Obama baila con jeremy Bernard, uno de los autores del libro
Obama baila con jeremy Bernard, uno de los autores del libro - EFE
EE.UU.

Con George W. Bush y Barack Obama otra Casa Blanca era posible

Tras el último y explosivo libro sobre Trump, otra obra asegura que en la residencia presidencial antes reinaba el buen humor

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Las comparaciones son tan odiosas como inevitables. Mañana estaba previsto que saliera a la venta «Fire and Fury: Inside the Trump White House», el libro del periodista Michael Wolff que retrata las interioridades del primer año de Donald Trump en la presidencia de EE.UU. Es un libro duro con Trump, que se deleita en un retrato negativo del presidente y acumula episodios vergonzantes, insultos que le dedican sus aliados más cercanos y múltiples detalles en su incapacidad e ineficiencia en el Gobierno.

Es una Casa Blanca caótica, disfuncional, lastrada por intrigas palaciegas y odios incluso dentro de la familia presidencial. La publicación se adelantó a la semana pasada por la atención que causó y por las amenazas de los abogados de Trump de detener su llegada a las librerías. De lo contrario, habría coincidido en su salida a la venta con «Treating people well», otra novedad editorial que también descubre las interioridades de la Casa Blanca, pero la de la de los dos antecesores inmediatos de Trump –George W. Bush y Barack Obama– y con un tono mucho más amable. Sus autores son Lea Berman y Jeremy Bernard, que fueron «secretarios sociales» de Bush y Obama, respectivamente.

Bush durante la Cena de Corresponsales de 2008
Bush durante la Cena de Corresponsales de 2008 - EFE

El cargo es una suerte de director de eventos en la residencia presidencial, encargado de organizar y ejecutar la agenda social dentro de la Casa Blanca y habitualmente con una relación más frecuente con la primera dama. Que ambos colaboraran en la autoría del libro incide en una de los fenómenos más extraños de las familias presidenciales: la gran relación y la magnífica sintonía entre los Bush y los Obama, dos familias alejadas en lo ideológico y de extracciones sociales muy diferentes que no han dejado de mostrar la simpatía que tienen la una por la otra (la relación de los Obama es mucho más tirante con Bill y Hillary Clinton, a pesar de compartir partido y de que la segunda fuera la secretaria de Estado de Obama).

Aliviar la carga

Al contrario de lo que Wolff hace con Trump, Berman y Bernard muestran a dos presidentes simpáticos y que abrían las ventanas de la Casa Blanca al buen humor como una forma de aliviar el peso de la política. Buen ejemplo de ello es el segundo presidente Bush. Fue objeto de burla, ridículo e imitación constante en los programas humor político de la televisión, como «Saturday Night Live», que se cebaba con sus habituales deslices verbales. Bush, que según Berman «entendía el poder de una buena carcajada», era capaz de reírse de sí mismo y repetía esas burlas con sus colaboradores para demostrar que críticas no le afectaban.

Las bromas eran también habituales en la Casa Blanca de los Obama, a pesar de que quienes le conocen aseguran que Barack Obama es más seco de lo que aparentaba en público su amplia sonrisa. Objeto de esas chanzas fue el propio Bernard, al que en su primer día en la oficina Michelle Obama mortificó por el color de su corbata. Bernard es el primer y único hombre hasta el momento en este cargo de la Casa Blanca. También es el primer gay en ocuparlo. «No quiero ser maleducado, pero para ser gay bailas muy mal», le dijo entre risas Obama en la fiesta de su segunda investidura, en 2013. Desde entonces, los desastrosos movimientos de Bernard se convirtieron en un motivo habitual de risas e incluso él y el presidente cerraban las fiestas oficiales con un baile conjunto.

En la actualidad, el cargo de «secretaria social» lo ocupa Rickie Niceta, que ahora ultima los detalles de los actos sociales en la Casa Blanca de Trump y su mujer, Melania. Ese libro sí que promete.