Imagen de archivo de Alan Gross y su esposa, Judy Gross
Imagen de archivo de Alan Gross y su esposa, Judy Gross - EFE

Alan Gross, una de las «piezas clave» para el deshielo entre las relaciones de EE.UU. y Cuba

Los casos del contratista y de «Los Cinco» agentes cubanos se habían convertido en las principales barreras

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Alan Gross, el contratista estadounidense liberado este miércoles en La Habana tras cinco años preso, cumplió los 65 años el pasado 2 de mayo. Entonces, ya sabía que sería el último aniversario que celebraría entre rejas. «Va a ser mi último cumpleaños aquí. Eso significa lo que significa. No es una amenaza, es una declaración de esperanza, una declaración de determinación y una declaración de impaciencia», aseguró en un comunicado a principios de este año. Al final, así ha sido.

Gross, de 65 años, trabajaba para la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), cuando fue detenido en La Habana en 2009 por distribuir tecnología de comunicaciones a una comunidad judía. Posteriormente fue condenado a quince años de cárcel por algo que el Gobierno de Cuba describió como «acciones contra la integridad territorial del Estado».

El Gobierno estadounidense negó ese cargo y siempre ha mantenido que Gross trataba simplemente de proporcionar acceso «sin censura» a Internet para «una pequeña comunidad religiosa» judía en la isla.

Desde su detención, las relaciones entre EE.UU. y Cuba se enfriaron aún más. Nadie daba su brazo a torcer mientras Gross denunciaba la situación de desamparo en la que se encontraba. Pidió a Obama su «implicación personal» para conseguir su liberación al mismo tiempo que denunciaba que su país le había «abandonado».

«¿Por qué sigo aquí?», se pregunta el estadounidense en el cuarto aniversario de su detención en una carta publicada en el «Washington Post». Al fin y al cabo, Gross viajó a Cuba «en nombre de Estados Unidos» y lo único que hizo fue «realizar mi papel en el proyecto de acuerdo con mi contrato».

Sin embargo, Cuba siempre vinculó el futuro de Gross con el de «los cinco» agentes cubanos condenados en EE.UU. a penas que iban desde los 15 años a la cadena perpetua, la otra pieza clave en las relaciones bilaterales. Todos ellos fueron detenidos el 12 de septiembre de 1998 por el FBI, acusados -entre otros delitos- de «conspiración para cometer espionaje» en favor del entonces Gobierno de Fidel Castro.

Gross ha perdido en estos cinco años peso (se puso también en huelga de hambre), estuvo confinado en una pequeña celda con otros dos presos durante 23 horas al día y fue obligado a vivir con las luces encendidas continuamente. Su salud ha empeorado, sufre artritis y durante su cautiverio, Gross se ha perdido las bodas de sus dos hijas y tampoco pudo acompañar a a una de ellas cuando tuvo cáncer.