José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

Valentín manda recado

Gonzalo Caballero no controlará ninguna de las tres provincias donde el PSdeG tiene verdadero peso institucional

José Luis Jiménez
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El resultado de las primarias provinciales deja una constatación palmaria: Valentín González Formoso tiene territorio. Pudiera parecer una obviedad, pero no es lo mismo ganar unas elecciones internas por la mínima que exhibir músculo y lograr casi el 70% del voto de la militancia. Y esto, además, compartiendo foto con los principales detentores del poder institucional en la provincia, como son los alcaldes. Habrá quien hile fino y busque relacionar el abrumador resultado con el hecho de que el regidor de As Pontes es al mismo tiempo presidente de la Diputación. El pesebre, que decía la visionaria Lola Villarino hace unas semanas en su llamamiento a derrocar el poder establecido. Sería una lectura un tanto simplista de esta victoria de Formoso, que tiene múltiples derivadas.

La primera, su permanencia en la vida política activa del socialismo gallego, después de que no diera el salto a las primarias para la secretaría general del PSdeG y que amagara con que su paso atrás era una marcha a la reserva. Sus más próximos le hicieron ver que no recluirse en lo local, que su discurso de moderación y sensatez seguía siendo necesario en un partido empeñado en deslizarse hacia el mensaje de la extravagancia y la tertulia televisiva. Y parece claro que As Pontes le empieza a quedar pequeño, aunque como ha sucedido en esta votación, es él mismo quien regula sus propios tiempos políticos.

La siguiente derivada es que Gonzalo Caballero no controlará ninguna de las tres provincias donde mayor peso institucional tiene el PSdeG. Pontevedra, por razones obvias, está en manos de Vigo y su alcalde; Lugo la gestionarán los herederos del «besteirismo»; y La Coruña, González Formoso y el sector que apoyaba a Díaz Villoslada. Aunque no piensen que son todo malas noticias para el sobrinísimo. El futuro de sus intereses en las ciudades de Ferrol, La Coruña y Santiago en las próximas municipales no pinta nada bien para los socialistas, cada vez más arrinconados por el rupturismo. El desafío de Formoso es revertir una (aparentemente) imparable tendencia, y de no lograrlo, habrá quien le endose a él la factura. Seguramente para obstaculizar alguna aspiración futura, si acaso pasara por su cabeza.

Y la tercera y última reflexión al hilo de este proceso de primarias es lo poco que le ha durado la flor a Gonzalo Caballero, tras una inapelable victoria para ser secretario general. Su destreza para los pactos internos parece haberse agotado con demasiada rapidez, y ahora deberá entenderse con los nuevos barones provinciales y, quien sabe si la nueva baronesa orensana. ¿Pactará Noela Blanco con Pachi Vázquez, su padrino político? ¿Tiene precio su apoyo? Sorprendente la derrota del político de Carballiño, al que parece haberle costado caro el «efecto Fiscalía» de la pasada semana. No merecía este adiós quien un día llegó a aspirar a presidir la Xunta. Pero se equivocarían aquellos que quieran darlo por prematuramente enterrado.

Otros que están enterrados y se empeñan en tener algo que decir no hacen sino un cierto ridículo. Extemporáneo y fuera de su papel estuvo el viernes Emilio Pérez Touriño, tachando al actual presidente de la Xunta de «lastre» para Galicia, una afirmación en la que se denotan efluvios de rencor y resentimiento por parte de quien se creía que iba a durar una eternidad en Monte Pío y al que desalojaron los gallegos tan pronto pudieron. Incluso para ser jarrón chino hay que tener elegancia.

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