Fotografía de archivo de Ana Julia el 09/03/2018 en la concentración de apoyo a los familiares de Gabriel Cruz - EFE / Vídeo: Ana Julia acababa de dejar al padre de Gabriel en el hotel cuando se dirigió a cambiar el cuerpo de lugar
Gabriel Cruz

Ana Julia, la novia del padre de Gabriel Cruz ocultó el cadáver del niño desaparecido en Níjar en un pozo

Desde que «encontró» la camiseta de Gabriel Cruz, Ana Jualia fue sometida a vigilancia permanente; se descarta la implicación de su pareja. Fue detenida al entrar con un coche en un garaje de Vícar: el cuerpo estaba envuelto en una manta, embarrado

MadridActualizado:

Gabriel Cruz, de ocho años, murió en las horas posteriores a su desaparición en Níjar, a las tres y media de la tarde del 27 de febrero. En torno a la una de ayer la Guardia Civil detenía a Ana Julia Quezada, dominicana y pareja del padre del niño, cuando iba a entrar en el edificio en el que reside con Ángel Cruz en La Puebla de Vícar, a bordo de uno de los coches que ha utilizado la pareja estos días. Ese punto está a 77 kilómetros de donde se perdió el rastro del niño desaparecido en Níjar. La sospechosa llevaba el cadáver de Gabriel Cruz en el maletero del coche, un utilitario gris, envuelto en una manta, embarrado.

«No he sido yo, se están equivocando. Esta mañana he cogido el coche», intentó alegar torpemente ante la media docena de patrullas de agentes, que le ordenaron callarse. La tensión del momento fue alta, hasta el punto de que algunos de los presentes apenas pudieron contener la emoción, a pesar de tratarse de personas bregadas en los casos más duros. Los primeros datos apuntan a que la mujer, que es madre de una niña, cometió el crimen por sus malas relaciones con Gabriel Cruz, el pequeñ0 desparecido en Níjar (Almería).

Ana Julia Quezadano sabía que era sometida a vigilancia permanente desde el momento en que ella misma «encontró» la camiseta del menor (el sábado 3 de marzo), y que los investigadores tenían la convicción de que fue ella quien la colocó allí, a tres kilómetros de la casa de la abuela. También le habían seguido los pasos a primeras horas de la mañana de ayer, cuando salió con su novio de la casa de Las Hortichuelas en el coche gris, dejó a Ángel en un hotel para una entrevista en televisión y ella condujo hasta las proximidades de un pozo, al parecer situado en una finca del entorno familiar en Rodalquilar, a unos cinco kilómetros de Las Hortichuelas. La vieron coger una manta y dirigirse hacia ese punto. No pudieron acercarse más. Regresó al coche y condujo hacia el piso de Vícar donde fue detenida justo antes de entrar en el garaje.

Cambiar de sitio el cuerpo

Los investigadores sostienen que la ahora detenida pretendía cambiar el cadáver de escondite porque pensaba que la Guardia Civil estaba ya muy cerca de la que ha sido la tumba del niño. Ayer no pudo soportar esa angustia y decidió mover el cuerpo de Gabriel Cruz. Un error fatal para sus intereses.

Aclarada de modo incuestionable la implicación de la mujer, que anoche permanecía detenida en la Comandancia de Almería, la investigación se centraba en determinar si tenía algún cómplice. Hay un dato que invita a pensar en ello: cuando el niño salió de casa de su abuela en la pedanía de Las Hortichuelas, en Níjar, Ana Julia Quezada al parecer se quedó en la vivienda aún durante un rato. O eso aseguró. No obstante, fuentes de la investigación indicaron anoche a ABC que «al menos por el momento no hay ningún implicado más». El coche habitualmente utilizado por la sospechosa fue registrado por los agentes hace días, aunque no ha trascendido aún en qué vehículo trasladó a Gabriel Cruz desde Las Hortichuelas hasta el lugar en el que ocultó el cadáver.

La mujer, pareja del padre del niño desaparecido en Níjar desde hace año y medio, era la sospechosa número uno casi desde el inicio, en cuanto los agentes de la UCO descartaron la participación de Diego Manuel F. Este hombre había estado acosando a Patricia Ramírez, la madre de Gabriel, pero los investigadores comprobaron que no tenía implicación en los hechos y lo enviaron a prisión por una pena pendiente. Las numerosas contradicciones de Ana Julia y la ocultación de información a los agentes la situaron en primera línea de las sospechas y ella misma acabó de centrarse cuando de manera sorprendente fue quien halló la camiseta blanca interior que vestía Gabriel Cruz aquel día. Ella misma se la había puesto, aunque esa información la ocultó a la Guardia Civil inicialmente.

Pese a que cientos de voluntarios y profesionales habían rastreado el lugar, fue ella la única que divisó la prenda. Pero hubo otro detalle más inquietante: la camiseta infantil estaba seca, a pesar de que las horas anteriores había llovido de forma copiosa; limpia, sin contacto con polvo o suciedad y solo tenía una mancha de barro como si la hubieran ensuciado a propósito. Cuarenta y ocho horas después, el ministro Juan Ignacio Zoido confirmó que tenía ADN del niño, pero no hubo manera de saber de quién más guardaba rastro genético. Los encargados del caso contaban con indicios suficientes para haber detenido antes a Ana Julia aunque esperaban que, tal como ha sucedido, la sospechosa cometiera un error y les llevara hasta el cuerpo. De hecho, desde hacía ya días no se confiaba en que las continuas batidas realizadas estos días dieran resultado positivo.

«Si ves a un desconocido...»

La estrategia fue presionar psicológicamente a la mujer, hacerle ver que cada vez que hablaba caía en contradicciones o vaguedades incomprensibles, lo que la ponía especialmente nerviosa. El mismo viernes tuvo que ir a las dependencias de la Guardia Civil para dar explicaciones sobre aspectos poco claros de su testimonio y novedades en la investigación.

Quienes han hablado con ella estos días sostienen que pese a su cuajo -ha aparecido con el rostro de la criatura, besado y abrazado al padre en público y participado en los rastreos como una más- no parece una persona fría y calculadora. Sin embargo, el pasado 1 de marzo hacía estas declaraciones en TVE: «Esa misma mañana estuvimos desayunando y salió la conversación. La abuela y yo le dijimos: Tú si ves a un desconocido corre, eh, no te pares. Y mira por dónde, ese mismo día desapareció el niño».

Parece casi una preparación de su coartada, mientras a su alrededor se multiplicaba la angustia de su novio y la madre del niño, de toda la familia y de todo un pueblo consternado. El viernes parecía dolerse como una más en la concetración multitudinaria de Almería mientras Gabriel llevaba diez días muerto.

Las dudas son muchas: cuál fue el móvil, si hubo un detonante, cómo se llevó al pequeño, cómo lo mató, si la familia sospechaba de ella. Hay que tener en cuenta que la abuela de Gabriel fue, en teoría, la última persona que lo vio con vida, exceptuando a Ana Julia. Pero la mujer estaba en la casa también, de manera que la matriarca tuvo que verla salir o darse cuenta de su ausencia. La anciana solo ha hablado con la Guardia Civil.