Presentación del Festival Solidario
Presentación del Festival Solidario - ANTONIO VÁZQUEZ
SOLIDARIDAD

Música solidaria con destino a África

El Festival de Música celebrado en el Baluarte es la cara más visible de una iniciativa médica que lleva más de una década dando esperanza a Chad y Madagascar

CÁDIZActualizado:

«Puede parecer que lo que hacemos es nada, un granito de arena en el desierto, pero realmente le estamos cambiando la vida a la gente». Marta Baena resume de esta forma tan clara la actividad que realiza la Asociación Andaluza de Cooperación Sanitaria, organización que preside y que ha organizado el festival ‘Cádiz solidaria’ en el Baluarte. Este evento musical es la cara más visible de una asociación que tiene la solidaridad por bandera y que lleva la esperanza a las comunidades del Chad y de Madagascar con las que trabajan cada año.

La doctora Marta Baena es oftalmóloga en el Puerta del Mar. Cordobesa de 34 años, preside la asociación desde el pasado año, cuando el doctor Julio Rodríguez de la Rúa le pasó el testigo. Fue este traumatólogo del hospital de Cádiz el que hace diez años visitó el poblado de Madagascar donde se desarrolla el programa y se enamoró del entorno.

Esa fue la razón por la que, desde ese año, un contingente de unos quince médicos (la mayoría del Puerta del Mar y de Puerto Real, «aunque tenemos colaboradores de fuera, como dos anestesistas de Santander») acude puntual cada año hasta esta isla africana. La cita con Chad es en julio (y el contingente menos numeroso) y en Madagascar, en el mes de octubre).

«Meses antes de que vayamos a Madagascar, un grupo de religiosas que trabaja en un centro de salud de allí nos indica qué necesitan y qué profesionales son los que requieren, aunque hay un equipo fijo de oftalmólogos, traumatólogos, ginecólogos, enfermeros, ópticos, ortopedas y cirujanos». Todo un hospital en miniatura para una comunidad que no tiene ni electricidad ni agua corriente y que «tiene que andar en ocasiones hasta una semana para venir a vernos».

La doctora Baena lleva seis años acudiendo a Madagascar, un tiempo en el que ha tenido que tratar, fundamentalmente, muchos casos de cataratas y de glaucoma. «Te sorprende ver a afectados que llevan con cataratas muchos años. Entran con lazarillo a la consulta y salen viendo, es muy reconfortante». Destaca cómo patologías que en España se curan sin demasiados problemas se enquistan y se convierten en algo crónico en estos países.

«Sin ir más lejos, en el poblado hay muchos niños que se les nota que no ven bien; cuando le dices a las madres que los acerquen al centro de salud a que les examinemos te dicen que pensaban que el niño era retrasado, de ahí lo fundamental de la presencia de un óptico en nuestra misión». Algo parecido sucede con el glaucoma, que tienen que tratarlo con cirugía «porque los pacientes no pueden pagarse el tratamiento durante todo el año». Pone como ejemplo el caso de un afectado que tenía que tratarse con un colirio que costaba 20 euros al mes, «lo mismo que cobraba, y eso que era enfermero».

Hospital de la asociación en Madagascar.
Hospital de la asociación en Madagascar.

Le impresionó la situación que viven en esta zona las mujeres. «Es una sociedad tremendamente machista, hay muchos casos de maridos que repudian a sus mujeres y éstas tienen que abandonar el poblado». ¿Por qué las repudian? «Porque después de acumular muchos partos, se produce una lesión por la que la vejiga se comunica con la vejiga, y produce una secreción constante y un olor desagradable». Los ginecólogos se esmeran en evitar que estas mujeres tengan que pasar por este traumático trance.

Pese a esta situación, Baena insiste en la amabilidad de la población malgache con la que trabajan. «Con nosotros, incluidas las sanitarias, son muy respetuosos, nos reciben cada año con los brazos abiertos y están tremendamente agradecidos por la misión que realizamos; con pocos medios y dinero les podemos cambiar la vida», relata esta oftalmóloga del Puerta del Mar.

La comunidad en la que se asienta este contingente gaditano (en su mayoría) vive en cabañas hechas con palmeras. La mayor parte de los habitantes no tiene ningún oficio y viven de la caza y de la agricultura. «Tienen la ventaja de que tienen cerca un río y el mar, por lo que pueden pescar». Pese a que la sanidad es pública, hay que pagarla, y llegar hasta los centros de la capital es un reto, «sin ir más lejos, en coche se tarda tres días en llegar, imagínate andando». Para comunicarse, emplean el francés con miembros de la comunidad que lo hablan, «aunque la mayor parte de los habitantes son analfabetos».

Todo corazón en Chad

El doctor García Lanzas, en Chad.
El doctor García Lanzas, en Chad.

Una historia similar a la de la doctora Baena fue la vivida por el doctor gaditano Francisco García Lanzas en el Chad. Sólo que en esta ocasión, su especialidad es la Cardiología. No era una experiencia nueva para él, que ya estaba curtido por su paso por Haití, Perú, India y varios países africanos como Senegal, Camerún y Etiopía. Tampoco el Chad era desconocido para él, ya que estuvo en 2008, en plena guerra civil.

El año pasado, contactó con la Asociación Andaluza de Cooperación gracias a un compañero y no se lo pensó: en una semana tenía hecho todo el papeleo. El destino fue Biobo, un pueblo de la sabana de 1.000 vecinos adonde acudían los habitantes cercanos después de largas caminatas (algunas, de dos días).

«Mi misión fue, fundamentalmente, la de la docencia en la escuela de enfermería», relata García Lanzas, a quien le sorprendió la poca prevalencia de problemas cardíacos en la zona en comparación con la provincia, «debido al estilo poco sedentario». Eso sí, sí descubrió la aparición de cardiopatía derivadas de infecciones de garganta mal curadas, algo que en España se atajaría con un simple antibiótico.

Coincide con Baena en la hospitalidad de los habitantes, pero matiza que «sigue costando que acepten del todo que les trate el médico occidental, la mayoría va todavía al médico tradicional».

Sobre el beneficio que reciben los habitantes de las zonas más deprimidas de la cooperación, es claro: «es puro egoísmo». Y aclara: «Me refiero al efecto rebote que tiene el médico al hacer este tipo de obras. La primera vez que uno lo hace, cree que es para los demás. Pero poco a poco uno se da cuenta de que aunque sea el objetivo, siempre recibe mucho mas de lo que da. Y sigues yendo para encontrar tu equilibrio».

Quien quiera contribuir puede hacerse socio de la entidad por una cuota de 50 euros anuales. Además, en la web ofrecen información cumplida de los proyectos puntuales que desarrollan y de las necesidades de cada momento.