Robo en una tienda de ropa de la capital gaditana.
Robo en una tienda de ropa de la capital gaditana. - A. VÁZQUEZ
REPORTAJE

Reincidentes sin freno, retrato al delincuente habitual de Cádiz

Tienen entre 20 y 30 años, una infinidad de detenciones y actúan bajo un mismo patrón; así son los ladrones más activos de la capital gaditana

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«¡Me he escapado dos veces de prisión, a la próxima voy a por vosotros!». Eso fue lo que le gritó un delincuente habitual a la Policía hace relativamente poco cuando lo cogieron por vigésimonovena vez haciendo de las suyas por Cádiz. La próxima, dijo. No tenía ninguna duda de que después de ese arresto habría más, de que intentaría escaparse de donde lo metieran para salir a la calle y seguir con lo mismo. El delito. Romper con las leyes sin escrúpulo, aunque ya había probado varias veces lo que eso suponía. Daba igual. En esto, todo da igual. Lo mismo se trafica, que se roba, que se le parte la cara a otro. No existe el límite, el encontrar el momento de frenar. Se entra en una peligrosa espiral forjada por las adicciones, el fracaso, la decadencia, la propia conformidad o, la cruda maldad, y de ahí ya no se sale. Se convierten en presos de ese peligroso modo de vida.

Y como ejemplo de esta complicada realidad, con la que nos cruzamos más de lo que pensamos por la calle, podría servir una situación vivida estas últimas semanas en Cádiz. En la capital gaditana se han sucedido numerosos robos en comercios y, tras ellos, parecen que estaban las mismas personas. Delincuentes habituales. Comunes. Viejos conocidos de la Policía aunque sus edades no alcancen ni una media vida. Jóvenes de entre veinte y treinta y tantos años, con antecedentes en su mayoría, que sin mucha parafernalia a la hora de dar sus palos, buscan mercancía que puedan vender rápido. Que no les complique demasiado y que les dé ese dinero que necesitan de forma urgente. Para pagar lo que sea.

El Tana, Velata, El Moi y sus hermanos, El Guijo... son algunos de estos nombres con amplios historiales

El Tana, Velata, El Moi y sus hermanos, Bonmati, El Guijo... son algunos de estos nuevos herederos de esa delincuencia de calle que ha existido siempre en todas las ciudades. La lucha contra ella de la Policía Nacional y Local es constante. A veces más intensa, otras menos. Es cíclico. Va por períodos. Los que la combaten, lo tienen claro. «Depende de quienes estén cumpliendo (condena) y de los que anden por ahí».

Cada vez que actúan en la Unidad de Delincuencia Urbana de la Comisaría Provincial, la máquina para identificar, detener a estos ladrones y ponerlos ante un juez se pone en marcha. Los conocen bien. En muchas de las unidades. Saben ya las formas que tienen y si lleva más o menos tiempo metidos en el lío. Pero hay que probarlo. Los agentes reconocen que estos últimos meses ha habido un repunte en Cádiz de robos con fuerza. Muchos de ellos se cometían durante la misma noche y de igual forma.

La preocupación se puso más seria este otoño pasado. Eran ya demasiadas denuncias de comerciantes desesperados porque de una sola atacada la habían arruinado su esfuerzo. Muy repetidos además. Algo estaba pasando. Justo en este mes uno de estos robos se produjo en un bazar chino de la plaza Topete. Los investigadores revisaron las cámaras de seguridad e identificaron a tres de los supuestos implicados. Se trataba de El Tana, 32 años, 11 detenciones anteriores. El Velata, 28 años, 16 detenciones anteriores e Iván A., el más mayor, 38 años. Según la investigación entraban en los establecimientos sin mucha historia: forzando la puerta a patadas o con ayuda de una palanqueta reventaban la cerradura y entraban. Pero al parecer no se quedaron ahí. Se les acusa también de varios robos de motos y de haber estado detrás del asalto a otros negocios como a una peña de Carnaval, una barraca, dos bares, una panadería, una óptica en Segunda Aguada y una escuela de surf.

El repunte de robos en comercios destapa un serio problema de jóvenes atrapados en el delito

Dos bandas enfrentadas

Pero no fueron los únicos. Había más gente actuando. Incluso para llegar a la rivalidad. Dos bandas empezaron a disputarse los objetivos. Por una parte, una llegada desde San Fernando, la de 'El Guijo'. En frente, otra local, del mismo perfil delincuencial. Hasta un vídeo que se subió a las redes sociales dio cuenta de este enfrentamiento. En las imágenes se ve como varios jóvenes la emprenden a golpes en la avenida de la Ilustración con algunas de sus motos tiradas por el suelo tras haberse caído mientras se perseguían.

Tras estos episodios hay nombres. Como El Guijo. Con tan solo 21 años acumula ya 23 detenciones por parte de la Policía Nacional, otras seis de la Guardia Civil. Se le acusa de delitos contra el patrimonio, robos con fuerza y sustracción de vehículos. Su especialidad, según se desprende de su historial, son los ‘palos’ con ciclomotor. Así entró en un comercio de telefonía de Cádiz. Los investigadores pudieron identificarlo a él y a otros dos más. También dejó su huella en una tienda de deporte de la calle Alonso Cano.

Otro de estos 'señalados' es Bonmati. Se le detuvo la semana pasada e ingresó en prisión. Era la decimoséptima vez que lo pillaban aunque esta ha sido la primera que, tras pasar a disposición judicial, lo han enviado a la cárcel de manera preventiva. Las otras ocasiones anteriores salió en todas ellas en libertad con cargos. A este joven se le relaciona también con varios robos como el cometido contra un bar de la calle Rosario, al que le empotraron una moto para reventarle la entrada o el perpetrado en una tienda de deportes en la calle La Rosa. Junto a él, al parecer, actuaban otros dos del mismo perfil, uno de ellos menor de edad, también detenido.

'Los Pirañas'

Y detrás de estas subidas de criminalidad la Policía también suele dar con otros tres nombres propios. Se trata de El Moi, 'El Piraña', y sus hermanos. El primero de ellos se encuentra actualmente en prisión después de que le imputaran hasta seis robos cometidos en Cádiz en los últimos meses. Los otros dos están supuestamente implicados en el asalto a una perfumería de Segunda Aguada del pasado fin de semana. Al 'Piripí', que así se conoce a uno de ellos, se le acusa además de conducir el coche con el que cometieron el asalto y que en la huida llegó a embestir al 'zeta' que les perseguía. Al parecer el Opel blanco que destrozaron se lo habían pedido prestado a un vecino suyo de Guillén Moreno. Tras acudir al aviso, los agentes pudieron interceptarlos y arrestar al que viajaba en el asiento trasero del coche cuando intentaba salir por la ventana del vehículo entre las cajas de perfumes y cosmética que se habían llevado del establecimiento.

Coche que emplearon los últimos detenidos en Cádiz por robo.
Coche que emplearon los últimos detenidos en Cádiz por robo.

También de largo le vienen al Moi sus visitas a los calabozos. «Lo conocí cuando tenía 13 años», cuenta un experimentado agente. Ahora, con 34, sigue por el mismo camino. Ha pasado varias veces por prisión pero al salir ha vuelto de nuevo a las andadas. Es más. Una de las últimas veces que lo 'cazaron' volvió a actuar a las pocas horas de salir en libertad con cargos por la puerta del juzgado. Lo tuvieron que llevar otra vez ante el juez y ya, entonces, su siguiente destino fue la cárcel. Hijo de una histórica traficante de heroína, en su haber constan más de 40 detenciones y delitos de todo tipo. Uno de los más grave, un homicidio en grado de tentativa por el que acabó en Botafuegos, cuando en 2002 en la Punta de San Felipe le clavó un cuchillo en la cabeza a un agente que intentaba que no se volviera a escapar.

Estos nombres son solo un breve retrato de una delincuencia difícil de frenar que precisa de un trabajo policial incansable y constante. Una espiral donde la reincidencia es lo habitual en jóvenes que por diferentes motivos no cambian de rumbo y siempre acaban en el mismo lugar. Haciéndose daño. A ellos mismos y, por supuesto, a los demás.