El vestido de Gracia de Mónaco, protagonista medio siglo después de su boda con el príncipe Rainiero

El 19 de abril de 1956, la actriz se convertía en Su Alteza Serenísima con un diseño que ha servido de inspiración a Catalina de Cambridge o Sassa de Osma para su gran día

MADRIDActualizado:

A principios de febrero de 1956, 36 costureras se encerraron con Helen Rose, encargada de vestuario de la MGM, para hacer historia en forma de vestido. Cuello alto, manga larga y corpiño ajustado de encaje de Bruselas; falda de encaje de punto rosa, seda y tefetán; 20 metros de tela para la cola y miles de perlas cosidas a mano. Más de 70 pares de manos estaban a punto de crear el traje de novia para la actriz Grace Kelly, un diseño con el que dejaría atrás su antigua vida y pasaría a ser Su Alteza Serenísima Gracia de Mónaco.

La boda de Rainiero III y Gracia de Mónaco es «el acontecimiento que marcó la historia de Mónaco». Así lo describió el palacio monegasco en el 60 aniversario de las nupcias de los príncipes, padres de Alberto II, Carolina y Estefanía de Mónaco. Y con el palacio coinciden los cronistas de la época y los historiadores. Con su 'sí, quiero' a la estadounidense, Rainiero III logró colocar al pequeño principado en el mapa.

Rainiero III y Gracia de Mónaco saludan desde el balcón del palacio de Mónaco
Rainiero III y Gracia de Mónaco saludan desde el balcón del palacio de Mónaco

Cuentan que fue idea de Aristóteles Onassis una boda con magia hollywoodiense para el príncipe. A sus 32 años, Rainiero III tenía entre sus manos un reino al borde de la banca rota, una relación sentimental con la actriz francesa Gisèle Pascal que no había sido bien acogida por los monegascos y mucha prisa por casarse: si no tenía descendencia, Mónaco perdería su independencia y pasaría a ser un protectorado francés. La solución a sus problemas llegó de la mano de Hitchcock y del rodaje de «Atrapa a un ladrón». Con el cineasta, la actriz Grace Kelly desembarcó en Mónaco. Un periodista de «Paris Match» presentó a la pareja. El flechazo fue inmediato.

La maldición de los Grimaldi

Dice la leyenda que fue una amante despechada de Rainiero I la que maldijo a toda la familia: «¡Nunca un Grimaldi será feliz en su matrimonio!». Los contratiempos de la boda de Rainiero III y Gracia de Mónaco empezaron antes, en una sala médica.

Como futura consorte del príncipe de Mónaco, la actriz se sometió a un tratamiento para comprobar su fertilidad y que no habría problemas para dar herederos al trono. Resultó que con eso no había inconveniente ninguno. Ahora, el hecho de que la novia no fuera virgen sí supuso un pequeño drama. Ella y su familia echaron la culpa a un accidente de equitación, si bien se sabía que la lista de amantes de la actriz no era pequeña: Clark Gable, Cary Grant, Gary Cooper, William Holden...

El vestido de novia de Gracia de Mónaco
El vestido de novia de Gracia de Mónaco - EPA

Parece que Rainiero III optó por creerse la explicación de su prometida, porque dos semanas antes de la boda la actriz llegaba a la Riviera francesa acompañada de su familia y con ochenta maletas a cuestas. El 18 de abril se celebró la ceremonia civil, en apenas un cuarto de hora. En ella se recitaron los 142 títulos oficiales que Gracia de Mónaco pasaría a ostentar tras la unión. Un día más tarde, se celebraba la boda religiosa, a la que acudieron Ava Gadner, Onassis o el rey Faruk de Egipto, en un enlace en el que faltaron representantes de las grandes casas reales europeas pero fue seguido pro 30 millones de personas por televisión.

El cuento de hadas llegaba a todos los rincones del planeta: el peinado, el pastel de siete pisos y 90 kilos de peso, la actriz que se convertía en princesa y, por supuesto, el vestido.

El diseño de Helen Rose sigue vigente más de medio siglo después. Novias de la talla de Catalina de Cambridge, Pippa Middleton, Nicky Hilton o Sassa de Osma han vuelto atrás la mirada para vestirse como Gracia de Mónaco, cuyo escote con encaje y cuello alto ha sido replicado hasta la saciedad, convirtiéndose en el sinónimo textil al cuento de hadas.