Dos Guardias Civiles GRS custodian la valla de Ceuta
Dos Guardias Civiles GRS custodian la valla de Ceuta - Ignacio Gil

Ceuta, la valla superada

La presión migratoria procedente de África se ha trasladado de Melilla a Ceuta, cuya alambrada ha quedado obsoleta. En solo dos asaltos, la han cruzado 850 subsaharianos

Ceuta Actualizado: Guardar
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Hay un continente que ya no llama a la puerta de Europa, la está tirando abajo para entrar. Literalmente. Los últimos accesos masivos de subsaharianos por la valla de Ceuta han demostrado una violencia y una determinación extrema que implica una combinación de instrumentos de asalto casi imparable, una «extraordinaria organización» de las mafias para guiar con rapidez y sigilo la acción en el momento de mayor vulnerabilidad y, lo fundamental, a través de una «zona de sombra» en el tramo central de la frontera ceutí donde el efecto sorpresa está garantizado.

Ni las cámaras ni la vigilancia in situ, debido a una profunda vaguada en el territorio marroquí, detectan a los grupos hasta que no están prácticamente «a pie de verja». Ahí es donde el Ministerio del Interior estudia habilitar un sistema de drones. Pero hoy, cuando los africanos se aproximan a la valla, apenas hay tiempo para reaccionar. Y no saltan, «asaltan» -precisa el coronel José Luis Gómez Salinero, desde 2013 al frente de la Comandancia de la Guardia Civil en Ceuta encargada de custodiar el perímetro-, y lo hacen con un reparto de funciones claro: unos rompiendo con cizallas el mallazo hasta ahora «anti-corte» y los cierres de las puertas habilitadas en la verja para su mantenimiento, que otros abren a mazazos, mientras los hay que repelen a las fuerzas de seguridad con pértigas metálicas entremetidas en la alambrada a modo de lanzas.

Con ellas han atravesado escudos y al menos un casco de los guardia civiles, que se emplean con la porra y si es necesario con botes fumígenos y de gas lacrimógeno, además de con el recurso al rechazo en frontera. Las llamadas «devoluciones en caliente», de las que todas las instituciones consultadas dicen no contar con estadísticas. En el choque, los agentes se encuentran con bates, palos, piedras, «fluidos corporales», porque los inmigrantes escupen, orinan, amenazan con la sangre de sus heridas a sabiendas del miedo a enfermedades contagiosas. Y sí: no faltan quienes trepan ayudados de garfios y zapatos de clavos para superar la alambrada coronada de la maraña de concertina de cuchillas que rajan irremediablemente la carne.

Mil en espera

«Hay una lucha cuerpo a cuerpo con una clara desproporción en nuestra contra», describe el coronel, que tiene a sus órdenes un contingente de más de 600 efectivos, 29 de ellos heridos en los últimos asaltos. Cuentan ahora con el refuerzo de cien hombres más, pertenecientes a cinco unidades de los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS) que se han desplegado ante la amenaza de nuevas intentonas.

No se cuenta con cifras contrastadas, pero se cree que en los bosques de Tetuán había esta semana más de un millar de africanos esperando la oportunidad solo en dos de los seis campamentos controlados. Y la alambrada como obstáculo no está funcionando, lo que deja a los guardias civiles muy expuestos. «La valla se ha quedado obsoleta» sentencia el mando. Lo que supone reconocer que ya no sirve para contener la desesperación de África en una línea donde comienza la seguridad de España y buena parte de la de Europa, que reclama el derecho a saber quién entra y quién sale de sus fronteras, máxime en tiempos de intensa ofensiva yihadista.

ABC
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Entre las soluciones, no faltan referencias a muros como el de Israel, pero la UE lo desechó en el año 2000. Se descarta el uso de medios letales a corta distancia como pelotas de goma más después de la tragedia de febrero de 2014 en la que murieron quince inmigrantes junto al espigón del Tarajal, punta norte de la frontera. El coronel estima que «el vallado exterior» (que da a Marruecos) debe ser reforzado con elementos pasivos y concertina «para dificultar la entrada» al entrevallado. Otro planteamiento recuerda la eficacia de los chorros de agua ante la perspectiva de que no hay mucho más donde elegir. La respuesta del delegado del Gobierno, Nicolás Fernández es que el estudio en Interior está en marcha, con la premisa de que se requiere «hacerlo con la mayor rapidez, pero también con la reflexión adecuada para que la solución sea la correcta».

La crisis actual empezó el 10 de septiembre, con la entrada de 50 inmigrantes de un grupo de 200, parte de los cuales permaneció horas encaramado a la alambrada. El 31 de octubre lo conseguirían 232 más y otros 438 el 9 de diciembre, el mayor asalto en una década. El récord se superaría enseguida, con las embestidas de los días 17 y 20 de febrero, fechas en las que cruzaron de forma ilegal a territorio español 497 -incluidas dos mujeres, lo nunca visto- y 356 subsaharianos respectivamente. Total 853 en solo dos avalanchas, lo que representa el 85% de los alrededor de mil inmigrantes irregulares que, según Frontex, fueron interceptados en todo 2015 entrando por Ceuta y Melilla, donde la presión migratoria casi ha desaparecido desde que su valla se perfeccionó con una estructura de triple sirga que la ha hecho, si no impenetrable, definitivamente disuasoria.

El gendarme

«Marruecos hizo lo que pudo por evitar estas entradas vía Ceuta, pero a veces ellos también se ven sobrepasados». Es la versión que han repetido a este diario fuentes del Ministerio del Interior, la Delegación del Gobierno en la Ciudad Autónoma o la propia Comandancia de la Guardia Civil, donde el coronel Gómez Salinero subraya el dato revelador de que en este tiempo las fuezas alauíes también han parado en seco al menos siete grandes asaltos. El más numeroso, el 1 de enero, en el que participaron mil inmigrantes. El último, el 3 de marzo, de un grupo de entre 500 y 600 subsaharianos, y todo ello amén de las batidas que llevan a cabo en los montes de Tetuán para alejar a los subsaharianos.

Los temores respecto a una relajación de la colaboración marroquí crecieron a partir de que los tribunales europeos cuestionaran el derecho de Rabat a comerciar con los recursos del Sahara, lo que molestó enormemente al Reino vecino. «¿Cómo queréis que hagamos el trabajo de bloquear la emigración africana y hasta la marroquí si hoy Europa no quiere trabajar con nosotros?. ¿Por qué vamos a seguir haciendo de gendarmes?», se preguntó el ministro de Agricultura, Aziz Ajanuc. No es la primera vez que Marruecos se queja de estar haciendo el «trabajo sucio» -como ahora Turquía- ante un problema que no consideran suyo y tampoco sería la primera vez que utilizaran el control de flujos migratorios para presionar en negociaciones políticas o económicas.

Compleja y cambiante, la inmigración que llega a Ceuta no lo hace ni única ni principalmente por puntos no habilitados del perímetro fronterizo, -muchos intentan entrar ocultos en dobles fondos de coches por el paso oficial del Tarajal que controla Policía Nacional-, y el mayor tráfico se registra en el mar. «Estamos ante el mayor cementerio de Europa, pero invisible, por que no sabemos cuántas embarcaciones se habrá tragado este estrecho sin que siquiera lo sepamos», explica Germinal Castillo, portavoz de Cruz Roja en Ceuta, cuyo equipo de respuesta inmediata atendió el pasado año 2.300 emergencias relacionadas con este fenómeno.

Es de dominio público que el Centro Operativo de Servicios (COS) de la Benemérita no puede detectar por la ausencia de motor las barcas hinchables tipo «toy» que surcan el peligroso tramo de remolinos donde confluyen el Mediterráneo y el Atlántico, siempre sobrecargadas de gente. En cuanto a las pateras, las alertas son diarias y se ha comprobado que hay incluso subsaharianos que las patronean para transportar a otros y que, para elegir el momento adecuado, cuentan con la información vía móvil de otros que ya están en Ceuta y que se dedican a observar las patrulleras del estrecho desde la atalaya donde se sitúa el CETI donde se albergan.

Ese Centro se construyó en 2000 con capacidad para 512 plazas, dimensión proporcionada a la población y el tamaño de Ceuta. Pero reflejo del desbordamiento migratorio de las tiendas de campaña instaladas en una escuela hípica anexa para acoger a los hasta 1.150 usuarios que quedaban el jueves tras el traslado a la Península de cien cameruneses. Una imagen que retrotrae la crisis de hace diez años.