Maya Balanya

La dimisión de Huerta echa por tierra el arranque del mandato de Sánchez

Deja el cargo diciendo ser víctima de una «jauría» tras conocerse que fue condenado por utilizar una sociedad para cobrar a través de una sociedad

MadridActualizado:

La carrera política de Pedro Sánchez se sucede entre brutales contrastes. Combinando grandes logros con sonoras derrotas. El golpe de efecto que el presidente del Gobierno logró la semana pasada con la composición de su Ejecutivo se ha desmoronado con una velocidad inusitada.

Màxim Huerta se vio obligado ayer a presentar ayer su dimisión como ministro de Cultura y Deporte cuando se cumplía justo una semana de su nombramiento y tan solo seis días después de que prometiese su cargo ante el Rey. Ayer mismo se confirmó que le sustituirá en el cargo José Guirao, ex director del Museo Reina Sofía. Hoy prometerá o jurará su cargo ante el Rey. Sánchez le agradeció el paso dado, mientras que no dejó por escrito ningún mensaje para Huerta. Significativo.

La dimisión tuvo lugar después de que se conociese que defraudó a Hacienda 218.322 euros a través de una sociedad que creó en 2006 y a través de la que cobró ese año y los dos posteriores. La Agencia Tributaria concluyó en 2012 que en esos tres años fiscales habría facturado un total de 798.521 euros por medio de Almaximo Profesionales de la Imagen SL, de la que Huerta fue administrador único.

Fue a través de la misma como Huerta habría cobrado su salario como presentador de televisión y escritor. De esa forma tributó mediante el Impuesto de Sociedades y no mediante el IRPF. Huerta defendió ayer que esa operación «no era ilegal en ese momento» y se refirió a ese procedimiento como «inspecciones retroactivas» que se produjeron a partir del año 2012 por criterio del Ministerio de Hacienda que dirigía Cristóbal Montoro, refiriéndose en todo momento a que hubo una revisión del criterio por parte del ministerio. Lo que no explicó, y no se le pudo preguntar porque compareció sin aceptar preguntas, fue por el hecho de que presentase como gastos de esa sociedad casi 460.000 euros y que la inspección detectase que solo un tercio de los mismos tenía que ver con su actividad profesional.

Conmoción total

Durante todo el día la conmoción se apoderó del PSOE, donde no daban crédito a la velocidad con la que se estaba dilapidando el viento de cola que arrastraban tras haber alcanzado La Moncloa. Desde primera hora de la mañana, en el Gobierno y en el partido solo tenían en mente esta cuestión, arruinando la repercusión del primer encuentro del presidente del Gobierno con la patronal y los sindicatos. «Es un marronazo. Muy grave que ocultase la información», manifestaba un dirigente. En un primer momento desde el Ejecutivo se remitió a las declaraciones que Maxim Huerta se aprestó a dar en diferentes medios de comunicación, en los que insistía en que ya había regularizado su situación y que el asunto estaba «cerrado».

También desde el principio desde Moncloa se valoró la celeridad en dar explicaciones, que es lo primero que le pidió el presidente del Gobierno en su primer contacto con el afectado a primera hora de la mañana. Hubo un momento en que Sánchez valoró seriamente la opción de aguantar a su ministro de Cultura. A media mañana fuentes gubernamentales indicaban que tras conocer la información de El Confidencial, Sánchez y Huerta mantuvieron una primera conversación en la que el todavía ministro le puso al corriente de la situación y de que estaba al corriente con la Hacienda Pública. En ese momento desde Moncloa se decían «tranquilos» con las explicaciones aportadas. Destacaban que la sentencia del TSJM de mayo de 2017 se produjo por una demanda que el propio Huerta interpuso para «reclamar mis derechos», como él mismo dijo ayer. El ya ex ministro argumentó que todo debía quedar resuelto después de pagar 243.000 euros, incluyendo recargos e intereses por los tres ejercicios fiscales. Pero nadie en el PSOE y en el Gobierno aportaron a Sánchez argumentos a favor de que el implicado siguiese en el cargo. A primera hora de la tarde hubo un nuevo contacto en el que las cartas se pusieron ya sobre la mesa y se valoró como insostenible su continuidad.

Después de que Huerta dijese que no había advertido a Sánchez cuando le propuso el nombramiento, todo se complicó sin remedio cuando se recordaron unas declaraciones del presidente del Gobierno en 2015 en las que afirmaba que él sería inflexible ante un caso de estas características: «Si yo tengo en la ejecutiva general de mi partido a un responsable político que crea una sociedad interpuesta para pagar la mitad de los impuestos que el toca pagar esa persona al día siguiente estaría fuera de mi ejecutiva. Es el compromiso que yo asumo con mis votantes y también con los españoles». Esas palabras que Sánchez pronunció a cuenta del caso del dirigente de Podemos Juan Carlos Monedero constituyeron ayer un argumento demoledor contra la continuidad de Huerta.

Dimisión revanchista

Huerta compareció a las siete de la tarde en un ministerio en el que apenas ha podido llegar a instalarse. Lo hacía para anunciar su renuncia, pero haciéndolo en un tono duro y cargando contra las informaciones. «He pagado esta multa dos veces: abonando lo que Hacienda me pidió y ahora por segunda vez, aquí, consciente de que la inocencia no vale de nada ante esta jauría. Para defender aquello que amas, a veces hay que retirarse, y eso hago. Porque yo amo la cultura, por eso me retiro». Y alimentando el victimismo: «Vivimos en una sociedad ahogada por el ruido, por la descalificación, donde las explicaciones ya no tienen cabida».

Maxim Huerta proclamó ser «absolutamente inocente», pero considerando que eso no le importaba a nadie «sino que lo que importa es el bombardeo que lo que busca es minar el proyecto de regeneración y de transparencia del presidente Sánchez. Y eso no voy a permitirlo». El ya ex ministro echó un capote a su presidente a la hora de marcharse, pero extendió una grave sombra de duda sobre el sector que tanto dijo amar al decir que su proceder fue «como el de tanta gente de este país, se facturaba a través de una sociedad».