«El Chapo» Guzmán es escoltado por los Marines en 2014 - AFP / Vídeo: Joaquín 'El Chapo' Guzmán condenado a cadena perpetua y 30 años adicionales en Estados Unidos

Así se abortó la llegada del Chapo Guzmán a España

Hace ya siete años la Policía culminó una operación muy delicada: impedir que el cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán abriera oficina en España

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«Dark waters» (aguas oscuras). Este fue el nombre de la operación conjunta de la Policía española y el FBI que impidió la llegada a España de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo», jefe del cártel de Sinaloa sentenciado el pasado miércoles a cadena perpetua por un tribunal neoyorquino. Desde noviembre de 2011 hasta agosto del año siguiente los dos Cuerpos policiales tejieron una tupida red sobre el narco más poderoso desde Pablo Escobar en la que no cayó el capo, pero sí cuatro de sus colaboradores más directos.

En noviembre de 2009 agentes encubiertos del FBI tuvieron acceso a Jesús Manuel Gutiérrez Guzmán, primo hermano del Chapo y de su máxima confianza. Los policías se hicieron pasar por mafiosos italianos y la oferta que presentaban al cártel de Sinaloa, abrir una nueva vía de entrada de cocaína hacia Europa, especialmente atractiva en ese momento. Primero, por el simple negocio, que iba a reportar beneficios multimillonarios, y segundo, y más importante, porque daba la posibilidad al capo de huir de México en un momento en que se sentía muy presionado por las Fuerzas de Seguridad y tenía que vivir oculto en las montañas de Sinaloa...

La casualidad quiso, además, que el Chapo eligiera España para vivir si tenía que huir de México, decisión en la que influyó el idioma –no hablaba inglés– y el clima, muy benigno. En ese momento, noviembre de 2011, el FBI pidió apoyo a la Comisaría General de Policía Judicial. Tras una reunión en la que los norteamericanos pusieron a los agentes españoles al corriente de los detalles de la investigación, quedaron cerrados todos los aspectos técnicos, incluido el reparto de papeles.

Aún quedaba, no obstante, la judicialización del caso, porque en un asunto así no se podían cometer errores que luego dieran al traste con el trabajo policial. El asunto de los agentes encubiertos es siempre delicado, porque está prohibida la incitación al delito y esos detalles de la legislación española eran imprescindibles que los conocieran los hombres del FBI. Tanto la Fiscalía Antidroga como el Juzgado Central 5 de la Audiencia Nacional hicieron un trabajo perfecto en ese sentido y no hubo el menor problema.

El cártel de Sinaloa, mientras, ponía dos condiciones para abrir oficina en España: que hubiese un aeródromo de confianza en el que El Chapo pudiera aterrizar sin problemas y una infraestructura portuaria adecuada. De hecho, ya se habían fijado en Algeciras, Valencia, Barcelona y Bilbao, porque obviamente ellos también hacían sus propias indagaciones.

Lo primero que hizo la Policía española fue preparar bien a los agentes encubiertos del FBI para que tuvieran conocimientos precisos del narcotráfico en España de modo que pudieran despejar las dudas de la gente del cartel de Sinaloa. «Había que tener previstos todos los “y si...” que se les podían presentar, todas las alternativas, informarles y también formarles sobre qué podían hacer y qué no», explica a ABC Lorenzo Martínez, inspector jefe al mando de la Sección de Relaciones Internacionales de la Brigada Central de Crimen Organizado, que participó en la investigación. «También les proporcionamos cobertura, con policías españoles a los que también entrenamos como guardaespaldas de narcos o conductores»...

En marzo de 2012 llegó la primera prueba de fuego con el viaje a Madrid del primo del Chapo y de su abogado, Rafael Celaya Valenzuela. «Vinieron solos, aunque hicimos contravigilancias para detectar posibles guardaespaldas, y estaban tranquilos y confiados. Se alojaron en un hotel de La Castellana con los encubiertos y tuvieron varias reuniones, que grabamos en audio y vídeo. No se dejó nada al azar».

En los cuatro días de estancia fijaron las líneas del negocio y el primo del Chapo intentó hablar varias veces con él a través de un teléfono vía satélite, sin resultado. El abogado exploró, además, las posibilidades para blanquear en España. «Los dos eran muy cercanos al capo, de eso no había duda». En aquellos encuentros se acordó que el envío de cocaína se haría desde Ecuador, en barco, camuflada en envíos de fruta, bajo la cobertura de una empresa. Primero se harían unas pruebas, para crear un historial de confianza a esa sociedad, y luego se empezaría con la droga.

Pero quedaba el asunto del aeropuerto. La Policía también respondió a eso: «Preparamos uno con todos los extras necesarios y los encubiertos se los llevaron a visitarlo. No faltaba detalle; hasta un jefe policial supuestamente corrupto al que todos obedecían sin rechistar... Les quedó claro que en ese aeródromo El Chapo podría tomar tierra sin ser molestado».

El primo del Chapo y el abogado regresaron a México felices. Incluso les había dado tiempo a hacer turismo con visitas preparadas, claro, por la propia Policía. «Comenzaron los envíos de fruta y vieron que nadie los molestaba. Nosotros, mientras, llevábamos los alimentos a comedores sociales... Toneladas, hasta desbordarlos», recuerda divertido el inspector jefe...

Poco después hicieron el primer envío de droga, 373 kilos de cocaína, por el puerto de Algeciras. «Lo intervinimos, pero nadie lo supo. Y en agosto volvieron a Madrid el primo y el abogado, acompañados por otros dos para cerrar el trato... Esperamos al máximo, por si venía El Chapo, pero al ver que no iba a ser así actuamos... Habían pasado unos días y los detuvimos a la salida del hotel: tres policías fueron a por cada objetivo y de inmediato los metimos en un coche. Fue muy discreto, aunque una señora se dio cuenta y preguntó si era una película... Le explicamos que no. Mandos del FBI también vieron la escena desde un balcón y alucinaban: ”Nosotros hubiéramos mandado a un ejército de agentes especiales a arrestarlos”, dijeron». La sombra del cártel de Sinaloa se alejaba de España.