EFE

Matrimonio y filosofía, la nueva vida de la hija de Carolina de Mónaco

Se ha comprometido con Dimitri Rassam y se estrena como escritora con un ensayo filosófico que ha firmado con su profesor de la Sorbona

PARISActualizado:

El 14 de marzo, Alberto II de Mónaco cumple 60 años, una cifra redonda que en el Principado se celebrará con toda suerte de fiestas familiares y oficiales. Hoy, sin embargo, las miradas no están puestas en el sucesor de Rainiero III; ni siquiera en la Princesa Charlene, la melancólica y espigada esposa de Alberto, quien alcanzó los 40 hace poco más de un mes. Quien le ha robado el plano al soberano de los monegascos es la bella Carlota Casiraghi (31), licenciada en Filosofía por la Sorbona (París), amazona e imagen de la casa italiana Gucci.

La noticia de su futura boda con el productor francés Dimitri Rassam (36), adelantada esta semana por la edición española de la revista «Vanity Fair», ha puesto el foco en una mujer cuya vida sentimental dista del convulso periplo amoroso de su carismática madre, Carolina de Mónaco (61), quien, a la edad en que Carlota se dará el «sí quiero», ya se había casado dos veces -con Philippe Junot y Stéfano Casiraghi, fallecido en 1990; el tercero es Ernesto de Hannover- y estaba a punto de enviudar.

Una «ruptura amistosa»

Carolina de Mónaco confirmará cuando lo considere oportuno el compromiso oficial de su hija con Rassam, aunque los sucesivos noviazgos de Carlota con Hubertus Arenque Frankensdorf, Felix Winckler, Alex Dellal, Gad Elmaleh y Lamberto Sanfelice tal vez impongan a la madre y al tío de la novia -el Príncipe Alberto- cierta prudencia formal. El noviazgo de Carlota con Gad Elmaleh, 15 años mayor que ella y padre de su hijo Raphaël (4), duró entre 2012 y 2015. El cómico fue bien acogido por toda la familia reinante en el principado, hasta que llegó la «ruptura amistosa».

La relación de Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam comenzó discretamente hace un año, aunque las apariciones públicas de la pareja han aumentando a lo largo del último trimestre. Durante la última ceremonia de los César del cine francés, el 2 de marzo, donde Penélope Cruz recibió un caluroso espaldarazo internacional, su presencia resultó significativa: era la primera vez que en París posaban juntos en una alfombra roja. El novio acudía como productor de un modesto cortometraje, «Le Brio», que recibió una recompensa: el premio a Camélia Jordana (25) como actriz revelación. Pero el impacto publicitario de las fotos de Carlota y Dimitri Rassam, que habría hecho su petición de matrimonio durante una romántica escapada a Venecia, ha sido muchísimo más alto que el galardón recibido. Según algunos medios, Rassam habría esperado a finiquitar su matrimonio con la modelo rusa Masha Novoselova, madre de su hija Daría (7 años).

Las tribulaciones y dramas familiares de Dimitri Rassam quizá aconsejen cierta prudencia en el Palacio del Príncipe de Mónaco, que ya cuenta con una larga lista de apasionadas historias de amor, hechas y deshechas de manera fulminante. En su día, las desventuras sentimentales de la Princesa Carolina suscitaron tensiones diplomáticas apenas soterradas con el Vaticano.

Rassam es hijo de la actriz Carole Bouquet (60), antigua compañera sentimental de Gérard Depardieu, y del productor libanés Jean-Pierre Rassam, quien en 1985, y en medio de una depresión, se quitó la vida con una sobredosis de barbitúricos. Por aquel entonces, Dimitri tenía 4 años, la misma edad en la que Carlota perdió a su padre, Stephano Casiraghi, fallecido en una accidente náutico en aguas monegascas.

Mientras tanto, la hija de Carolina prosigue su doble vida de «filósofa» oficial del principado. En su día, lanzó la convocatoria anual de unas jornadas que se celebran en Mónaco con relativo éxito: los millonarios que se instalan en la Costa Azul tienen unas inclinaciones filosóficas francamente mínimas. Sin embargo, no ha dudado en escribir junto a uno de sus profesores en la Sorbona y crítico literario en «Liberation», Robert Maggiori, un ensayo titulado «Archipel des passions».

Alumna predilecta

En la estela de Spinoza, el profesor y su alumna predilecta divagan por unos territorios filosóficos complejos: amor, crueldad, paciencia, modestia, asco, adoración, admiración, arrogancia, piedad, fraternidad, dulzura, tristeza, celos... Durante la presentación del libro, en una de sus escasas intervenciones públicas, Carlota Casiraghi reconoció habérselo dedicado a su padre. «La ansiedad y la angustia forman parte de la vida de todos. Mi experiencia personal se ha hecho de acontecimientos tristes, como la temprana muerte de mi padre, pero estas cosas nos suceden a todos». Nunca antes se Carlota se había mostrado de una manera tan abierta.