Don Felipe, en su proclamación como Rey de España el 19 de junio de 2014
Don Felipe, en su proclamación como Rey de España el 19 de junio de 2014 - JAIME GARCÍA

Cuatro años de un reinado plagado de «días históricos»

Don Felipe surge como factor de estabilidad en un panorama cambiante, como la referencia que aporta serenidad en la ruidosa y cambiante vida política

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Hace exactamente cuatro años tuvo lugar la proclamación de Don Felipe como nuevo Rey y, a día de hoy, el Monarca sigue afrontando como Jefe del Estado situaciones inéditas en las casi cuatro décadas anteriores de la democracia española. La última, el nombramiento de un presidente del Gobierno que accede repentinamente al poder tras ganar una moción de censura y que lo hace con el apoyo de separatistas y antisistemas en pleno pulso soberanista al Estado. La alternancia política –muestra habitual de salud democrática– se ha estrenado en el reinado de Don Felipe de la forma más abrupta e inesperada que se podía imaginar.

Hace dos semanas, cuando se cumplieron cuatro años del anuncio de abdicación de Don Juan Carlos, el socialista Pedro Sánchez asumía su cargo ante el Rey a mitad de una legislatura y se convertía en el presidente del Gobierno aparentemente más frágil de la democracia. Este acto era el último de una larga serie de acontecimientos que han convulsionado la vida española. Muchos de ellos han sido consecuencia de la crisis económica, cuyos efectos han sido demoledores en muchos ámbitos, pero todos han explotado durante el reinado de Don Felipe.

En las mejores condiciones

Como si lo hubiera previsto cuando asumió la Corona, el nuevo Rey se apresuró a resolver los problemas internos en el primer momento para poder afrontar los asuntos de Estado en las mejores condiciones. Por eso, sus primeras decisiones tuvieron como objetivo recuperar lo antes posible la imagen de la Monarquía, que en aquella etapa vivía uno de los momentos más delicados desde la restauración de la democracia.

Así empezó un reinado plagado de «días históricos» y de estrenos de artículos de la Constitución que nunca se habían aplicado. En apenas cuatro años, se han celebrado dos elecciones generales, marcadas por el fin del bipartidismo que había imperado durante las cuatro décadas de democracia. Como consecuencia de la fragmentación parlamentaria y de la incapacidad de los partidos para llegar a acuerdos, se produjo un bloqueo político de diez meses de duración, en los que España tuvo un Gobierno en funciones.

Aquel bloqueo puso de manifiesto el vacío legal que encerraba la Constitución, al no establecer el mecanismo que el Rey debía aplicar en caso de que no hubiera ningún candidato con opciones de ser elegido presidente del Gobierno. A esa dificultad se añadieron las presiones de los partidos políticos, que trataron de aprovechar ese vacío legal para interpretar la ley a su favor. El Rey no cedió a las presiones y, tras diez meses de bloqueo, cinco rondas de consultas y dos elecciones, consiguió superar la primera prueba de fuego.

También tuvo que afrontar los primeros atentados del reinado, perpetrados por los yihadistas, que se cobraron la vida de dieciséis personas en Barcelona y Cambrils. La manifestación contra el terrorismo, que encabezó el Rey en la capital catalana, entre los abucheos y silbidos de los separatistas, supuso un aviso de lo que los políticos soberanistas catalanes estaban preparando.

Dos semanas después, el Parlamento catalán aprobó las llamadas leyes de desconexión y el 1 de octubre celebraron un referéndum ilegal soberanista, que obligó a intervenir a Don Felipe dos días después con un mensaje extraordinario por televisión, a imagen y semejanza del que dirigió su padre la noche del 23-F de 1981, con motivo del golpe de Estado de Tejero.

Luego llegaron la posterior declaración de independencia, la fuga de políticos al extranjero para evitar rendir cuentas ante la Justicia, el encarcelamiento de otros políticos acusados de graves delitos, la aplicación por primera vez del artículo 155 de la Constitución, las respuestas inesperadas a las euroórdenes, una sentencia sobre corrupción que desencadenó la caída de todo el Gobierno y la formación de uno nuevo con el apoyo de separatistas y antisistemas.

Serenidad frente al ruido

En una España en la que los acontecimientos históricos se suceden a un ritmo frenético, el Rey aparece como el factor de estabilidad, como la referencia que aporta serenidad en la ruidosa y cambiante vida política. Esta semana, mientras los partidos debatían la moción de censura, Don Felipe optó por acercarse a la España real –en este caso, Reinosa (Cantabria) y Aguilar de Campoo (Palencia)– y apoyar con su presencia a los españoles que se ganan la vida con su trabajo y que se reconocen en la identidad común que él representa. «El Rey me da tranquilidad», afirmaba una vecina que se acercó a saludarle. Don Felipe marcaba así distancia y diferencias.