La Policía denuncia que los Mossos les siguieron e impidieron una actuación rápida

Un guardia urbano de Badalona aduce que la ley prevalece sobre la voluntad política

MadridActualizado:

El escaso interés de los Mossos d’Esquadra por impedir el referéndum ilegal del 1-O ha protagonizado la vigésimonovena sesión del juicio contra los líderes del «procés». Los policías nacionales que testificaron, todos agentes que actuaron sobre el terreno aquel día, coincidieron en señalar la pasividad de los policías autonómicos para cumplir el mandato judicial. Algunos fueron más lejos y relataron labores de espionaje y trabas al trabajo de la Policía Nacional desplegada en los distintos centros de votación.

Un inspector del cuerpo denunció que, en el colegio Pau Romeva de Barcelona, los Mossos ralentizaron la entrada de las unidades de intervención policial, provocando que su actuación no fuera sorpresiva. Así, al acercarse a la zona, los policías nacionales se toparon con dos vehículos de los Mossos que cortaban la intersección desde donde partía la única calle por la que se podía acceder de forma directa al centro de votación, cortada con conos de balizamiento. Los policías tuvieron que bajarse de sus vehículos, acercarse a los agentes autonómicos y pedirles que retiraran los obstáculos para pasar, según relató el testigo.

Este trámite llamó la atención de la gente, que se asomó a los balcones, y de toda la masa que en ese momento estaba centrada en la intervención policial en otra entrada al colegio. «Se dan la vuelta y se dirigen a nosotros, y eso impide nuestra acción rápida», explicó el policía, que contó que en ese momento los mossos abandonaron la escena «por completo». «No prestaron ningún apoyo», considera el testigo, que relató el ambiente hostil que se encontraron en algunos colegios en la jornada del uno de octubre.

Radiotransmisores y porras

Otro testigo, también inspector de policía, denunció seguimientos de los Mossos a las unidades de intervención policial en vehículos camuflados, algo que ratificaron tres agentes de contravigilancia que también declararon ayer. Los individuos que levantaron las sospechas de los agentes llevaban ocultos en sus ropas equipos de radiotransmisión y defensas extensibles (porras), y en el colegio Pau Romeva se camuflaron entre la multitud. Cuando las fuerzas de seguridad contrastaron la matrícula del vehículo en el que estas personas huyeron a la carrera detrás de la Policía Nacional descubrieron que pertenecía a Presidencia de la Generalitat, que dirigía Jordi Turull, uno de los doce acusados por rebelión.

El inspector, como los otro ocho policías que comparecieron, relató la agresividad con la que se encontraron cuando llegaron a los colegios, donde se repetían «patrones comunes» a lo largo de toda la jornada en la resistencia de los militantes secesionistas para impedir la actuación policial. Primero, se avisaba de la llegada de las Fuerzas de Seguridad; después, se realizaba un primer cerco de defensa; a las puertas del centro, ese bloque se convertía en una «muralla humana»; y finalmente se ocultaban los efectos relacionados con el referéndum ilegal, que la Policía trataba de requisar. «Había orden de defender las urnas», aseguró el testigo. Cuando los agentes se marchaban, los militantes intentaban aislar e intimidar a la última parte del convoy.

A primera hora de la tarde fue el turno de cinco guardias urbanos (policías locales) de Badalona ligados a la incautación de medio centenar de carteles del referéndum ilegal en los días previos. Uno de ellos sintetizó el debate que late en el fondo de este juicio y destapó las coartadas de los acusados. «Por encima de la voluntad política están el ordenamiento jurídico y las instrucciones de la Fiscalía», manifestó en alusión a la «sugerencia de la entonces alcaldesa del municipio, Dolors Sabater, que había pedido que la guardia urbana no actuase contra la preparación del 1-O. En aquella tensa intervención, un manifestante llegó a llamar a Sabater y trató de pasarles el teléfono a los guardias urbanos.

Jordi Cuixart y el concejal de Guanyem Badalona José Téllez -de la coalición de Podemos, igual que la entonces regidora- apareció en el lugar e intentó que no se llevaran los carteles. Cuixart les recriminó «no haber pasado de largo».