El Almirante Carrero Blanco, tras ser nombrado vicepresidente del gobierno
El Almirante Carrero Blanco, tras ser nombrado vicepresidente del gobierno - ABC

Luis Carrero Blanco: la eminencia gris del régimen

Presidente del Gobierno y arquitecto del tardofranquismo

Actualizado:

A Luis Carrero Blanco (Santoña, Cantabria, 1904-Madrid, 1973) le gustaba hablar más de barcos que de política. Marino vocacional, sus profundos conocimientos sobre la Armada le granjearon la admiración de Francisco Franco cuando éste leyó un pequeño informe suyo que, redactado durante una noche de 1940, recomendaba la neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial en virtud de la calamitosa situación en que la reciente Guerra Civil había dejado a la flota española. El famoso documento, encargo del ministro de Marina, Salvador Moreno Fernández, le supuso una brillante credencial para irrumpir en la cúpula del régimen franquista, pero también una dolorosa renuncia al contacto directo con el mar para un capitán de fragata de 36 años que, con el respaldo del falangista Pedro Gamero del Castillo, había alcanzado por entonces la jefatura de Operaciones del Estado Mayor de la Armada.

Portada de diario ABC tras el asesinato de Carrero Blanco a manos de ETA, fechada el 21 de diciembre de 1973.
Portada de diario ABC tras el asesinato de Carrero Blanco a manos de ETA, fechada el 21 de diciembre de 1973.

Protegido a partir de entonces por el mismísimo jefe del Estado, Carrero emprendió su trayectoria política alejado de las familias del régimen y seguro de que convertirse en la eminencia gris del franquismo suponía un ejercicio asimilable al de rendir un relevante servicio a su país. Bregado en la cubierta de los buques que comandó durante la primera etapa de su carrera militar –singularmente en la contienda civil–, al nuevo subsecretario de presidencia de Franco se le hizo difícil aclimatarse a una función, la de sombra del dictador, que exigían largas horas de despacho y el desempeño de tediosas tareas burocráticas situadas en las antípodas de quien había consagrado su vida a la marinería mediante su ingreso, en 1918, en la Escuela Naval de San Fernando.

Pese a que siempre antepuso su sentido del deber a cualquier veleidad personal, Carrero continuó conectado a la Armada mediante su puesto de profesor de la Escuela de Estado Mayor de la Marina, que pudo seguir ocupando mientras ganaba peso en la cúspide del régimen –vicepresidente del Gobierno desde 1967, presidente a partir de junio de 1973– y confirmaba su vitola de franquista sin apellidos, algo que le generó la desconfianza, cuando no un odio cerval, de las distintas camarillas situadas en la órbita del poder.

Su salvaje asesinato por ETA, el 20 de diciembre de 1973, en la madrileña calle Claudio Coello, reduce a un ejercicio melancólico preguntarse por su destino, y el de la propia España, de haber sobrevivido a Franco. En cualquier caso, Carrero fue leal al Príncipe Don Juan Carlos y promovió a dirigentes que, como Torcuato Fernández-Miranda, resultaron esenciales en el diseño de la Transición. No es temerario apostar a que se hubiera retirado de la vida pública.