Raphael: «Pensaré en retirarme cuando pierda la ilusión»

El artista andaluz, que comenzó este viernes su gira por toda la geografía española, charla con ABC de su envidiable carrera musical, su familia y la situación política actual

MadridActualizado:

De él dicen que es una leyenda viva de la canción, aunque no sea un calificativo que le entusiasme. Lo avala su Disco de Uranio -correspondiente a la venta de más de 50 millones de copias de su álbum recopilatorio «Ayer, hoy y siempre» y que tan solo tienen cantantes de la talla de Michael Jackson o grupos como Queen y AC/DC- y su dilatada carrera plagada de éxitos con los que todavía sigue llenando salas de conciertos a sus 75 años. Con la misma maestría con la que Miguel Rafael Martos Sánchez (Linares, Jaén, 1943), más conocido como Raphael, ha encandilado a su generación, lo hace también con los más jóvenes. Pero él sigue siendo el mismo que cantaba «Mi gran noche» en la década de los 60: un hombre modesto y feliz de poder seguir al pie del cañón en el mundo de la música. «Todo nace de la ilusión por hacer cosas y de hacerlas cada vez mejor, por estar siempre en la onda, porque te siga la gente joven… todo eso te da unas alas muy grandes y ganas de seguir volando», dice en una entrevista con ABC con motivo del arranque de su gira por España, donde recalará en el exclusivo puerto deportivo Port Adriano, en Mallorca. Ni las nuevas oleadas de jóvenes cantantes que llegan pisando fuerte le han hecho perder un ápice de vitalidad. Prueba de ello es que ni se plantea abandonar los escenarios: «No cabe la menor duda de que algún día tendré que pensar en ello, pero está muy lejos. Será el día que pierda la ilusión».

Familia bien avenida

Llevar este tipo de vida, siempre de un lado a otro con las maletas a cuestas, no hubiese sido posible sin el apoyo de los suyos, que le han seguido a cada paso que daba. Su mujer, Natalia Figueroa, ha sido su mayor apoyo. Hoy en día son pocos los matrimonios que están más de diez años juntos y, menos, 46, como es el caso del artista con la periodista. ¿El secreto? El amor y la paciencia. «La gente se pone muy nerviosa, enseguida se atacan y cada uno se va por su lado. Hay que tener un poquito de paciencia. No todo es bueno, es una cuestión de las dos partes», explica.

El matrimonio se conoció en un restaurante donde tenía lugar una fiesta después de una entrega de premios. Nadie les presentaba y decidió hacerlo él mismo: «Le pedí el teléfono y ella me dijo: ‘Bueno... apúntalo’. Yo, que tengo muy buena cabeza, lo memoricé, aunque ella se fue de la fiesta creyendo que, por supuesto, se me iba a olvidar enseguida. Al día siguiente ya la estaba llamando y hasta hoy».

Juntos han formado una familia «bien avenida», como dice él, con sus tres hijos: Alejandra, Jacobo y Manuel Martos Figueroa. Este último, casado con Amelia Bono Rodríguez, hija de José Bono, con quien Raphael mantiene una relación más que estrecha. «Las reuniones familiares, con la paella o sin ella, porque también nos gusta el cocido y esas cosas, son muy divertidas. Es una persona muy noble con la que me llevo muy bien y con toda su familia», cuenta el artista. Eso sí, no hablan mucho de política, «solo si hay un acontecimiento importante». «Nos preocupa más la felicidad de los que nos rodean, nuestros hijos», añade orgulloso de aquellos que para él siempre serán sus pequeños.

Sus palabras se vuelven menos amables cuando se menciona la situación política actual. Aunque optimista -siempre ve el vaso lleno-, Raphael cree que hay muchos problemas. «Cuando haya elecciones, espero que todo se vaya encaminando. Cuando podamos elegir a un presidente que vaya con mayoría absoluta se quedará todo más tranquilo», explica con la seguridad de que las cosas mejorarán.