salvador», se puede leer todavía en la loneta pintado con tinta azul.

A. VÁZQUEZ

Mientras que llegan, se preparan los medios para recibirlos. Es lo normal. Pero lo normal aquí hay que prepararlo. Así acuden hasta el lugar donde suelen desembarcarlos: Guardia Civil, Policía Nacional y Cruz Roja. Junto a Salvamento, activan el engranaje que hace que funcione la máquina de recepción de inmigrantes. La falta de espacio en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Algeciras y el de estancia temporal de Tarifa, que han vuelto a saturarse con el nuevo goteo de pateras, obliga a dejar libres en pocos días a los sin papeles como los subsaharianos que no tienen patria reconocida. De hecho, muchos de ellos se niegan a decir de dónde son. Carecen de documentos para corroborarlo y los consulados de los países emisores rara vez los reconocen. De nuevo, lo habitual.

Los miembros de Cruz Roja se preparan. Cogen mantas. Saben que llegaran cansados y posiblemente con principio de hipotermia.

Por fin. Pasadas las doce de la mañana, cuando se dispone a partir el cuarto ferry de pasajeros del día, se ve como se acerca la 'Salvamar Alkaid'. A los pocos minutos inician la maniobra de atraque. «Espera, espera», le dice un agente a uno de los subsaharianos que se levanta de la cubierta donde permanecen sentados, dispuesto a salir. «La mujer la primera». Viene una. El otro día a Barbate llegaron cinco. A veces son una de las principales ‘presas’ de las mafias. Los traficantes les animan a que se queden embarazadas antes de subirse a la patera convenciéndolas de que teniendo su hijo en España nunca serían expulsadas.

Poco a poco, como siempre, van bajando. Los miembros de Salvamento les ayudan. Van perfectamente equipados con monos desechables, guantes, mascarilla, todo para evitar posibles contagios de enfermedades muy infecciosas.

Ellos, los rescatados, miran hacia las cámaras y a los que les ayudan. Alguno sonríe, busca complicidad, otros se mantienen serios. Bajan aturdidos, con temblores. Ahora comienza la otra aventura. La normal.

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