TRIBUNALES

El Niño, otra vez a la cárcel

El Tribunal Supremo confirma la condena de siete años de prisión para el narco Iván Odero, el conocido ‘rey de las planeadoras’ de Sanlúcar

Iván Odero sonríe a la cámara al llegar a la Audiencia
Iván Odero sonríe a la cámara al llegar a la Audiencia - ANTONIO VÁZQUEZ
M. ALMAGRO - Actualizado: Guardado en:

El narco que inspiró la historia de la película ‘El Niño’, el conocido como rey de las planeadoras de Sanlúcar tendrá que entrar de nuevo en la cárcel. El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de siete años de prisión que le impuso la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cádiz por considerar probado que era el líder de una de las bandas más activas, que se recuerdan en los últimos tiempos, experta en introducir importantes alijos de hachís desde Marruecos.

El Alto Tribunal también confirma la pena para el hermano mayor de Odero, David, y para su ‘mano derecha’, David Rodríguez. Además, mantiene las penas impuestas del resto de miembros de la organización por un delito contra la salud pública que abarcan desde los seis a los dos años. Sólo hace una pequeña rebaja para uno de los procesados, padre del ‘socio’ y lugarteniente de Odero, quien, aunque no formaba parte directa de la organización, sí permitía que escondieran droga y numerosos bienes en su casa.

Aunque cabe presentar recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional, esta medida legal no suspende la ejecución de la pena. Por tanto, Iván Odero, actualmente en libertad desde que en julio del año pasado la Audiencia consideró que no había riesgo de fuga en contra del criterio de la fiscal antidroga, tendrá que volver a la cárcel.

Esta será su su segunda vez entre rejas. Ya estuvo tres años y nueve meses por alijar 3,6 toneladas de hachís por la desembocadura del Guadalquivir. Lo hizo en junio de 2011, cuando acababa de salir en prisión provisional, justo por la operación que ahora le vuelve a encerrar.

Pues bien, la sentencia del Supremo fechada el pasado 14 de este mes y a la que ha tenido acceso LA VOZ, desestima todos los argumentos expuestos por los recurrentes, confirmándose así el fallo de instancia. Entre ellos respalda la validez de las escuchas telefónicas, base fundamental de las pesquisas que se realizaron.

Impresionante operativo

La operación que llevará de nuevo a Odero y los suyos a prisión –si ninguna otra circunstancia lo impide– se realizó en el verano de 2009. En junio, un centenar de agentes de la Guardia Civil asaltó Sanlúcar. Blindaron la ciudad para detenerlos. Tenían pruebas suficientes de que los sospechosos formaban parte de una banda dedicada al narcotráfico. Una de esas evidencias que entonces estaban pendientes de demostrar, puso nombre al operativo: Q7. Así la llamaron. A los investigadores no les cuadraba que esos jóvenes parados en su mayoría o sin oficio reconocido pudieran tener toda una colección de estos coches de alta gama. Para los agentes, Iván Odero, se había convertido en el perfecto relevo de las ‘estrellas’ de la autopista de la droga del Guadalquivir.

De los trece procesados en esta causa, sólo cuatro fueron absueltos, entre ellos la que era pareja sentimental del ‘Niño’ en aquel momento. Ya separados, esta joven negó saber a qué se dedicaba su entonces novio. La sentencia del Alto Tribunal vuelve a recoger por tanto como hechos probados que a principios de 2009 Odero y seis personas más formaban parte de una banda organizada para introducir «grandes cantidades de hachís procedente de Marruecos por la zona de Sanlúcar para su posterior distribución entre terceras personas». Para hacer estas operaciones de tráfico de droga utilizaban embarcaciones neumáticas «a las que dotaban de potentes motores». Así, una vez que habían cargado la partida en el continente africano, la traían hasta España y la ocultaban «en un lugar seguro» hasta su posterior distribución.

Según establece la resolución judicial, en la banda estaban claros los papeles que desempañaba cada uno. Al frente estaban ‘El Niño’ y David Rodríguez, aunque era el primero quien se encargaba de preparar los viajes y pilotar las lanchas. Tras ellos, David Odero, que llevaba a su hermano a los alijos y lo sacaba de ellos. Y en un escalón inferior, el resto de implicados, que ejecutaban labores de punto de vigilancia (en costa, e incluso aprovechando su trabajo de camarero en un restaurante de Bajo de Guía). También ejercían de pilotos para el transporte de la mercancía.

Un oficio 'de mentira'

Para tratar de aparentar una actividad laboral que justificara unos ingresos, los hermanos Odero fueron contratados por un empresario de la construcción que también ha sido sentenciado como colaborador. Este constructor fue quien ejecutó la obra del ostentoso chalé que levantó el rey de las planeadoras en Sanlúcar y que llama la atención porque su estilo nada tiene que ver con el perfil marinero o palaciego de la localidad gaditana.

Continúa la sentencia, de más de 80 páginas, relatando que el 23 de mayo de 2009 se intervinieron en la zona conocida como la Bomba del Quini de Isla Mayor (Sevilla) 90 fardos de hachís con un peso de 2,8 toneladas y valor en el mercado de casi 4 millones de euros, cuyo transporte fue realizado por la organización liderada por Odero.

Para preparar este alijo, Iván se trasladó con su compañera a Marruecos varios días antes para ultimar los preparativos sin que ella, recuerda el dictamen, estuviera al corriente de que ese viaje escondía tras de sí una buena partida de hachís. Para el trayecto, se hicieron con una potente lancha. Así, el 22 de mayo los hermanos y su ‘mano derecha’ fueron a Puerto Sherry.Desde allí trasladaron al jefe hasta otro barco que usaría para recoger el hachís.

La entrada del alijo a costas españolas se demoró debido a que otros condenados le avisaron en varias ocasiones sobre la presencia policial. Incluso llegó a cambiar la ruta pero finalmente tuvo que emprender la huida y ocultar los 90 fardos, que fueron finalmente intervenidos. Logró escapar, llegó a esconderse durante horas. Aún así los seguimientos posteriores que se hicieron fueron claves para que el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Comandancia de Cádiz terminara desarticulando esta banda.

En la ‘operación Q7’ fueron claves las conversaciones que se obtuvieron a través de los pinchazos telefónicos. Las defensas, como suele ocurrir casi por automatismo, plantearon la nulidad de esas pruebas. Consideraban que los autos judiciales que las permitieron no se ajustaban a derecho. Pero el tribunal lo desestimó y ahora el Supremo les da la razón:«No hay dato alguno más allá de la interesada insinuación de algunos recurrentes que permita concluir que existieron gestiones ilícitas y vulneradoras de derechos fundamentales por parte de la Guardia Civil». Valora también el tribunal que sí existían indicios suficientes para llevarlas a cabo y ampliarlas a otros números de personas que no están implicadas en el procedimiento pero que cuyas conversaciones con los sentenciados dieron datos fundamentales.

Recursos habituales

Este recurso contra los pinchazos es habitual en los juicios contra el narcotráfico, ya que las escuchas son, en muchas ocasiones, la base para que los investigadores den con la droga y los delincuentes. En cambio, para los magistrados del Supremo en este caso «siempre existió un control judicial de las intervenciones y cada vez que una era autorizada o prorrogada iba precedida de la correspondiente justificación».

Tras la decisión adoptada por la Sala de lo Penal del Alto Tribunal, el ‘rey de las planeadoras’ tendrá que cumplir su segunda condena. La primera vez que Odero dejó de planear sobre el mar fue cuando lo encerraron. Entonces, estuvo fuera del negocio tres años y nueve meses. Había alijado 3,6 toneladas de hachís que intentó introducir a la Península por Trebujena.

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