Luís Villares, en primer término, y de espaldas, Antón Sánchez, este martes en el Parlamento
Luís Villares, en primer término, y de espaldas, Antón Sánchez, este martes en el Parlamento - MIGUEL MUÑIZ
PLENO DEL PARLAMENTO

Última foto antes del divorcio

Pendientes de que se formalice su paso al Grupo Mixto, Villares y los suyos apenas se dejan ver en el Parlamento

SANTIAGOActualizado:

De la importancia de los símbolos en política quedó ayer una nueva muestra en el Parlamento gallego. La protagonista: la carpeta azul con el nombre y logo de En Marea con la que -como se puede apreciar en la fotografía- accedió Luís Villares a la cámara a primera hora. Al juez en excedencia se le vio poco en el hemiciclo. Aguantó hasta concluir la designación de los senadores autonómicos -el detonante definitivo del divorcio en el grupo parlamentario rupturista- y apenas regresó para cumplir con el formalismo de intervenir en sucesivas votaciones. En su ausencia, permaneció la carpeta, bien visible sobre su escaño vacío. Difícilmente atribuible a un descuido.

La jornada de ayer, que se inició con un minuto de silencio en memoria del difunto diputado socialista Raúl Fernández, resultó tan incómoda para los rupturistas como cabía prever. Entre Villares y Antón Sánchez, todavía sentados uno al lado del otro, hubo un saludo frío y pocas palabras. Sin efecto todavía el divorcio por una cuestión de plazos, fuentes de En Marea ya habían avisado de que Villares y sus afines tendrían un papel testimonial. Habría rizado el rizo que se involucraran en nombre de un grupo del que ya están más fuera que dentro. Paula Vázquez no compareció -había dado aviso-. Davide Rodríguez cuando ya se había designado a Elena Muñoz, Jesús Vázquez y José Manuel Sande -solo éste acudió al Pleno- como senadores. Hubo ocho abstenciones, seis del BNG. Las otras dos apuntaban a Villares y Pancho Casal.

Cambios traumáticos

Como en cualquier divorcio, la ruptura conllevará cambios traumáticos. Según indicaron a ABC fuentes parlamentarias, las instalaciones de las que dispondrá el Grupo Mixto saldrán de una división de las actuales dependencias del grupo de En Marea; de un lado quedarán Villares y sus afines, del otro los 10 diputados restantes, bajo la denominación que decidan adoptar.

En cuanto a la financiación, a cada grupo le corresponden 9.000 euros mensuales, pero se necesitan al menos cinco diputados para obtener la consideración de grupo. Está por ver, según las mismas fuentes, si se aplica una reducción proporcional, como ya se hizo en la legislatura pasada, con un Grupo Mixto que fue engordando de uno a tres integrantes por la disgregación de AGE; en este caso el recorte sería del 20%, al sumar cuatro Villares y sus fieles. Adicionalmente, tendrán derecho a una asignación de 1.800 euros brutos por diputado.

El resto de cambios que traerá consigo esta fractura afectarán no solo a los rupturistas, sino también al resto de grupos. La intención de la Mesa, siempre según las citadas fuentes, es que no se produzca un incremento de iniciativas por pleno. Esto, inevitablemente, obligará a repartir las ya existentes, y aquí el principal afectado sería el BNG, que en cualquier caso gozaba de una sobrerrepresentación, al estar en igualdad de condiciones con el resto de la oposición pese a contar con un número de diputados sensiblemente inferior -6 frente a 14-.

Aún por determinar el futuro reparto de fuerzas, tanto el Grupo Mixto como el resto del rupturismo y el BNG tendrán que asumir el nuevo equilibrio, que buscará «evitar suspicacias». Se libraría el PSOE. Afectará, por ejemplo, al número de preguntas al presidente de la Xunta de las que dispondrá cada grupo. Una aminoración que ya se produjo la pasada legislatura. Lo que se alargará, en cambio, será la duración de los plenos, que sumarán una media de dos horas más por sesión.