Mafalda de Saboya con sus hijos Heinrich, Otto y Moritz.

Mafalda de Saboya, la princesa italiana que murió en un campo de concentración nazi

En la barraca 15 de Buchenwald pasó sus últimos días la segunda hija de Víctor Manuel III, penúltimo rey de Italia. Así fue su ascenso y caída en la Alemania de Hitler

MADRIDActualizado:

Cuando Elena de Montenegro dio a luz a su segunda hija, eligió para ella el nombre de Mafalda, sin saber que miles de italianas nacidas en la segunda mitad del siglo XX se llamarían así en honor a la trágica vida de la princesa.

Mafalda de Saboya nació el 19 de noviembre de 1902 en Roma. De fuertes convicciones católicas, a los 23 años contrajo matrimonio con Felipe de Hesse-Kassel, sobrino de Guillermo II de Alemania. Era el año 1925, habían pasado tres desde la Marcha sobre Roma que había alzado a Benito Mussolini al poder con el beneplácito del rey italiano.

El marido de la princesa Mafalda era un gran admirador del dictador italiano y de sus ideas fascistas. Por eso, cuando Adolf Hitler se hizo con el poder en Alemania, no dudó en alistarse en el partido. En 1934, Felipe de Hesse-Kassel era nombrado gobernador de la provincia de Hesse-Nassau y la familia al completo se trasladaba a Alemania: Felipe, Mafalda y sus cuatro hijos (Moritz, Heinrich, Otoo y Elizabetta).

Mafalda de Saboya en un retrato cuando era una niña
Mafalda de Saboya en un retrato cuando era una niña

De Mafalda a Frau von Weber

En 1943, apellidarse Saboya dejó de ser un privilegio para convertirse en una condena. Cuando Víctor Manuel III sustituyó a Mussolini para declarar un armisticio, Hitler se sintió traicionado y puso en marcha la «Operación Abeba» para capturar a los miembros de la familia real.

Boda de Mafalda de Saboya y Felipe de Hesse-Kassel
Boda de Mafalda de Saboya y Felipe de Hesse-Kassel

Mafalda de Saboya fue detenida en Roma por la Gestapo y llevada a Berlín con la promesa de que allí vería a su marido, quien se encontraba ya en el campo de concentración de Flossenburg, acusado de traición. La princesa fue llevada al campo de Buchenwald, donde la encerraron en la barraca 15 bajo el nombre de Frau von Weber.

Se calcula que en Buchenwald murieron 56.000 personas. Las condiciones no eran diferentes a las de otros campos de concentración -frío, escasez, hambre, humillaciones-, pero la princesa italiana todavía disfrutaba de algunos privilegios en comparación con los presos judíos. Mafalda comía pan negro, mantequilla y sopa, además tenía una cuidadora, María Ruhnau, una testigo de Jehová a quién, según la escritora Cristian Siccardi, autora de la biografía «Mafalda di Savoia» (Paoline Editoriale Libri, 1999), la princesa le regaló su última posesión de valor: su reloj.

Tortura médica

Un año después de su llegada al campo, los aliados bombardearon la barraca de Mafalda de Saboya. Ella había corrido a esconderse en las trincheras, pero no fue suficiente para evitar heridas en todo el cuerpo. María Ruhnau ayudó a la princesa a trasladarse a la enfermería, donde comenzó una tortura médica de cuatro días que terminó en su muerte.

Primero, el médico retrasó a propósito la operación que podría haber salvado la vida de Mafalda. Cuatro días de dolor después, la gangrena obligó a la amputación de su brazo izquierdo en una cirugía negligente. La devolvieron al barracón sin más atenciones ni ayuda, y allí fallecía el 28 de agosto a los 42 años. Fue enterrada en una fosa común, en un ataúd en el que podía leerse «262. Una mujer desconocida».

No fue hasta un año después, tras la rendición de Alemania en 1945, cuando su familia era notificada del fallecimiento de Mafalda de Saboya. Tras recuperar sus restos, fue sepultada en el castillo de Kronberg.