Cádiz Provincia

Fernando Alberca: «La mitad de los niños no saben decir qué es lo que quieren»

El especialista en educación analiza en el ciclo ‘Encuentro en la Casa Pemán’ las claves para ‘Aprender a interpretar a un niño’, su último libro

Fernando Alberca: «La mitad de los niños no saben decir qué es lo que quieren»
Rocío Vázquez Cádiz - Actualizado: Guardado en:

¿Cuántas veces nos hemos hecho esa pregunta: ¿qué es lo que quiere este niño? En ‘Aprender a interpretar a un niño’, Fernando Alberca trata de responder, no de una forma mágica, pero sí práctica, a muchas de las cuestiones que le preocupan a nuestros hijos. El especialista y escritor cordobés participó ayer en una nueva cita del ciclo ‘Encuentros en la Casa Pemán’ que organiza la Fundación Cajasol y LA VOZ, con la publicación de este «manual de instrucciones» como pretexto. El autor, que fue presentado por la columnista de LA VOZ Yolanda Vallejo, contó que lleva dedicado a esta obra desde los 15 años. Su padre, psiquiatra y pediatra, siempre pedía un dibujo para saber si lo que le pasaba a un niño era importante o no. Pero fue hace poco más de un año cuando Alberca se decidió a confeccionar este libro, al percatarse de que podía conocer más a un niño que el propio padre o madre sólo teniendo en cuenta algunos de estos elementos. El especialista, autor de éxitos como ‘Todos los niños pueden ser Einstein’, ‘Tu hijo a Harvard y tú a la hamaca’ o ‘Cuatro claves para que tu hijo sea feliz’ destacó la base científica de esta guía, llevada al ámbito doméstico.

‘Aprender a interpretar a un niño parte del hecho del aumento del lenguaje no verbal y de las limitaciones de la expresión con palabras, «sobre todo si tenemos una educación muy poco emocional». Fernando Alberca subrayó en su conferencia que todos los niños quieren hablar, sobre todo los adolescentes, pero que para ello el progenitor «tiene que estar a un metro y escuchar 10 minutos». El profesor, defensor de la compenetración de la cabeza y el corazón, apuntó que para acercarse a un niño, hay que atender primero a las emociones y luego la lógica. «Como no conectemos primero las sensaciones, ya no conectamos porque el niño se pone a la defensiva», explicó.

Con esa importancia del significado de los gestos, el profesor –prácticamente ha impartido clases en todos los niveles educativos– resaltó que para establecer una buena relación con un menor, un adulto tiene que mirar más de un 70% y hablar menos de un 50%. Su último libro enseña de una forma sencilla y práctica –como hizo anoche en su encuentro en la Casa Pemán– a interpretar en su conjunto casi 700 elementos, relacionándolos con los sentimientos, aspiraciones, necesidades y experiencias de quienes los realizan. De ese modo satisface una necesidad acuciante de padres, madres y profesorado, pues permite conocer de forma única cómo es y cómo está el niño en todo momento, a fin de ayudarle realmente, compensar alguna carencia, corregir o confirmar alguna sospecha y demostrarle hasta qué punto es querido.

«Para relacionarnos con un niño hay que atender primero a las emociones y luego a la lógica»

Así, según Alberca, para escuchar e interpretar a un niño se deben tener en cuenta aspectos como los dibujos que realizan, lateralidad (predominancia del hemisferio derecho o el izquierdo), posturas, escritos, gustos, hábitos, sueños y juegos.

A modo de conclusión, el especialista lamentó que en la escuela sólo se atienda al hemisferio izquierdo (habla, escritura, numeración, matemáticas y lógica). «Cualquier ordenador, el más simple, nos gana en ese hemisferio, pero el ordenador más evolucionado y perfecto es idiota con respecto a nosotros en el hemisferio derecho (los sentimientos, emociones, creatividad y habilidades para las artes)», resaltó. Abundó Alberca en este sentido que «si la inteligencia es la capacidad para resolver problemas, el que resuelve los problemas que necesita para ser feliz, es el más inteligente». El autor de ‘Aprender a interpretar a un niño’, destacado por sus ideas sobre motivación –se trata de «conseguir que alguien se dé cuenta de que ya vale, no de que puede valer»– y felicidad de los niños, destacó que, al fin y al cabo, para saber cómo están nuestros hijos hay que tener en cuenta que debe hacerse igual que si fueran adultos. El escenario ha cambiado. «La adolescencia en la era digital empieza a los 9 años y no acaba hasta los 35, si acaba... La play station es el regalo que más piden los maridos», apuntó Alberca, que terminó su primera intervención con una última llave: «Hay que tener en cuenta que cada uno dice lo que quiere y que, sobre todo, la mitad de los niños no saben decir lo que quieren».

Instrumento para ser felices

En el turno de preguntas, los asistentes apuntaron la importancia de la pedagogía inductiva. En ese sentido, Alberca subrayó que «un buen profesor con un buen alumno pueden hacen magia en el peor sistema».

Se habló entonces de la diferenciación entre el sistema educativo y el sistema escolar y se planteó la cuestión tan básica y primordial del ¿para qué educamos? «Está habiendo muchas reuniones estas semanas hacia dónde vamos ir en escuela, pero no en educación. Pero no vamos a dar en la diana, estamos hablando de organización y deberíamos plantearnos algo mucho más serio, y mientras no lo hagamos sólo estaremos cambiando el juguete pero no el juego. Al fin y al cabo la educación es un instrumento para ser felices. Con una escuela mala podemos aguantar, pero con una mala educación no, en ese caso iríamos a la deriva. Un pueblo muy bien educado es muy difícil de controlar, no sólo para la política sino especialmente para la publicidad», resaltó el especialista, al que el auditorio de la Casa Pemán despidió con un agradecido aplauso.

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