La huelga contra la futura reforma de las pensiones paraliza París

Los funcionarios de transporte público protestaron contra el proyecto de Macron, muy parecido al que Chirac tuvo que abandonar en 1995

Corresponsal en ParísActualizado:

La primera jornada de huelga de funcionarios del transporte público, en París, terminó la tarde / noche del viernes como había comenzado: más de 300 kilómetros de atascos en la periferia de la capital, «bloqueada» durante todo el día por la parálisis total o parcial del metro y los autobuses, lanzando una severa advertencia a Emmanuel Macron y su gobierno, antes siquiera que se conozcan los detalles de una «reforma histórica» que pretende «unificar» más de cuarenta sistemas de pensiones, intentando recortar o hacer desaparecer llamativas desigualdades.

Según todas las fuentes sindicales y gubernamentales, la huelga del viernes perturbó seriamente todas o casi todas las actividades, en París, y fue la más importante desde 2007, cuando Nicolas Sarkozy tuvo que modificar significativamente un proyecto menos ambicioso. En 1995, Jacques Chirac, presidente conservador, enterró un proyecto muy semejante al de Emmanuel Macron, tras varias semanas de huelgas de todos los sindicatos del transporte público (ferroviarios, metro, autobuses).

La jornada del viernes, en París, fue presentada como una «advertencia» de la «cólera creciente» de los funcionarios del transporte público, ante unos proyectos de reforma que el gobierno de Macron continúa matizando.

Nuevo sistema

La idea central del proyecto de reforma macroniana es muy simple: crear un nuevo sistema nacional de pensiones que «unifique» los más de cuarenta modelos de pensiones y jubilaciones. Aplazada, en el tiempo, la reforma debería «recortar» privilegios, reales o presumidos, a través de un nuevo modelo de cotización, evaluación y jubilación.

Antes siquiera de conocerse, en detalle, el proyecto macroniano, numerosos sectores de funcionarios o trabajadores del sector público han comenzado por anunciar su rechazo frontal del proyecto.

Los trabajadores del transporte público, en París, lanzaron el viernes la primera «batalla» (preventiva) contra una «guerra» (de posiciones) que se anuncia larga e inflamable.

Hay previstas huelgas y jornadas de protesta, a lo largo del otoño, en muchos otros sectores: ferroviarios, maestros y profesores, funcionarios del sector de distribución de gas y electricidad, enfermeras.

Antiguo banquero de negocios, gran negociador, Macron ha comenzado por evitar el «choque frontal» ante la resistencia sindical: abandonó su promesa electoral de suprimir 120.000 puestos de funcionarios. Ha decidido «escalonar» la reforma de las pensiones «durante los próximos meses», insinuando que pudiera «prolongarse» hasta finales del primer semestre del 2020.

Hace diez días, Macron dio categoría de ministro responsable de la reforma del sistema nacional de pensiones a Jean-Paul Delevoye, que lleva veinticinco años trabajando ese problema de inmenso calado, que comenzó a «estudiar», entre 2002 y 2004, como ministro de la Función pública de Jacques Chirac, presidente conservador. Macron ha elegido a Delevoye para hacer pasar una de las reformas más importantes de su mandato presidencial.

Macron, su jefe de Gobierno, Édouard Philippe (antiguo consejero de Alain Juppé, que ya tuvo que dimitir en 1995 / 96, víctima de proyecto de reforma muy semejante), y Delevoye, ha decidido «moverse» con pies de plomo, dándose mucho meses para intentar avanzar.

Reforma «concertada»

Tras el éxito aparente de su primera jornada de huelga de los transportes parisinos, los representantes de cuatro sindicatos fueron recibidos la tarde del viernes por la dirección de la RATP (Red Autónoma de Transportes Parisinos) y un representante del Gobierno. Los sindicalistas comenzaron por anunciar que «no hay nada que negociar». La dirección de la empresa pública intentó «tranquilizarlos». El representante del Gobierno insistió en que la reforma será «concertada».

La gran esperanza macroniana es muy simple: terminar imponiendo una «reforma histórica». Estas son sus «herramientas» de trabajo: dividir a los sindicatos, intentar dividir a los distintos sectores afectados, maquillar algunos puntos de la reforma.

Está por ver como reaccionarán los trabajadores del transporte público, los ferroviarios, maestros y profesores, funcionarios del sector de distribución de gas y electricidad, enfermeras, ante unos proyectos que comienzan por rechazar «globalmente».

Para Macron se trata de la reforma más ambiciosa de su mandato presidencial.

Para Francia, se trata de una reforma histórica, si llega a consumarse, ya que afecta a la matriz administrativa del modelo nacional de pensiones.

Para Europa, se trata de una «aventura» imprevisible. La “factura” de la crisis de la franquicia de los chalecos amarillos ha costado entre 20.000 y 25.000 millones a los presupuestos del Estado, que Macron no consigue «sanear» como había anunciado, suscitando dudas y reservas entre los influyentes vecinos y aliados alemanes, entre otros.