Aristóteles Onassis y su segunda mujer, Jackie Kennedy, navegando Skorpios
Aristóteles Onassis y su segunda mujer, Jackie Kennedy, navegando Skorpios

El fantasma de Aristóteles Onassis

En la nueva Skorpios se mantendrá la huella de la familia, además de que esta semana se ha filtrado a la prensa que se destinará una sala dedicada a la memoria del armador griego

AtenasActualizado:

En la nueva Skorpios se mantendrá la huella de los Onassis. Por supuesto, la pequeña iglesia ortodoxa, debidamente encalada, que alberga las tumbas de la familia del legendario armador griego. También, el pequeño terreno que la rodea, una condición que se estableció en el traspaso de la propiedad a la familia de Dmitri Rybolóvlev y que se deberá respetar siempre. Estos días se ha filtrado a la prensa que además se destinará una sala dedicada a la memoria de Aristóteles Onassis en la denominada Casa Rosa, la vivienda principal de la isla. Una especie de museo con objetos y fotografías de esta breve dinastía griega, dominada por las desgracias y cuya última superviviente -en caso de no tener descendencia-, es Athina Onassis, quien meses atrás firmó el divorcio del jinete brasileño Doda Miranda (45).

Pero no es lo único sobre Onassis que queda en Skorpios. Acaba de trascender que un encargado de seguridad contratado por los Rybolóvlev en 2016, abandonó su puesto en Skorpios debido a las supuestas apariciones del espectro del propio Aristóteles. «Un hombre mayor, vestido de negro, con un puro», es como describe al fantasma que, ha asegurado a la prensa, vio dos veces en dos puntos distintos de la isla que vigilaba. Además, un pescador local del pueblo de Nidri, en Lefcada también afirma que ha visto la misma figura transitando por este paraje.

Quien más se ha quejado del traspaso de manos de Skorpios ha sido la amiga más fiel de la malograda Christina, la «socialité» argentina Marina Dodero. «Skorpios es y será el símbolo de la familia Onassis», ha dicho. Y reprocha a Athina haberse desprendido de un lugar en el que su madre y su abuelo fueron muy felices: «Ahora, para visitar sus tumbas, tendrá que llamar a la puerta de los rusos».