Teresa Rodríguez
Teresa Rodríguez - ABC

Elecciones en Andalucía 2018Teresa Rodríguez, de católica practicante a militar en los anticapitalistas

La candidata de Adelante Andalucía en estas elecciones ha ido limando con el tiempo su tono agrio en el Parlamento, sobre todo con su némesis, Susana Díaz

SevillaActualizado:

Teresa Rodríguez (en realidad, María Teresa Rodríguez-Rubio Vázquez, aunque se apeó el apellido compuesto y prefiere el más llano Rodríguez a secas) es una de las personas que mejor saca de quicio a la presidenta de la Junta, Susana Díaz. con la que ha tenido sonadísimos desencuentros en el Parlamento andaluz.

Hay dos especialmente sonados. El primero ocurrió cuando se debatía en sobre la limitación de mandatos en Andalucía. «Señora presidenta -le dijo Rodríguez a Díaz-, cuando yo tenga su edad volveré a ser profesora de Educación Secundaria. ¿Usted tiene algún sitio al que volver?». El segundo ocurrió hace poco, mientras se trataban temas económicos. La presidenta de la Junta insinuó que Rodríguez no entendía bien la materia. Y la de Podemos devolvió el golpe: «Al menos yo no tardé diez años en sacarme la carrera».

La malquerencia que se tienen, sin embargo, se ha ido limando con el tiempo, al menos en lo formal. Ya es raro verla con la cara desencajada gritando contra su némesis desde su sillón en el Parlamento. Ahora los reproches son con más calma. Quienes tratan con ella hablan de que empezó esta Legislatura con un perfil «chillón» y «bronco» que se ha ido convirtiendo en algo más sutil. Sigue dando «zascas» a Díaz, claro. Pero con menos gritos y aspavientos.

Esa animadversión que se profesan ambas políticas viene, en el fondo, por la lucha que mantiene por llenar el mismo espacio. Teresa, como Díaz, es propensa a un lenguaje simple, cercano. A hablar de «mis niños» o meter en sus discursos referencias del día a día. «Jartible», «la fatiguita»... Quienes tiene cerca, sin embargo, la defienden y aseguran que lo que en ella es ser natural, para Susana Díaz es una impostura. Que ella sí que es de verdad.

La vida de esta profesora de Secundaria empezó en el catolicismo practicante, aunque hace mucho que abandonó la fe. «Pero no me cierro a nada», se excusa ella. Sus inicios en política (el «activismo» lo llama) tiene su origen en los aviones americanos que en los años 90 bombardeaban Irak en la Primera Guerra del Golfo. De aquel ruido atronador surgió una conciencia pacifista que luego fue también feminista y ecologista.

Ella, que se ha buscado en Google alguna vez (y se ha llevado algún disgusto al ver lo que salía, ha reconocido también), ha escuchado a Silvio Rodríguez y a Kurt Cobain a partes iguales cuando era más joven. «Música de tristes», le decía su madre. Cuando el cantante de Nirvana se suicidó, la madre de la líder de Podemos le espetó: «¿Ves como a ese le pasaba algo, que es un triste?» Con la edad se ha aficionado al flamenco y se confiesa admiradora de la Paquera de Jerez, entre otros.

Aunque es consciente de su trascendencia pública, se le escapan muchos de los chistes que se cuentan sobre ella. No conocía el que pedía que llamase a sus hijos Paco y Alba, como el famoso carnavalero. Si era consciente del mote de «los Clinton de Cádiz» que les pusieron hace tiempo a ella y a su pareja, actual alcalde de Cádiz, José María González «Kichi». Hay más. Ella saca a los hijos de su pareja a un parque de su barrio, un «chiquipark» al que los vecinos han bautizado como el «Kichipark» por jugar allí los hijos del alcalde.

Funcionaria, sindicalista, anticapitalista, feminista, ecologista... Rodríguez es muy de los «istas», pero nunca socialista. Aún le recuerdan su frase «yo con el PSOE, ni muerta», que le costó una bronca hasta con algunos de sus compañeros en el Parlamento como Begoña Gutiérrez. De confirmarse que sacan en torno a 20 diputados, puede pasar que tenga que tragarse esas palabras y sentarse a negociar con Susana Díaz. «Las derechas», como ella llama a PP y Ciudadanos, nunca tendrán su voto, ha dicho siempre que ha podido.

Tampoco sería la primera vez que tiene que dar marcha atrás. Le ha asado, insistentemente, en sus peleas con la dirección nacional de su partido. De sus peleas (públicas) con Pablo Iglesias,el marcador siempre acaba de lado del secretario general estatal. Le pasó con la exigencia de que Podemos Andalucía tuviese un CIF propio, control de las cuentas. Se quedó sin él. Y le pasó la exigencia de tener voz propia en el grupo parlamentario en Madrid. Tampoco lo consiguió.