Graciano Balboa muestra una fotografía de su tío durante el acto homenaje del Parlamento gallego
Graciano Balboa muestra una fotografía de su tío durante el acto homenaje del Parlamento gallego - MUÑIZ

Gallegos en los campos nazis

«Temió muchas veces por su vida; sabían que era muy difícil salir vivos», dice el sobrino del preso 3.833 de Mauthausen

SantiagoActualizado:

«No le gustaba contar mucho, no sé si por miedo, o por no recordar tal vez... Sí decía que temió muchas veces por su vida; sabían que era tremendamente improbable salir de allí con vida, pero se ve que los nazis también necesitaban barberos y eso le ayudó a sobrevivir más tiempo». Quien habla es Graciano Balboa, sobrino de Joaquín Balboa García, preso número 3.833 del campo de Mauthausen, presente ayer, junto a otros familiares de víctimas, en el homenaje del Parlamento autonómico a los 193 gallegos que el régimen nazi condujo a los campos de exterminio. «Él nunca contó mucho, y nosotros tampoco supimos darle la importancia que tenía; no comprendimos que lo que mi tío había vivido es algo muy distinto a una pena de cárcel cualquiera», relata Graciano, quien compartió los último años de Joaquín en la parroquia de Estevesiños (Monterrei, Orense), donde el peluquero falleció en 1994, a la edad de 85 años.

A recuperar esta historia, y a reconstruir los pasos de aquel joven que emigró a Barcelona, que combatió con los republicanos en el frente de Aragón, cruzó a Francia al caer Cataluña y acabó apresado por los nazis cuando las tropas de Hitler tomaron en 1940 el campo de refugiados de Le Barcarès, se ha dedicado Eladio Anxo Fernández, profesor de Historia y miembro de la Asociación Monterrei Cultura e Territorio. Por azar, su investigación en torno a la figura de este preso de Mauthausen que había vivido a cuatro kilómetros de su casa acabó por desempolvar también el nombre de Antonio Pérez Pérez, natural del concello orensano de Boborás. «Estaba mal registrado, como natural de Albarellos de Monterrei, mi aldea, aunque en realidad era de la parroquia de San Miguel de Albarellos de Boborás», explica Fernández, coordinador de una exposición itinerante que, a partir de las figuras de Joaquín y Antonio, sitúa a los escolares gallegos ante el fenómeno del exilio y la deportación de miles de republicanos españoles.

Un triángulo azul

«Antonio era un triángulo rojo, el que identificaba a los presos políticos. Había emigrado a Francia antes de la Guerra Civil. Era comunista y cuando estalló la Segunda Guerra Mundial se sumó a la resistencia, ayudando a pasar a España a judíos y pilotos que caían en Francia. También participando en atentados. Lo cogieron en el 44 y lo llevaron al campo de Buchenwald, probablemente tomándolo por francés. Joaquín, en cambio, era un triángulo azul, que identificaba como apátridas a los que salieron de España cuando ya estaba acabando la Guerra Civil y fueron apresados en los campos de refugiados franceses. Digamos que Franco le dijo a Hitler que hiciera con ellos lo que quisiera, que no eran españoles», expone el historiador.

Antonio nunca volvió a España y falleció en Bayona (Francia) en 1986, pero como Joaquín formó parte del 40% de sobrevivientes al infierno. 193 rosas blancas, rodeadas por alambre de espino, y los nombres pronunciados en voz alta por alumnos del IES Xosé Neria Vilas de Perillo (Oleiros), recordaron ayer en el Parlamento de Galicia a los 193 gallegos deportados, identificados por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

«Tenemos presentes en este homenaje a los más de diez mil republicanos españoles que fueron deportados a los campos nazis por la colaboración del régimen fascista instaurado en España después de la Guerra Civil», recordó el presidente del Parlamento gallego, Miguel Santalices, instando a que el Holocausto sea siempre «una advertencia para todo el mundo respecto a los peligros del odio, el fanatismo, el racismo y los prejuicios». «No hay ni puede haber reservas entre los demócratas rente a los totalitarismos y su barbarie», afirmó.