Enric Millo, durante su declaración - ABC

Millo cifra en 200 las acciones de «hostigamiento y acoso» violento

El exdelegado del Gobierno retrata el «esperpento» de la cita que diseñó el 1-O

MadridActualizado:

Edificios públicos, cuarteles de la Guardia Civil, tribunales de justicia, vehículos policiales... La campaña de «acoso, hostigamiento y violencia» del «procés» no se limitó a los días 20 de septiembre (incidentes en la Consejería de Economía) y 1 de octubre (jornada del referéndum ilegal). Así lo relató este martes en el Tribunal Supremo el exdelegado del Gobierno en Cataluña Enric Millo, quien cifró en dos centenares las acciones del independentismo radical contra todo aquello que implicara el cumplimiento de un mandato judicial. Él mismo fue víctima de los radicales con una pintada -«Millo muerte»- que tuvo que tuvo que borrar su propia hija.

El exalto cargo del Ejecutivo de Mariano Rajoy aseguró que la campaña de acoso fue aumentando progresivamente en el último tramo de la hoja de ruta secesionista: desde las leyes de la ruptura que el Parlament aprobó los días 6 y 7 de septiembre. «Allí donde había acción policial, allí aparecía un grupo numeroso de personas para impedir el trabajo de las comisiones judiciales», dijo.

En la misma línea de lo sostenido por el exsecretario de Estado de Seguridad José Antonio Nieto, Millo situó detrás de esas concentraciones supuestamente espontáneas a los CDR, los mismos grupos que protagonizaron, entre otras acciones, 80 cortes de carretera y vías del tren. «En 20 minutos eran capaces de ubicar 500 personas en determinado sitio, y después llevarlas a otro sitio». El testigo se refirió también a un episodio que los mandos policiales consideran «trascendental» en esta causa: la reunión de la junta de seguridad del 28 de septiembre en la que representantes del Gobierno central y de la Generalitat abordaron el 1-O a instancias del presidente de la Generalitat.

Aquella reunión fue «un auténtico despropósito, un esperpento», dijo. «Puigdemont nos convocó para decirnos que el 1 de octubre habría un referéndum de autodeterminación en Cataluña y que a ver cómo nos poníamos de acuerdo para que todo transcurriera con normalidad cuando sobre la mesa teníamos un auto judicial (del TSJC) que nos obligaba a impedirlo».

Como Nieto el día anterior y como desvelaría ayer mismo el coronel Pérez de los Cobos, también Millo percibió en aquella reunión la «alineación» de Trapero con el «govern». «La situación era surrealista porque había una orden judicial y a la vez ninguna voluntad de cumplirla porque quienes tenían que hacerlo eran los mismos que impulsaban el referéndum (...). A esto en mi pueblo le llaman sorber y soplar al mismo tiempo». La reunión, que duró dos horas y media, fue tensa y con reproches.

Desconvocar la consultaSobre el papel de los Mossos el 1-O, habló directamente de «inacción». «Es evidente que no actuaron», ni ese día ni otros. Prueba de ello es que en algunos casos, como en el registro de Unipost, se les pidió apoyo para garantizar la seguridad ciudadana y la de la comisión judicial y «tardaron horas en llegar». Millo confesó que el 1-O es un día que «no olvidará nunca». La declaración que hizo ese día Puigdemont fue «tremendamente irresponsable» porque ensalzó la resistencia de los militantes secesionistas en los centros de votación, al «defender las urnas y los colegios». En definitiva, les aplaudía por oponerse a la actuación para cumplir el mandato judicial.

El testigo relató sus esfuerzos para tratar de convencer primero a Puigdemont y Junqueras, y luego al exconsejero Joaquim Forn, para frenar el plan secesionista y desconvocar la consulta ilegal. Pero, parafraseando a los procesados, Millo aseguró que fue él el que al otro lado de la mesa encontró una «silla vacía».