VIOLENCIA MACHISTA

Del prostíbulo a la vida digna

En Mujer Gades atienden a personas residentes en Cádiz y víctimas de una de las peores formas de violencia machista: la trata con fines sexuales

Del prostíbulo a la vida digna

Una de las peores manifestaciones de la violencia machista que vemos aún en pleno siglo XXI es la trata de personas con fines sexuales. En las afueras de cada pueblo de este país hay al menos un prostíbulo y en las ciudades pequeñas como Cádiz abundan los pisos donde las mujeres ejercen la prostitución. La inmensa mayoría de ellas lo hacen obligadas. Han sido engañadas, chantejeadas, encadenadas y anuladas hasta el punto de lograr una sumisión perpetua respecto a sus tratantes. Así lo explican desde Mujer Gades un centro polivalente ubicado muy cerca del Mercado Central de Cádiz capital.

En esta sede un grupo de profesionales, respaldado por las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, atienden a las mujeres que están dispuestas a recibir ayuda, que buscan un pequeño punto de apoyo para hacer palanca y luchar por una vida digna.

En este punto cabe subrayar que a estas alturas del siglo XXI, el apoyo que reciben estas mujeres depende aún de la caridad de una meritoria congregación religiosa que desarrolla 17 proyectos como este en toda España y que mantiene esta misión internacional desde hace 125 años. Así seguimos.

El equipo de Cádiz está formado por tres trabajadoras sociales: Gema Herrero, Verónica Benítez y Ana Gómez, además de por una educadora, Concha de la Vega, además de contar con la colaboración de trece voluntarios. Estas profesionales se encargan de buscar a ‘puerta fría’ a las prostitutas. Es decir, van personalmente a los clubs o pisos de prostitución a las horas en las que las mujeres tienen designadas para comer y les cuentan que hay otra forma de ganarse la vida, les muestran las herramientas de las que disponen.

De forma sorprendente, los dueños de estos locales suelen dejarlas trabajar allí, «porque, en teoría, no tienen nada que esconder. Aunque lo cierto es que a menudo las cambian de locales y no las volvemos a ver», relata Ana Gómez, quien subraya que los informes que ellas hacen a la Policía si detectan trata de personas no son vinculantes. Esto quiere decir, que sus sospechas o datos no abren investigaciones policiales, que los dueños de los prostíbulos no se sienten amenazados porque realmente no tienen nada que temer de estas visitas.

Una vez que se ha iniciado esta toma de contactos (en estos momentos están atendiendo de una u otra forma a 300 mujeres en la Bahía de Cádiz, Costa Noroeste, Chiclana y Conil), cuando alguna se anima a dar el difícil paso de salir de allí, arranca el proceso de formación en diversos talleres; de Empoderamiento, de promoción integral y de crecimiento personal, para recuperar la autoestima pisoteada. Una vez superado estos cursos, les ofrecen conocimientos culturales básicos, ya que el 90% procede de otros países y otras culturas, para terminar en un taller de empleo cuyo fin último es la inserción laboral.

El proceso

La coordinadora del centro, Ana Gómez, explica que cuando una de estas mujeres consigue un contrato estable en una empresa se sienten «totalmente recompensadas, porque sin integración laboral no hay posibilidad de una vida digna». Los cursos que imparten ahora están destinados la limpieza de hoteles y son impartidos por una gobernanta voluntaria. Una vez que aprobado los dos meses de teoría comienzan las prácticas en hoteles de la provincia, como El Parador de Cádiz, Barrosa Garden de Sancti Petri, El Convento de Santo Domingo o el Tryp La Caleta, entre otros. Durante el proceso de formación reciben cien euros mensuales y una beca para desplazamiento, ya que la mayor parte de ellas llega a Cádiz desde El Puerto, Jerez, Chiclana... «No se puede describir la satisfacción que les produce ganar dinero y que no sea por un servicio, aunque sea una cantidad mínima. Y cuando reciben el título, eso sí que no tiene palabras», describe la coordinadora del centro.

Para que un contrato se lleve a cabo, también es necesario tramitar toda la documentación necesaria: tarjetas sanitarias, permisos de residencia y demás. Para ello, Mujer Gades trabaja en coordinación con Pro Derechos Humanos. De la misma manera, colaboran con el Instituto Andaluz de la Mujer, de donde les llegan algunos casos y adonde derivan otros. «Todos estamos trabajando en lo mismo y nos ayudamos mutuamente. Debe ser así», concluye Ana Gómez.

Este proyecto descrito se denomina ‘Promoción e inserción sociolaboral de mujeres en situación de especial vulnerabilidad’ y funciona gracias a una subvención del área de Igualdad y Bienestar Social de la Diputación en régimen de concurrencia competitiva para el ejercicio 2016. Para el año próximo, «Dios proveerá», que dirían las hermanas Oblatas del Santísimo Redentor.

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